<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044</id><updated>2011-04-21T14:04:33.095-07:00</updated><category term='Capítulo Nº 14'/><category term='Capítulo Nº 20'/><category term='Capítulo Nº 19'/><category term='Capítulo Nº 10'/><category term='Indice'/><category term='Capítulo Nº 05'/><category term='Capítulo Nº 22'/><category term='Capítulo Nº 09'/><category term='Capítulo Nº 02'/><category term='Capítulo Nº 12'/><category term='Capítulo Nº 26'/><category term='Capítulo Nº 17'/><category term='Capítulo Nº 28'/><category term='Capítulo Nº 07'/><category term='Capítulo Nº 24'/><category term='Capítulo Nº 15'/><category term='Capítulo Nº 08'/><category term='Capítulo Nº 21'/><category term='Prólogo'/><category term='Epílogo'/><category term='Capítulo Nº 11'/><category term='Capítulo Nº 13'/><category term='Capítulo Nº 04'/><category term='Capítulo Nº 27'/><category term='Capítulo Nº 03'/><category term='Capítulo Nº 16'/><category term='Capítulo Nº 25'/><category term='Capítulo Nº 01'/><category term='Capítulo Nº 23'/><category term='Capítulo Nº 06'/><category term='Capítulo Nº 18'/><title type='text'>POLLERUDOS - Destinos en la Sexualidad Masculina</title><subtitle type='html'>En el mismo encontrarán la versión virtual del libro completo de Pollerudos.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>31</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-7472740012008535631</id><published>2008-10-03T11:33:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T08:43:41.984-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Epílogo'/><title type='text'>Epilogando</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Entramos a los finales de esta segunda edición de Pollerudos (los primeros mil ejemplares se agotaron en el primer año de circulación). Además de agregar otros relatos y como posfacio el comentario de Cristina Corea en la presentación de la primera, decidimos prolongarlo (como el lector ya habrá advertido) y epilogarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algunos actos sintomáticos comunes a todas, o casi todas las parejas heterosexuales, pueden servirnos de punto de partida para nuestra pretensión, en este epílogo, de condensar y desplegar los conceptos principales que desgrana el desarrollo del libro y algunas formulaciones que el mismo nos permitió encontrar y re-encontrar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dichos actos suelen alternarse. 1) Él grita estentóreamente: ¿¡Dónde está mi pañuelo azul!? Éste se halla frente a su nariz, en el lugar que tenía que estar. Igual puede ocurrir con el calzoncillo, las medias, la agenda, el celular o cualquier otra cosa. 2) Ella, revolviendo con desesperación ese mundo que se encierra en su cartera, dice suplicante: No encuentro las llaves. O el pañuelo, los documentos o cualquier otro habitante de ese reducido recinto.&lt;br /&gt;Suele suplir esta escena, en el momento de prepararse para salir, la queja sobre lo mal que le queda todo y que no tiene ropa. Ambos actores suelen turnarse cuando ya afuera notan que alguno se olvidó de algo y hay que volver a buscarlo. No hará falta recordarle a los lectores que estas escenas tan comunes, por lo general originan reyertas tontas. A veces, grandes peleas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como podemos apreciar, todas tienen un elemento en común: algo falta. Claro que en espacios diferentes. Alejados de su cuerpo, y “&lt;em&gt;bajo responsabilidad de la esposa&lt;/em&gt;”, en el varón. Pegados al cuerpo, casi formando parte, metonímicos de él, en la mujer. Es raro que ésta le eche la culpa al varón de lo que no encuentra. En cambio, es habitual que éste la culpabilice de lo que no halla. A la vez, ella puede acusarlo por lo que no aporta al hogar. Especialmente, dinero. Él responderá: Ella es muy gastadora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De una manera u otra, lo que falta (a veces con la forma significante de lo que sobra, por ejemplo: kilos) funciona como causa de desencuentros y encontronazos en la economía libidinal de la pareja. ¿Esto tiene que ser así fatalmente? Es una experiencia general y también particular, que si se desea por lo que falta, se “&lt;em&gt;sabe&lt;/em&gt;” que hay ausencia porque de algún modo se supone que algo podría estar presente. Para decirlo a través de un ejemplo práctico: en las masas hambrientas de algunos lugares de Asia o África una porción de arroz diario es una enorme conquista; para un obrero alemán es una afrenta. Si para el africano es la presencia presente de lo que hasta ese momento estuvo ausente, para el europeo es la presencia de lo ausente. Para el primero, es lo que viene de lo que no estaba. Para el segundo, lo que representa a todo lo que no se hace presente, a lo que falta de lo que estaba. Para el primero, es una realidad que temporariamente acallará a los significantes de lo que no está; para el segundo, será el significante que habla de lo que perdió. El primero agradecerá, el segundo protestará.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las formulaciones de Lacan, no hay relación sexual y La mujer no existe, fueron entendidas como ofensivas para las mujeres. Nada de eso. Lo que quieren decir es que la afirmación universal de los niños/as pequeños de que los varones tienen pene y las niñas no se instala como saber sexual inconsciente. Por no encontrarle valor significante a la vulva (a la que ellas y ellos suelen llamar colita y que es lo que sí tienen en común nenes y nenitas). Menos le suponen dicho valor a la vagina, que se les presenta ignorada o a lo sumo confundida con el ano. “&lt;em&gt;Saber”&lt;/em&gt; que, al darle al pene el valor de representante de la clase de los hombres, y al no encontrarlo que represente a la de las mujeres fuera del negativo, no tiene pene, no puede establecer relación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para que eso pudiera haber sido posible, tendría que haberse podido inscribir: pene = representante del hombre, x = representante de la mujer. Al no encontrar un significante que generalizando tomara el lugar de esa x, las mujeres se quedan sin un representante en el Inconsciente que represente a la mujer en general. Por eso las mujeres ponen tanto cuidado en su presentación particular. Mientras, los hombres tienden, excepto algunos, a ser descuidados, como ellas dicen.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero: ¿por qué la presentación a aquella edad tiene que haber sido vista, oída o tocada? Porque: 1) el lenguaje en su vertiente de sentido (significado) es tributario de una estructura binaria. En el Imaginario (el registro del sentido, de la imagen, del significado) lo que rige es +/-, hay /no hay, negativo /positivo, sí /no; 2) la modalidad infantil de percibir que las mujeres no tienen pene es un resultado imaginario. Efecto que la experiencia del cuerpo propio, con respecto a los genitales (en particular los femeninos), no puede consumarse, por lo menos hasta la pubertad. No constatándose entonces, la percepción de la vagina (complementaria natural, pero por dicho proceso, no simbólica del pene). El Inconsciente, cuyos fundamentos se constituyen en los primeros años, inscribe como significante, en esos tiempos, al cruce de las palabras con lo verificable por los sentidos. En esta ocasión, al quedar excluidos los sensoperceptores genitales, dicha constitución se produce sólo basada en la visión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;3) De ahí que Lacan, a esa suposición de pene, que los niños lógicamente imaginan en las mujeres y no encuentran, lo llame falo imaginario (- ). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;4) La vertiente del lenguaje que se desbroza, despegándose de la percepción, es la del significante con capacidad de significar, no sólo por identidad de percepción (punto a punto, especular, imaginariamente), sino abriendo a nuevos sentidos por vía de la combinatoria y la sustitución metafórica con la producción de plus de sentido, creatividad, invención, y capacidad para horadar lo real. Pero eso lo hace, paradojalmente, porque su capacidad siempre es parcial, castrada, en tanto es incapaz de representarse a sí mismo y de recubrir a lo real. Por eso se halla exigido, para su cometido, a la interacción con los otros significantes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;5) Respondiendo entonces a la pregunta previa a estas puntuaciones. Efectivamente, como dice Saussure en una de sus definiciones sobre el significante, éste es: la presencia de una ausencia. Lo que exige que lo ausente, de alguna manera, haya sido reconocido presente antes lógicamente, para poder representarlo en su ausencia.&lt;br /&gt;Entonces: el falocentrismo de la sociedad patriarcal reforzó, no generó, lo que sí genera por depender del lenguaje en su intersección con el cuerpo, la estructuración del ser parlante con su discordancia de tiempos constituyentes entre las funciones naturales del soma y su aprehensión por el significante. De ahí que las eternas discusiones sobre lo que falta en las parejas sean sostenidas por estas raíces inconscientes y no sólo por los hechos ocasionales que las disparan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En verdad, reconocen como condición última que el verdadero castrado (por lo que referíamos anteriormente) es el lenguaje, ya que está condenado a quedar siempre en falta para sustentar la gestión de los problemas reales que presenta la vida. De donde: todos —hombres y mujeres— estamos castrados, aunque el imaginario sea incapaz de reconocerlo así. El imaginario, por el contrario, empuja a atribuir al otro, a lo que se nos opone como espejo, lo que produce malestar. La carencia y su resultado, el desencuentro (para Lacan: mal encuentro, encuentro fallido) no encuentra otra manera de tramitar los que atribuyendo/se culpas, por lo menos en el Imaginario occidental judeocristianomusulmán, tal como planteamos en el primer capítulo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De ahí las necias rencillas por lo que no se encuentra, por lo que falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero el Imaginario promueve otros malentendidos al creer que ellos tienen y ellas no: 1) que las mujeres son frágiles y los hombres fuertes; 1.1) reacción feminista de por medio: que somos todas/os iguales, que sólo hay diferencias de género;1  2) que ellos tienen el poder y ellas son las sometidas; 2.1) de la reacción referida deriva también la creencia feminista que las mujeres son más iguales que los varones; 3) que a ellas hay que salvarlas y que ellos deben ser los salvadores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De las creencias 1 y 2 derivan: El cuida, El muchacho, Superman, Regalo del cielo, Joven papá, El señor Buendía, El paganini, Pobre mi madre querida, Sin anestesia, el Doctor Cerisey, Belle de jour, traba/ja/Dora sexual, y El cantor de iglesias. De la renegación, la desmentida, parcial o total de las mismas, en tanto creen complementarlas, provienen: Cacho, El especialista de señoras, El falo sorete y, hasta cierto punto, El cantor de iglesias, El que regaló un empate, los obsesivos en general y parte de los homosexuales. De la reacción feminista: Las Lorena Gallo (reales o imaginarias) y su contrapartida, los Bobbitt (John Waynes brutales, o Cuidas apiadados). Del intento de esquivar por vía de la renegación y la desmentida dicha problemática: la propensión al Unisex, al Padre tecnológico y al Malevaje. De la 3 encontramos en todas las versiones; por eso mismo nos interesa analizarla un poco más, sin olvidar que está hondamente articulada a 1 y 2.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el apogeo de la sociedad patriarcal, tal vez algo de lo que dicen esas versiones haya ocurrido. Aunque no debemos olvidar que en ese entonces (Josefina y Napoleón) surgió el dicho: Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. El “&lt;em&gt;detrás&lt;/em&gt;” es ambiguo. ¿A su sombra? ¿Cuál de cuál? No olvidemos que detrás del títere está el titiritero. También detrás del amo, el súbdito, lo que significa que aquel es el que va al frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Acude a nuestra memoria la consigna más presente en las paredes cubanas en 1987: Adelante, comandante Fidel, somos su retaguardia segura. Pero es seguro que, a partir del ingreso masivo de las mujeres a participar en la producción y circulación de mercancías, algo cambió. Por ejemplo: en los usos del lenguaje de aquella época, las señoras, cuando se dirigían al marido, decían mi señor, con lo que se ofrecían en propiedad. Hoy esto no se escucha. En el mejor de los casos, dicen mi gordo. Con lo que se declaran propietarias de un atributo que puede predicar a un sujeto masculino, a un chancho, o a una ilusión de Navidad.2 En cambio, los hombres siguen diciendo mi señora. Se nos puede decir que es indicio de que toman a la mujer como propiedad y no de que se ofrece a ella en tal condición. Sin embargo, algunas otras variaciones en la lengua parecieran orientar más en este último sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es común en nuestro país que directamente la llamen: La patrona. Lacan relata en Encore que en Francia la llaman mi doña. También atrae la atención los distintos efectos de sentido que producen en esposa y esposo, que son los sustantivos que más se utilizan en nuestras tierras para designar el estado matrimonial. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esposo claramente alude a hombre casado. Esposa permite dos sentidos: mujeres casadas y manecillas unidas por una cadena para asegurar al prisionero. Lo que probablemente también esté relacionado con que dos significantes que por sus letras deberían ser antónimos, pero que funcionan como sinónimos para indicar el acto de casamiento: esposar y desposar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Además, se extiende el hábito, como expresión de no sumisión, de no usar el apellido del marido. Es desde estos mensajes de la Lalengua (neologismo con el que Lacan aludía al atravesamiento de la lengua en su creación de formaciones nuevas, por el deseo, el goce y sus encarnaduras en el sujeto) que volvemos a la volanta del título: La sexualidad masculina: ¿tiene patrón, o patrona? Respondemos sin hesitaciones, por lo menos para esta parte del siglo: tiene patrona, como creemos nos lo demuestran experiencias como las relatadas en el capítulo Papá y mamá. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En consecuencia, un poco más, un poco menos, todos los hombres quedamos debajo de las polleras, en primer lugar, las de la madre, y somos: más o menos pollerudos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Recordemos a Pablo Lorenz, el Hombre de las ratas de Freud, y su escena bajo las polleras de la mamá, en posición de ser su falo. Además, ¡es tan lindo estar realmente abajo de las polleras de las mujeres que...! ¡Mi reino por una dama! ¡Lástima que no aprovechemos, para dejar de ser los esforzados Apolos Hercúleos que sostienen el mundo! ¡Mundo que suele reducírsenos a... La patrona! Aunque, a decir verdad, aquellos hombres que descansan en y viven de las mujeres (resultando ser el complemento, que por la negativa delega en ellas el atributo fálico) suelen aparecer más pollerudos que los que nos tomamos responsablemente (¡uf!) nuestro oficio de hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En consecuencia, es imposible no ser pollerudo, lo que causa en la mayoría de los masculinos el deseo de no serlo. Es que el Otro sexo, como plantea Lacan en Encore, es la Madre, en tanto —como planteaba Freud— es por apuntalamiento en la Madre, o en quien haya ejercido su función, que los seres parlantes nos criamos y erogeiniamos. De ahí también que todas las mujeres sean pollerudas. Sus pasiones más apasionadas se despliegan positiva y negativamente con la madre y con la suegra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya Freud advertía en muchas mujeres casadas en segundas nupcias que, en la primera oportunidad, lo habían hecho con un hombre cuyas características facilitaban que le transferenciaran la Imago materna, y en la segunda, la paterna. Pero dejamos para otro trabajo desarrollar el pollerudismo femenino. Claro está que sin perder de vista que, por lo menos en nuestra cultura, las polleras le quedan mejor a las mujeres que a los hombres. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La suposición de la castración en las mujeres convoca a los que se postulan como hombres a proponerse en función fálica, imposible de cumplir. Pero: en la relación entre hombres y mujeres, ¿son todas pálidas 3? No. También existe el amor. Es cierto que no es fácil encontrarlo y que cuando se lo encuentra es fácil perderlo. Es imposible, pero no siempre. Como contingencia, se logran escribir algunas bellas páginas con él, y aun atravesando peligrosas turbulencias, buena parte del libro de una vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sus condiciones de posibilidad están, paradojalmente, en la misma castración que en otros párrafos explicamos: nos afecta a todos. Al ser carentes, deseamos. Pero el deseo, por su propia estructura, siempre desea otra cosa que lo que el sujeto cree. Porque lo que se consigue, en tanto es imposible conocer qué se desea, no es lo que ilusiona. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A veces, de manera bastante misteriosa, en este punto el deseo se engaña, cree que encontró el objeto que suponía buscar. En ese punto el amor flashea, hace signo. ¡Bendito flash! El engaño mutuo consiste, como lo planteaba Lacan, en dar lo que no se tiene a aquel que no lo es. Engaño fructífero, cuando es verdadero, cuando surge del fondo del corazón y no es el doble engaño que se produce cuando resulta de sesudos razonamientos. Doble engaño, que lógicamente funciona como una doble negación, dejando al desnudo la verdad maldita (maldicha) del desencuentro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;También puede ocurrir que el amor surja solamente como resultado de algún brillo fálico que deslumbre a cada uno del otro. Ahí la creencia es que se va a tomar del otro aquello de lo que uno carece y que uno es para el otro lo que le falta. Que va a haber complementariedad, relación sexual 4.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la mayoría de los casos, está condenado a un fracaso más o menos rápido. Sólo necesita el tiempo necesario para que dichos brillos se opaquen o sobrecarguen. El mito de Aristófanes (en el que los Andróginos, partidos al medio en su bisexualidad por la espada de Zeus, buscan desde entonces a su otra mitad) aclara que el hallazgo haría un solo cuerpo. En consecuencia, estamos —en el terreno del amor narcisista— en aquel lugar donde la ilusión de completud lleva a la enajenación total y al sentimiento de ser sólo uno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El verdadero amor es el de la verdadera madre (como vemos, la madre está siempre). La que en el juicio salomónico prefiere soportar la pérdida de su objeto, saberlo gozado por otra, que verlo muerto para amor de nadie. No son muchas las mujeres ni los hombres que logran amar así, pero a quienes les ocurre, aun en el dolor, sienten verdaderamente al amor y lo disfrutan no obstante distintas adversidades. Efectos de la articulación borromeica para la clasificatoria psicoanalítica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Suponemos que a los lectores puede haberles llamado la atención que hayamos usado muy poco significantes como obsesivo, histérico y ninguna vez fóbico. En cambio aparecieron Pollerudo, El cuida, Superman, Regalo del cielo, Cacho, Buendía, Paganini, Padre tecnológico, etc... A algunos no les dimos nombre. Por ejemplo, al que por creer que el sorete es un falo se hace mierda y al prototipo de Papá y Mamá, pero es sabido que cualquier compañerito diría de ellos que son Nenes de Mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Igual que del Anestesista, que no por eso perdería su significante nominante y adjetivante. Cuando lo hicimos, lo hicimos sin pensar. Primero hablamos. Pero luego procuramos significar lo que nos salió, y nos parece que reabrimos un camino interesante. Que, como en muchas cosas del psicoanálisis, previamente abrió Freud. En la Introducción de “&lt;em&gt;Una neurosis demoniaca en el siglo XVII&lt;/em&gt;” dice: “&lt;em&gt;Las neurosis de la infancia nos han enseñado que en ellas se conoce sin trabajo, a simple vista, mucho de lo que más tarde sólo es posible discernir mediante una investigación exhaustiva. Esperamos algo semejante de las enfermedades neuróticas de siglos anteriores, y así ocurrirá en efecto, con tal que estemos preparados para reconocerlas bajo rótulos diversos que los de nuestras neurosis de hoy. No nos asombre que las neurosis de esas épocas tempranas se presentarán con una vestidura demonológica, puesto que las de nuestra época apsicológica aparecen con vestidura hipocondríaca, disfrazadas de enfermedades orgánicas&lt;/em&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La esperanza de que las enfermedades neuróticas de siglos anteriores permitiera conocer más de las actuales llevó a Freud a una observación sagaz. Las neurosis se presentan con vestiduras acordes con las creencias hegemónicas de cada época. Hay un aspecto de las mismas, la que tiene que ver con su ropaje imaginario, que varía según los tiempos. En ese sentido, nos parece muy adecuado, desde el punto de vista del psicoanálisis, que la representación de los sujetos (registro imaginario) resulte de lo que su discurso y el de la calle dice de ellos. En la formulación de Lacan, en el grafo de “&lt;em&gt;La subversión del sujeto&lt;/em&gt;”, por el significado del Otro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cambio, en lo simbólico, nos parece mejor situarlos según el discurso en el que se articulan más habitualmente, la posición en que lo hacen y la falla por la cual entran en sus giros. No sin tomar en cuenta sus vías más habituales de articularse realmente a los mismos. Lo que Lacan llamó el sinthôme: para el hombre, la mujer que lo soporta, y aquella producción que lo articule socialmente en función de su deseo, sus limitaciones y potencialidades simbólicas. Lo real, obviamente, no acepta orden ni representación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;1 Véase el excelente artículo inédito de Cristina Corea: “La mujer: género o qué”.&lt;br /&gt;2 En la Argentina se le dice “gordo” al premio mayor de la lotería de Navidad.&lt;br /&gt;3 Argentinismo para indicar “malas noticias”.&lt;br /&gt;4 En el sentido matemático del significante “relación” y en el del modismo que alude a fornicar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-7472740012008535631?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/7472740012008535631/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=7472740012008535631' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/7472740012008535631'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/7472740012008535631'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/10/epilogando.html' title='Epilogando'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-3969638694352609198</id><published>2008-10-02T14:09:00.000-07:00</published><updated>2008-10-03T11:32:33.949-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 28'/><title type='text'>Del traje y el vestido, al unisex</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hasta bastante grande, supuse que hombres eran los que usaban pantalones y pelo corto y mujeres, las que llevaban polleras y pelo largo. Creía que no tenía posibilidad de confusión. Lo que para esa edad me resultaba muy importante, pues era la época de los nenes con los nenes y de las nenas con las nenas. Y al que se iba con las nenas le decían “mujerengo”, y a la que se iba con los nenes, “varonera”. ¡Adjetivos infamantes!... si los había...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El mundo de los sexos se organizaba fácil y excitante. Qué había debajo del pantalón, lo sabíamos todos. Qué había debajo de las polleras, los varones creíamos que sólo ellas. Encima, cuando pasaban cerca de nosotros cuchicheaban, daban grititos, nos miraban y se reían impunes. ¿Sería de los pelitos desgarbados que se nos colaban por encima de las medias tres cuarto caídas, o de ese maldito pantalón corto, que siempre era demasiado corto o demasiado largo? ¿Por qué ellas eran tan lindas, tan graciosas, tan insoportablemente cretinas y nosotros tan torpes, tan ridículos, tan flacos, tan gordos, tan altos o tan petisos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la década del 50 todo se empezó a complicar. Algunas, comenzaron a usar pantalones. En realidad, el cambio había empezado en los finales de los años 20 con el corte femenino a la “&lt;em&gt;garçon&lt;/em&gt;”, llevando a polémicas hasta en los tangos: “&lt;em&gt;Milonguera de melena recortada /que ahora te exhibes en el Pigalle /No recuerdas tu cabeza coronada /por cabellos relucientes sin igual&lt;/em&gt;” (Milonguera, 1929). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;George Sand, aviadora y novelista, había comenzado a ser el ideal de algunas mujeres. En las discusiones de ciertas casas —las que eran nidos de bohemios, intelectuales y republicanos españoles— los hombres las llamaban amazonas, mientras ellas reivindicaban el derecho a tener lo mismo (?) que ellos. En los años 60 ya se había extendido el uso de pantalones por parte de ellas, y aquella discusión de los finales de la Segunda Guerra y de la época de la de Corea sonaba a pieza de museo. Era otra la que tomaba carta de ciudadanía sostenida por las melodías y el desenfado de los Beatles  —¿por qué los hombres no podían usar pelo largo?— &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Masivamente, la diferencia entre progres y conservas la marcaba la longitud del pelo. Diferencia que invertía a la que había inspirado las estrofas de: &lt;em&gt;“... los muchachos de antes no usaban gomina...&lt;/em&gt;”. En verdad, la tendencia de los hombres a tratar de parecerse al sexo bello es tan antigua como la humanidad. Basta con recordar las vestimentas y la gestualidad de los senadores romanos, o las pelucas, el carmín y los tacos altos de los cortesanos franceses. ¿Envidia de la capacidad seductora de las mujeres, en virtud de su disposición (fálica, diríamos los psicoanalistas) a mostrarse como objeto, y a sustraerse en el momento decisivo? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Con los Beatles y el rock se abre paso rápidamente la ropa informal. Al diablo trajes, zapatos y corbatas. Irrumpen los jeans, las zapatillas, las remeras, y los chalecos sin saco. Se aceleran los tiempos, y ellas se parecen cada vez más a ellos, y ellos cada vez más a ellas.&lt;br /&gt;Hoy, el desarrollo tecnológico en medicina, electrónica e informática parece ilimitar el poder humano. Los varones se ilusionan con que lo van a poder todo y las mujeres los acompañan en ese delirio. Los líderes se creen dioses y sus seguidores, su corte, en el Olimpo. Ahora bien, desde el monoteísmo, Dios es el Padre. De ahí que los sacerdotes hayan sido varones. La moda unisex, ¿habrá sido la adelantada de la tendencia actual a ordenar sacerdotisas, efectivizada ya entre judíos y anglicanos? ¿Tendrá algo que ver con el delirio de todo-es-posible? ¿Marchamos a que Dios sea hermafrodita? Aunque, pensándolo bien, tal vez hayamos esbozado una conjetura atrasada, inadecuada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En los primeros meses de 1995, los diarios difundieron en la aldea global la imagen de una ex-bella joven que, con la cooperación de un Dr. Frankenstein (tecnologizado cirujano plástico él), había creído satisfacer un sueño: no ser hombre ni mujer. Las fotos la/lo mostraban hermoso/a, erecto/a, esbelto/a, sin redondeces ni protuberancias, levantando sus brazos, como en la cúspide del triunfo, mirando a nadie por suponerse mirado/a por todos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como se puede imaginar quien no haya visto la foto, era la imagen misma de la idiotez, o sea, sin ninguna duda, del falo y su asexuación. Probablemente, los mass-media nos mostraron una verdadera vanguardia. ¿Por qué no pensar que, gracias al progreso tecnológico, lo que está ocurriendo no es que vayamos hacia Hermafroteo, sino hacia el democrático e igualitario (sobre todo igualitario) Faloteo, que por supuesto no es lo mismo que Príapo (gran pija en un imbécil)? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo lo contrario, sería un/a gran imbécil que se cree pija. ¿Qué... por qué imbécil? Porque atrapado en el goce de la imagen, se perdería el de los orificios del cuerpo, del glande y de lo que no se ve pero se siente de la piel, o sea, de lo real del cuerpo en sus zonas erógenas. Y como sabemos, el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios... o... ¿Dios del hombre...? o... ¿el hombre de la tele? (¡No ...! ¡Por Dios! Nada de lo que hemos dicho tiene relación alguna con ninguna persona ni hecho de la realidad. ¡Válganos Dios! Y menos con la Televisión y sus efectos: el mensaje es el medio. ¡Mc Luhan dixit!)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; —Che, esa parejita que va adelante, ¿es de lesbianas?&lt;br /&gt;—¡Sos un antiguo...! ¿No ves que ya se vienen las polleras para hombres?&lt;br /&gt;—¡Ah! Ahora entiendo por qué un marido enamorado me dijo a la vuelta de acompañar a su mujer embarazada: Vengo de nuestro ginecólogo. Suerte que acuden a salvarnos las micro-mini, ¡aun que nos maten de un infarto!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-3969638694352609198?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/3969638694352609198/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=3969638694352609198' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3969638694352609198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3969638694352609198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/10/del-traje-y-el-vestido-al-unisex.html' title='Del traje y el vestido, al unisex'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-3063364936418086241</id><published>2008-10-01T10:41:00.000-07:00</published><updated>2008-10-02T14:05:54.275-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 27'/><title type='text'>Género y función paterna</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Comenzaré a tratar el asunto recurriendo a algunas ilustraciones tomadas del cine en lo que pueden enseñar a nuestra reflexión, y a otras tomadas de mis recuerdos de acontecimientos clínicos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Evoco en primer término el film &lt;em&gt;Blade Runner&lt;/em&gt;. El protagonista es un policía retirado. Nos encontramos en la ciudad de Los Ángeles, unas cuantas décadas en el futuro. Hay un grupo de androides, de seres artificiales de apariencia humana, que se han declarado en rebeldía. Es un esquema bastante característico en este tipo de films.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El policía debe entrar nuevamente en servicio para eliminar a los androides, los cuales resultan peligrosísimos; son réplicas de las personas pero con capacidades exacerbadas, rápidos, eficaces, etc., y carecen de escrúpulos, lo cual no siempre ocurre con las personas. Pero han sido programados para un tiempo breve y prefijado de vida útil y para cumplir funciones muy determinadas; como en cada generación se han perfeccionado, ahora claman por sus derechos y no aceptan su destino de seres artificiales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No es fácil detectar a los mencionados robots, y ellos no están dispuestos a retroceder, lo cual promete a nuestro agente numerosas ocasiones de enfrentar el peligro. Uno de los rebeldes ha llegado hasta el padre, el cual, para estar acorde con los tiempos, es un superpoderoso presidente de una gran corporación cuyo negocio es justamente la producción de semejantes seres: es un padre tecnológico. Uno de los androides es el colmo de la perfección humana, ya que su odio se dirige al padre por haberlo fabricado mal, casi humano, aunque sin los derechos humanos. Entonces lo asesina luego de darle un beso un tanto sádico.&lt;br /&gt;Este es el clima.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para detectar a los androides hay que valerse de métodos delicados porque se filtran entre la gente: es preciso indagar sobre la memoria infantil y las reacciones afectivas. Por ejemplo, si a usted lo invitan a tomar una sopa hecha con los huesos de su propio perro, seguramente le generará una reacción de genuina repugnancia, en razón del normal investimiento libidinal que el animal doméstico acarrea; un androide permanecerá imperturbable, ya que, quizás para él, los huesos son composiciones químicas de proteínas, calcio y cosas así. Un androide bien programado podrá fingir el horror exactamente como lo finge o siente un ser humano. Entonces le miran la pupila con una lente poderosa —se supone que la pupila no miente— y si es un androide, uno va y lo liquida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ocurre que hay una chica muy bella, de última generación, lo cual es como decir que se sospecha que no es del todo humana. Enseguida adivinamos una historia de amor. Mientras tanto, el policía del futuro va dando muerte a los descarriados, no sin antes afrontar todos los riesgos. Queda la muchacha, una hija perfecta de la Corporación Tyrrel, que así se llama la empresa fundada por el padre tecnológico mencionado. ¿Cómo describirla en sus cualidades propiamente humanas? Baste decir que sufre y se ofende de verdad, con lágrimas, cólera y todo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así las cosas, cuando ella confiesa que es artificial, el muchacho está en apuros por que la ama, y según la obediencia debida, tendría que matarla. Decide escapar con ella, quién sabe dónde, pero antes nos deja un par de reflexiones interesantes, cuyo resumen sería: ¿qué cosa tan valiosa es eso de “&lt;em&gt;Ser de verdad&lt;/em&gt;”? Porque, si a fin de cuentas ella es tan exactamente igual en todos y cada uno de los tópicos posibles, tan igual a una mujer de verdad, ¿dónde encontrar terreno sólido para rechazarla?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por nuestra parte conviene recordar que si hay una demanda persistente y desmesurada en la clínica, si hay una demanda frenética en su irreductible ceguera, ésa es justamente la de “&lt;em&gt;ser de Verdad&lt;/em&gt;”; una mujer o un hombre.1 O que le sea donado algún objeto empírico, el cual le restituiría un ser verdadero que le es hurtado o negado. Porque ¿qué es lo que contiene de erróneo, en el sentido de neurotizante, de enfermante, el mito de Aristófanes? Que los seres se pasan la vida pretendiendo una restitución narcisista, esto es, empírica, a fin de resolver una pérdida que no es real, en el sentido de algo que podría restituirse, sino que es “&lt;em&gt;fundamental&lt;/em&gt;”, en el sentido que esa pérdida está en la constitución misma de lo subjetivo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dejemos ahora a “&lt;em&gt;Blade Runner&lt;/em&gt;” para pasar a examinar qué lugar ocupa la tecnociencia con respecto a ese tipo de demandas: me he preguntado si Freud nos dará una pista al considerarla neurosis demoníaca del siglo XVII. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la misma introducción al estudio del caso de Christoph Haizman afirma que las neurosis de épocas pasadas se presentaban con vestiduras demoniacas y que la teoría demonológica de aquellos tiempos oscuros ganó su pleito a todas las concepciones somáticas del período de la ciencia exacta. Hasta aquí Freud. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Uno queda invitado a preguntarse si la llamada ciencia exacta no ha encontrado por fin la senda de su revancha y dominio definitivo, y cuáles son las consecuencias en el plano de la subjetividad, y también si el diablo como su brogado del padre, según la deducción freudiana, no va siendo reemplazado hoy en día por una suerte de padre anónimo o “&lt;em&gt;autoranónimo&lt;/em&gt;”, como quien dice “&lt;em&gt;sociedad anónima&lt;/em&gt;”, y quizás también si el llamado “&lt;em&gt;pacto&lt;/em&gt;”, pacto con el diablo, se haya convertido en un “&lt;em&gt;contrato de compra venta&lt;/em&gt;” o de “&lt;em&gt;prestación de bienes y servicios&lt;/em&gt;”, todo de lo más racional: no estaría de más averiguar cuál es el modo de racionalidad que conduce los acontecimientos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para indicar algunas líneas, me apoyaré en un hecho sin importancia que me ocurrió hace unos meses. Miraba el televisor, recorriendo los numerosos canales que se ofrecen a nuestra debilidad mental, cuando la suerte o el diablo hace que me detenga; hay allí un Doctor, y en la pantalla está también el Entrevistador, cuya cara nos hace saber de inmediato que todo es de superlativo interés.&lt;br /&gt;El Doctor es cirujano, especialista en cambios de sexo. Ahora mismo va a explicarnos de qué se trata todo el asunto, que no ofrece misterios, y cómo se procede. Él nos da la impresión de ser hombre de acción, quizás apenas iletrado, y no anda con vueltas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estamos muy atentos porque, según el especialista, ocurre que las personas que le solicitan su intervención sienten profundo odio hacia su propio sexo y la solución está a la vista: ... ¡lo pasamos al otro lado! A renglón seguido, y con la teleplatea ya de su parte debido a un enfoque tan simple y preciso, el profesional pasa a describir con algún detalle las técnicas que están en boga, las cuales no parecen complicadas, así que estamos convencidos de que el asunto llegará a buen puerto. La cirugía ha avanzado mucho y ofrece toda clase de seguridades.&lt;br /&gt;No se nos dice ni media palabra ante una interrogación que se impone, aun dentro de esa lógica debilitante, lógica que después de todo es la que Lacan llamaba “&lt;em&gt;el disco corriente&lt;/em&gt;”. Esta pregunta sería: si el individuo odia su propio sexo, entonces cuando la cirugía se lo permita... ¿cuál va a ser el estatuto de sus objetos eróticos?... ¿Serán quizás objetos prometidos sólo al desprecio, incluso al odio? ¿Serán los representantes de eso aborrecible que yo fui? O, tal vez, ¿tendrá que hacerse homosexual?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No obstante, presentimos que una interrogación así deberá descartarse por no ser pertinente, ya que no es el deseo lo que está en juego, como tampoco la subjetividad, sino más bien la “persona” y sus demandas. Dicho de otro modo, el cliente que siempre tiene razón, y hay que darle la satisfacción.2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomaremos la precaución de hacerle firmar, no un pacto con el diablo, sino un contrato en regla para evitar acciones judiciales posteriores. Será verdaderamente enojoso encontrarse con una demanda judicial por “restitución” de un pene extirpado. La indemnización requerida podría ser abultada: un bulto reemplaza a otro. Está aparentemente muy claro que a un cirujano se le exige tratar al órgano como órgano real, dicho de otro modo, sin investirlo libidinalmente, casi como si fuera un androide de “&lt;em&gt;Blade Runner&lt;/em&gt;”. El órgano será visto de manera objetiva, no objetal. Casi siempre creemos o preferimos creer que él va a “&lt;em&gt;cortar por lo sano&lt;/em&gt;”. Sin embargo, éste no siempre es el caso, quizás ni siquiera abarque la mayoría de los casos.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un psicoanalista poco leído hoy día, Ernst Simmel, sintió que podía emplear la expresión “&lt;em&gt;médicos parciales&lt;/em&gt;”. Me permito algunas citas instructivas. “&lt;em&gt;Esta alternativa es más probable si, como ya lo hemos dicho, su elección profesional no estaba en la identificación final que sucede a la resolución del conflicto de Edipo, sino que la actividad profesional es aún un modo de dramatizar un ‘juego del doctor’, destinado a sufragar el costo de la represión. Esta clase de médicos redescubre en el paciente el objeto incestuoso..&lt;/em&gt;.” Simmel propone, en base a médicos que él analizó, la denominación de “&lt;em&gt;médicos parciales&lt;/em&gt;”, y afirma que la práctica de tales médicos fijados a una zona erógena particular les hace supercatectizar un determinado órgano del paciente o una rama de la medicina, con una cantidad tan grande de libido que todo el resto del ser humano queda fuera de la conciencia, o al menos del entendimiento, debido al desplazamiento de libido hacia un único órgano. Evidentemente aquí parcial no debe oponerse a “&lt;em&gt;total&lt;/em&gt;”, sino que destaca el punto de fijación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un momento después, Simmel sugiere que la práctica de tales médicos es semejante a la perversión, cosa que suscribo palabra por palabra, incluso cuando agrega que también hay analistas parciales. Creo que Simmel pone de relieve el hecho, un tanto descuidado, que un sujeto puede hacer de su fijación el centro mismo de su pensamiento, incluso el oráculo del que emanan todos los pensamientos y alternativas que cree ofrecer a los demás. Dicho de otro modo, ese lugar del “&lt;em&gt;padre tecnológico&lt;/em&gt;”, que se propone como un ser de puro saber, bien podría estar inundado de goce, bien rozar la perversión cuando no estuviera instalado por completo en ella. Baste recordar el hecho bien conocido que los periódicos suelen ofrecer una amplia gama de “&lt;em&gt;accidentes&lt;/em&gt;” quirúrgicos, a veces mortales, o que dejan secuelas irreversibles en operaciones de rutina y de técnica muy simple.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es el momento de decir que este padre tecnológico realiza el sueño de la neurosis, neurosis en sentido amplio, como cuando Freud hablaba de “&lt;em&gt;neurosis de transferencia&lt;/em&gt;”, y de las otras. Es el sueño de entrar en un reino donde todo es posible, una especie de bienestar en la civilización. El precio a abonar está aún por verse. Uno puede recorrer las librerías y comprobar que los libros sobre management, gerenciamiento, administración, ocupan un volumen cada vez mayor. Esto se traslada a campos y prácticas sociales diversos. Parte de lo que es el precio a pagar en el reino de “&lt;em&gt;todo es posible&lt;/em&gt;” consiste en considerar el ejercicio de la sexualidad como sujeta a un gerenciamiento y, por lo tanto, libre de inconsciente, libre de sujeto. El yo puede, entonces, considerar sus órganos como equivalentes e intercambiables, eximidos de carga simbólica, incluso —ya que el pene y el brazo se llaman miembros— uno puede pretender levantar el miembro con el mismo control con que se levanta el brazo, sueño frecuente del obsesivo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El capital sexual puede considerarse destinado a una administración rentable y de eficiencia optimizada. Todo puede restituirse, e incluso funcionar, aunque el testimonio de los transexuales muestra a las claras que ellos se dan por conformes con una apariencia de funcionamiento. En efecto, el reino donde todo es posible es un reino de películas, de pantallas donde ningún real golpea entre bastidores, ya que el intento de quitar la carga simbólica es un tiro por elevación que apunta a lo real en juego, apunta a hacer como si no existiera. Para continuar respaldando mi afirmación de que ese padre tecnológico realiza, ejecuta, los sueños de la neurosis, recordaré dos acontecimientos clínicos de mi práctica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pienso en el sueño de una joven mujer: ella está con un muchacho que, según dice, le gusta. En el sueño se sabe que el muchacho antes no tenía pene, ahora tiene uno muy bueno, pero es el resultado de un trasplante. La mayoría de las asociaciones son con bancos de órganos. El sentido del sueño es que una podría ir a la fila de los futuros trasplantados y aguardar un turno, como todo el mundo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La que jamás pertinaz de ella es “&lt;em&gt;que ya no hay hombres&lt;/em&gt;”, queja habitual, si las hay. Es una de esas exclamaciones cuyo extremo final está reprimido, la lectura completa da algo así: “&lt;em&gt;ya no hay hombres... ¡como yo&lt;/em&gt;!”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo que un sujeto sueña, otro bien puede actuarlo; puede dirigirse al padre tecnológico y reclamar el pene que se le debe. Se dirá que reclamarlo en lo real no equivale a soñarlo. Es cierto. Sin embargo, Catherine Millot entrevistó a un grupo de mujeres transexuales y tuvo la impresión de un discurso totalmente compatible con un diagnóstico de histeria. Sea como fuere, una mujer puede dirigirse a la tecnociencia reclamando un órgano funcional o una prótesis funcional, argumentando la certeza de ser varón. Entonces se le puede proveer de una plástica que lleve un armazón en su interior, un pene siempre listo, o casi listo, que también constituye un fantasma neurótico de lo más común, habida cuenta de que los penes reales no siempre están listos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Otra paciente que se declara homosexual hace un relato bastante explícito de sus aventuras. De niña, se había provisto de un marlo de maíz como pene, para jugar con otras niñas. Una vez más tenemos la imagen de un pene que se maneja a voluntad, completamente administrable. La narración de sus aventuras de la vida adulta contenía secuencias bastantes atrevidas —quizás se podría imaginar ingenuamente de alguien que avanza resueltamente en la ruta de su deseo— y con frecuencia estaban implicados familiares muy próximos durante largo tiempo, y cosas así. Había un vertiente de desafío a todo. Sin embargo, existía también una limitación muy notoria. Ella no se interesaba en mujeres decididamente homosexuales, sino, por el contrario, experimentaba hacia ellas profundo desagrado. Sus preferencias apuntaban a las casadas o a las que al menos se hubieran casado alguna vez, y si tenían hijos, mejor. Incluso era necesario que, después de terminar la relación con ella, esas damas volvieran a la heterosexualidad. De este modo, ella se colocaba en la lista de los varones: antes de ella, hombres, y después de ella, también hombres. Mientras tanto, se comportaba con un caballero, procuraba la felicidad de ellas y se desquitaba imaginando que las controlaba un poco. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasó mucho tiempo hasta que admitió que el goce corporal que experimentaba en aventuras tan avanzadas concernía exclusivamente a las apariencias: padecía una frialdad corporal absoluta. Incluso se había resignado a un goce que sólo tenía que ver con la apariencia, siempre y cuando ésta se mantuviera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Finalizaré con un intento de resumir algunas funciones del padre tecnológico: en la medida en que opina que el “t&lt;em&gt;ener&lt;/em&gt;” es un equivalente riguroso del “&lt;em&gt;ser&lt;/em&gt;”, nos instala el objeto empírico que garantiza el ser de verdad. O lo extrae, llegado el caso. Esta opinión, compartida a veces por los psicoanalistas, es solidaria de la creencia que sostiene una equivalencia entre el deseo y la demanda. Propicia un refuerzo sostenido de la alienación en la “&lt;em&gt;buena forma&lt;/em&gt;”. El simbólico que detenta es meramente técnico, lo cual implica que todo es posible o lo será a la brevedad. Esta degradación simbólica constituye en rigor un tiro por elevación hacia lo real, el cual pasa a ser recubierto punto a punto por lo imaginario. Por lo tanto, es el “&lt;em&gt;buen padre&lt;/em&gt;” quien al fin va a reconciliarnos con eso que Freud llamaba los másarcaicos afanes de omnipotencia.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ricardo Estacolchic&lt;br /&gt;Intervención en una mesa redonda, efectuada en el Hospital J. T. Borda, junto a Isidoro Vegh y Carlos Bembibre, el 10 de junio de 1998.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 Pasión que, según lo aprendimos a través de la Historia (o sea, asiento escrito del devenir humano), atravesó de una forma u otra todas las épocas, confirmando que es una cuestión de diferencias de sexos y no meros problemas de género determinados por las relaciones sociales de cada época.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;2 Sergio Rodríguez me comunicó el siguiente recorte: a un señor con puntos importantes de fragilidad narcisista, en la medida que pasaban los años, ésta se le iba concentrando en la valoración del rendimiento peneano. Su pene se había transformado en la medida de todas las cosas. Profundamente desconfiado de las mujeres honradas, no se había enamorado nunca, y ya tenía más de sesenta años. Por la misma razón, además de sus diferentes y sucesivos matrimonios, frecuentaba prostíbulos, buscando gozar con las que no tienen nada que ocultar. En una de esas vueltas entró en relación con una joven a la que, a pesar de la manera como la había conocido (presentada por una madama), se negaba a considerarla un gato (prostituta de lujo). Lejos de eso, se enamoró de ella irrecusablemente. No está de más decir que su resistencia a enamorarse de las honradas provenía de la certeza de que su madre le había metido sostenidamente los cuernos a su padre, quien, más allá de propinarle algún golpe, vivió muerto por ella. Honrada que no desaprovechaba sus relaciones extramatrimoniales para proveerse de suntuosidades que el marido no podía aportarle. Lo mismo ocurría con el gatito, salvo que el proveedor era nuestro personaje. Todo bien, excepto que mientras más se enamoraba, más dinero ponía y más se enteraba del oficio de la joven. Pero peor aún, empezó a no parársele. Se le paraba con todas: la esposa, las otras prostitutas, menos con el amor de su vida. Comenzó a usar supositorios uretrales y microinyecciones locales, estimulantes de la erección. Pero un día, un poco de sangre proveniente de las inyecciones asustó al angelito, que aprovechó para manifestarse reticente a las relaciones. Entonces acudió al recién aparecido Viagra. Por supuesto, todo siguió igual, para gran desilusión de Príapo fracasado. Hay cosas con las que la ciencia no puede.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-3063364936418086241?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/3063364936418086241/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=3063364936418086241' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3063364936418086241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3063364936418086241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/10/gnero-y-funcin-paterna.html' title='Género y función paterna'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-9049944127825409427</id><published>2008-09-30T13:22:00.000-07:00</published><updated>2008-10-01T10:39:56.827-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 26'/><title type='text'>Vi($)agra para un falo orto-pédico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Nuestros predecesores trataban de arreglarse, en las cercanías de la muerte, recurriendo a creencias animistas, a dioses, o más próximamente, a Dios. Había que sostener de cualquier modo la credibilidad en alguna forma de inmortalidad.&lt;br /&gt;La ciencia “progresa”. Desplegó el sueño de alargar la sobrevivencia. Si el promedio de vida de los griegos era de cuarenta años, el de los países desarrollados de Occidente al promediar este siglo: sesenta. A esta altura poco más de setenta. Sobrevivencia, en tanto éste pareciera ser el fin, no importa a qué costo. Tras plantes, plásticos y ortopedias varias dan sostén real a dicho sueño. Del cual mejor no despertar. Para qué preguntarse, ¿qué Frankenstein es lo sobreviviente? ¿Por cuánto más y en qué condiciones? Tampoco cuestionarse los efectos que eso produce en las sociedades y la Cultura. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ejemplo: la multiplicación excesiva de la población, que regalará a la “aldea global,” en el 2050, diez mil millones de habitantes. En este paisaje de colágenos, penes ortopédicos y vaginas quirúrgicas, ha hecho su presentación en sociedad (¡suenen clarines y atropen timbales!) el Viagra. 1º) Erección asegurada. 2º) Frigidez derrotada. 3º) Histéricas ¡a callar!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un hombre mayor va a hablar con un psicoanalista. Cumplía los años que el imaginario social y el propio, alienado en aquél, marcaban como la entrada a la elegantemente llamada tercera edad. Andaba fenómeno, pero no quería envejecer. Tan fenómeno andaba que no le alcanzaba con la esposa (con la que, según sus dichos, mantenía excelentes relaciones sexuales). Tenía una amante estable y varias ocasionales provistas por una madama. Todo de maravillas, de no ser el miedo a envejecer y a la muerte. A poco andar, se manifiestan inequívocos signos de enamoramiento de la jovencísima amante, a quien su hidalguía llevó a ayudar pecuniariamente. Advertido el enamoramiento, y el embarazo de ella a causa del marido, prestamente la abandona y la sustituye por otra, presentada por la madama. Mientras, la circulación de varias conocidas por la misma vía abundaba. Lo que la jerga de la calle suele llamar “gatos”. Sin embargo, las relataba como si fueran conquistas. No era él quien las buscaba, sino la madama que lo utilizaba para servir a señoras ricas de posición acomodada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ocurre lo inesperado: esta vez no puede evitar enamorarse de la nueva. Nueva que tenía una particularidad que no presentaba la esposa, ni las otras amantes. Se negaba a ciertas “&lt;em&gt;porquerías&lt;/em&gt;”: fellatio y penetración anal. Además, era hermosa. Cuando entraba a una confitería, todos se daban vuelta para mirarla. “&lt;em&gt;Y como sabemos, el hombre es importante si lleva la billetera bien forrada y una bella mujer a su lado&lt;/em&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así las cosas, ocurrió lo que era posible que ocurriera. Apareció la impotencia. Ni con la esposa, ni con las ocasionales. Con el adorable gatito, de cuya condición nuestro dis-fálico personaje se empeñaba en renegar. Hasta que una serie de acontecimientos y el desarrollo de su análisis se lo hicieron imposible. No obstante lo cual se empeñaba en seguir poniendo (pene y dinero). Pero el pene no pensaba lo mismo. En ese gatito se habían concentrado inconscientemente una serie de rasgos de la madre. Belleza, virginidad por lo menos de algunas zonas, y emputecimiento para obtener dones. Y se sabe: ¡con mamá, no! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aún no existía el Viagra, pero sí sus antecesores. Un pequeñísimo supositorio de uso uretral y un inyectable local con pequeña jeringa y finísima aguja.&lt;br /&gt;Acudía a veces a uno, otras a otro. Todo a escondidas de la joven gatito. Una vez tuvo la mala suerte, como efecto de la inyección, de sangrar inadvertidamente (para él) del pene. Ella no sólo lo advirtió, sino que puso el grito en el cielo y encontró un pretexto para negarse al encuentro sexual que él tanto anhelaba. En ese entonces comenzó a venderse el Viagra en los Estados Unidos (como sabemos, la vanguardia de la aldea global). Se lo hizo traer, y ansioso lo tomó para la ocasión pertinente y, ¡oh sorpresa! No cesó la obstinada negativa del órgano a funcionar en esa escena. Y, por el contrario, se guía activo en todas las otras. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No sólo apareció el Viagra, también mapean cerebros. Reconocen el hemisferio de las metonimias y el de las metáforas. Del pensamiento conceptual y de los sentimientos. Se ilusionan e ilusionan, con llegar a resolver por vía medicamentosa y ahora genética (habrían encontrado el gen de la delincuencia = Lombroso  resucitado) las tribulaciones del alma. La pequeña ilustración muestra que, de no mediar causas estrictamente anatómicas o fisiopatológicas (ínfima minoría de los casos), detrás de los problemas de impotencia laten siempre las diversas “&lt;em&gt;malas formas&lt;/em&gt;” que asume el complejo de castración (vejez, acercamiento a la muerte, dificultades en la identificación sexual), y el posicionamiento edípico del sujeto. Hasta puede ocurrir que “&lt;em&gt;ortopédicamente”&lt;/em&gt; se yugule un síntoma. Lo que eso no yugula es el complejo ideativo inconsciente que da razón al síntoma y que traerá sufrimiento por otras vías. De eso sólo puede dar cuenta el análisis del Inconsciente. Lo otro es insistir en la robótica que muestra la televisión cuando pone en escena los rostros de ciertos políticos, comunicadores sociales y miembros de la farándula. Además de contribuir al ascenso en la estadística de muertes por infarto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Será que el corazón, albergue del amor, se venga de esa manera de los falos imaginarios empastillados?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-9049944127825409427?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/9049944127825409427/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=9049944127825409427' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/9049944127825409427'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/9049944127825409427'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/viagra-para-un-falo-orto-pdico.html' title='Vi($)agra para un falo orto-pédico'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-4359965896674207323</id><published>2008-09-30T09:21:00.000-07:00</published><updated>2008-09-30T13:20:13.509-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 25'/><title type='text'>De un(a) gallo que le corta el wayne a un bobi1 (o de la decadencia del pene y la erección de la TV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El de Lorena Gallo y John Wayne Bobbitt no es el primer drama pasional que acumula la humanidad en la larga historia de las parejas. Probablemente sí el de mayor exhibición planetaria. En las condiciones que presta la actualidad televisivo satelital, es otro efecto de la lógica capitalista y su axioma eficientista. Evaluar, teniendo como única referencia la optimización de los beneficios económicos, aparece como el máximo (por lo tanto: fálico) ordenador de las relaciones sociales (y en muchos casos como éste, hasta de las sexuales).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Guiados por el mismo, los medios masivos de comunicación, con la TV a la cabeza, se lanzan a la compra del que tasan como uno de los mayores valores de uso del momento: la imagen. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Virginidad violada, maltratada, desilusionada, + violencia masculina + reacción violenta de una mujer + (la guinda del postre, y sépaseme perdonar el mal gusto) pene arrancado y tirado a la basura, pero rescatado y (maravillas de la ciencia y de la técnica) vuelto a colocar en su lugar. Están presentes así todos los ingredientes necesarios para asegurar el rating en la mayoría de los targets.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fenómeno también puso en el centro de la escena una paradoja de la decadencia de la sociedad falocéntrica, posible en razón de la época. La imagen del falo, en la persona 2 del pene, cetro de la antigua sociedad de hombres, toma dimensión de estrella universal por su destronamiento y transformación provisoria en una mísera morcilla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Allá, por la década del 30, en la ciudad japonesa de Kyoto, una geisha se convierte en ama, al no encontrar la pareja en la que gozaba límite significante al goce sexual. El que de amo devino en esclavo, por incapacidad para renunciar al goce que en aquélla sentía, le pide a su dueña que lo estrangule para no perder la erección. Al dar ella curso al pedido, vuelve a ser la esclava que sabe significar el deseo del amo hasta la sin razón de preferir la muerte a renunciar a ese goce que estaba aconteciendo. En ese acto, el órgano fue destituido de su dignidad de falo y reducido a un objeto de goce sin razón, exclusivamente real. El final es lógico. Él muere, y ella sustrae de entre sus restos el pene, reducido a un resto más. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Incapaz de representar ya a quien en esas condiciones tampoco puede aparecer como “patrón”. Entonces, al no poder escribirse y ordenarse la acción con un significante fálico, queda excluida de la dimensión de un acto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ejemplo, estrictamente no hubo ningún tipo de castración. La castración real sólo puede afectar a un vivo. Sin significante fálico, el sujeto femenino, aplastado en una vertiente por el sinsentido del hecho, y en otra, por el exceso de sentido del puro goce sin límite fálico, queda deambulando enloquecido por las calles de Kyoto hasta que la policía detiene a su encarnadura. Los diarios publican la noticia, sin pretender sustraerla de la dimensión de la psicosis.3 La misma no trascendió a la prensa de Occidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cambio, en 1994, los medios masivos cubrieron de otra manera la correspondiente a una sección de pene con peligro de muerte para, durante un lapso, su exportador y de prisión para la seccionadora. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por ejemplo, decían los cables: “En esta gira el ex ‘marine’ se presenta en público con el fin de realizar un relato pormenorizado de lo que sucedió en la su 4 cama matrimonial en la noche del 23 al 24 de junio del año pasado [...] Según su representante de publicidad, Alan Haughe, la mujer de 24 años ya rechazó ofrecimientos millonarios para vender su historia. Pese a eso, la cadena ABC está negociando un contrato de exclusividad con Lorena”, que, como podemos notar, ya tenía representante de publicidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A posteriori cobró derechos millonarios por vender su historia, entre otros, al canal 13 de Buenos Aires. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde la invención del psicoanálisis sabemos que preferimos soñar pesadillas a despertar a la peor, la de la vida cotidiana, desértica de pasiones espectaculares, del reconocimiento de los otros y acuciada por los “apremios de la vida”. De ahí que la televisión industrialice sueños. Si hacía falta otra prueba, ahí está. Aprovechándose de ello, el supremo ideal capitalista, soberano en los medios masivos de comunicación, hace de la obscenidad (al modo de las pesadillas) uno de los valores de uso más preciados. Puesto el show en la pantalla, “l&lt;em&gt;a aldea global&lt;/em&gt;” se transforma en “&lt;em&gt;un pago chico, infierno grande&lt;/em&gt;”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A favor o en contra de una o del otro, habla algún juez, algún abogado, algunos políticos y muchos, ¿qué?, “&lt;em&gt;luminarias&lt;/em&gt;” de la farándula. Se ha duplicado la levantada de telón. La “&lt;em&gt;mayoría silenciosa&lt;/em&gt;” no sólo vuelve a encontrarse con el show, sino que, por identificación con su “&lt;em&gt;astro preferido&lt;/em&gt;”, puede creerse que ha dicho algo en el chismorreo universal. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cada cual habrá sido fugazmente un John Wayne “marine” ejercitando el sadismo para lograr la erección, o una Lorena virginal y odiante por habérsele hecho conocer un goce del que no encontró otra forma para separarse que, con igual violencia a la de quien la sometía, castrar realmente al portador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero... ¿por qué no fantasear un poco más que los medios, e intentar conjeturar que hubiera pasado de no existir dicha reacción de los mismos? Ante la tuerta Justicia (un ojo lo tiene destapado para fisgonear Televisión), Lorena ¿hubiera aparecido como algo más que una victimaria con causales atenuantes? La TV, en cambio, a través de imágenes “&lt;em&gt;dulces y comprensivas&lt;/em&gt;”, como gestos beatíficos utilizados por Mónica Cahen D’Anvers cuando la entrevistó, hizo de Ella una víctima sacrificada en las llamas del amor y la conveniencia inmigratoria. Una moderna Santa Juana de Arco, que sintiéndose consumir en el fuego de la pasión que la abrasaba, decidió que, en vez de que de sus cenizas volara una paloma, era mejor hacerle volar el pajarito a John (recordemos que lo tiró por la ventana) dejando al “&lt;em&gt;marine&lt;/em&gt;” hecho un puré de angustia. Y él, ¿hubiera sido algo más que un borracho violento, sádico e impotente? En cambio la TV lo transformó, a partir de entonces, en la quinta esencia del “&lt;em&gt;marine lover&lt;/em&gt;”, según declarara, por ejemplo, su “&lt;em&gt;afamada&lt;/em&gt;” partenaire Silvia Suller en una gira “&lt;em&gt;striptisera&lt;/em&gt;” por la “&lt;em&gt;noche porteña&lt;/em&gt;”, en la que era ofrecido para ser “&lt;em&gt;visto sin cortes&lt;/em&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como podemos observar, gracias a la TV los Bobitt pudieron hacer de una reyerta familiar, en la que casi 5 se pierde un pene, un negocio en el que cada uno ganó mucho en dinero, y en imagen televisiva, ser los representantes fálicos más reconocidos por esta cultura del capitalismo salvaje y la teleimagen. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si algún rey dijo alguna vez, “&lt;em&gt;Mi reino por un caballo&lt;/em&gt;”, nos animamos a augurar que si al Bobitt se le hubiera preguntado antes, seguramente hubiera respondido: mi pene por un falo en fama y dólares (claro que dentro de sus limitaciones de lenguaje y saber). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No creemos que hubiera ocurrido distinto con el-la Gallo, nada más que con los correspondientes cambios de sujeto/objeto en la oración. Hubiera sido entonces: el pene de él y algún disgusto judicial por un falo..., etc., etc...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nos encontramos así con la realidad de que hay fuertes razones para la decadencia del órgano masculino como representante de potencia en la Cultura. Vigorosos competidores lo desplazan de esa dignidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otra conclusión posible: la televisión, con su casi omnipotencia para dar sentido, les prestó a estos dos sujetos una realidad de sostén que les facilitó no volverse locos. Los ayudó a que el hecho real se anudara a lo simbólico y lo imaginario. No es descabellado suponer que el show televisivo les sirvió a modo de un cuarto nudo 6 a estas dos estructuras subjetivas frágiles, para reanudar sus tres dimensiones e impedir el desencadenamiento psicótico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, por esta función satelito-televisiva, la Cultura paga un precio que no atenúa ningún horario de protección al menor. No resulta gratis que lo que era obsceno entre en escena, con lo que fácticamente deja de serlo. Que lo que ¿eran/son delitos? La TV los trasforme en epopeyas, promoviendo imágenes violentas y ajurídicas, las que, contingentemente, pueden engendrar identificaciones en los sujetos escasos de registro simbólico. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En los días subsiguientes al show, en diferentes puntos del globo, aparecieron varias Lorenas y seguramente no faltaron multitud de “&lt;em&gt;capitanes John Wayne&lt;/em&gt;” 7 castigando a sus Lorenas, por si acaso, no más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;1 Publicado un resumen en “Página 12”, última semana de enero de 1994.&lt;br /&gt;2 Etimológicamente proviene de personne = máscara.&lt;br /&gt;3 Se inspiró en ese hecho el realizador de la magnífica película japonesa “El Imperio de los sentidos”, asequible aún en los video clubs bien provistos.&lt;br /&gt;4 “Clarín”, 23 de enero 1994: lapsus del cable, del traductor o del transcriptor (¿era del marido esa cama, o no tenía dueño?).&lt;br /&gt;5 Curiosamente, allá, por la década del 60, había una publicidad de “slip” que decía, aludiendo a la marca y a lo que bajo él quedaba velado: “Sino fuera por el casi...”&lt;br /&gt;6 Denominado Sinthôme por Lacan. Lo podríamos describir como aquello que, zurciendo lo que falla en la articulación de un significante fundamental entre los registros Real - Simbólico - Imaginario, mantiene articulado el sujeto a la Cultura. Le genera así las condiciones necesarias para no enloquecer y ser exiliado de la misma. Evidentemente, el show televisivo logró esa articulación de estos dos “pobres diablos”, por lo menos en su apogeo.&lt;br /&gt;7 No cabe duda de que el “nene” quedó alienado en el mensaje de los padres, vehiculizado a través del nombre con que lo crucificaron al holliwoodense “capitán de espectaculares” batallas marinas contra los japoneses.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-4359965896674207323?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/4359965896674207323/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=4359965896674207323' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/4359965896674207323'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/4359965896674207323'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/de-una-gallo-que-le-corta-el-wayne-un.html' title='De un(a) gallo que le corta el wayne a un bobi1 (o de la decadencia del pene y la erección de la TV)'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-2637298359244764895</id><published>2008-09-29T14:25:00.000-07:00</published><updated>2008-09-30T09:20:01.193-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 24'/><title type='text'>Malevaje</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;¡Decí por Dios qué me has dao / que estoy tan cambiao...&lt;br /&gt;no sé más quién soy!... / El malevaje extrañao&lt;br /&gt;me mira sin comprender, / me ve ve perdiendo el cartel&lt;br /&gt;de guapo que ayer / brillaba en la acción...&lt;br /&gt;No ves que estoy embretao, / vencido y maniao&lt;br /&gt;en tu corazón.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;Te vi pasar tangueando altanera, / con un compás tan hondo y sensual,&lt;br /&gt;que no fue más que verte y perder / la fe, el coraje, el ansia ‘e guapear...&lt;br /&gt;No me has dejao ni el pucho en la oreja / de aquel pasao malevo y feroz.&lt;br /&gt;Ya no me falta pa’completar / más que ir a misa e hincarme a rezar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;Ayer de miedo a matar, / en vez de pelear&lt;br /&gt;me puse a correr... / Me vi a la sombra o finao,&lt;br /&gt;pensé en no verte y temblé; / si yo —que nunca aflojé—&lt;br /&gt;de noche angustiao / me encierro a llorar...&lt;br /&gt;¡Decí, por Dios, qué me has dao, / que estoy tan cambiao...&lt;br /&gt;no sé más quién soy!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE S. DISCÉPOLO.“Malevaje”&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—Una vez más les sugiero que se entreguen y les aseguro que sus vidas serán respetadas.&lt;br /&gt;—¡Vengan, guanacos! ¡Vengan a pelear si son hombres!&lt;br /&gt;Así se inició el diálogo previo a una de las batallas más impresionantes (dieciséis horas de tiro y tiro) que aún hoy recuerde Montevideo. Tres asaltantes de banco, porteños, residentes habitualmente en la orilla de enfrente del Río de la Plata, atrapados en la trampa que les había tendido la policía uruguaya, declararon de esa manera su decisión de enfrentarla. En el año 1997, a casi cuarenta años, Ricardo Piglia ganaría el premio Planeta, uno de los más cotizados de nuestro país, con la reconstrucción novelada de las andanzas de dicho grupo. La obra tomó como nombre uno de los últimos actos de dichos maleantes. Acto anunciado por la misma voz, en aquella comunicación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;—Mi amigo, acá le habla el jefe de policía de Montevideo, que es quien les garantiza el respeto de sus vidas.&lt;br /&gt;—Así que vos sos Ventura el que gana 5000 pesos por mes, ¿eh? Nosotros tenemos acá tres millones y los vamos a quemar esta noche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Este pequeño párrafo extraído de la crónica policial facilita comenzar el análisis. El jefe uruguayo les ofrece lo que supuestamente sería el bien más preciado de un ser humano: la vida. La respuesta del sujeto coloca el punto en otra dimensión. Primero, cambia al significante jefe de policía por el de guanaco. No es una metáfora que, por responder con un representante de una especie de animal salvaje pero herbívora y no feroz, indique solamente desprecio. Agrega algo más, que va a estar presente en toda la acción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Coloca nominación y adjetivación en la constelación oral. Ya que se trata de una bestia distinguida por un hábito particular: escupir. El sitiado se sentía escupido por el (O)otro. Otro al que sus acciones (las de la gavilla) tornaban despreciable y depreciado.&lt;br /&gt;Mientras ése perseguía a los de su clase (los de la “pesada”) por 5000 al mes, ellos tenían tres millones, que, además, iban a quemar. Desplaza, entonces, la cuestión más allá del valor intrínseco del dinero y la lleva a lo, para el sentido común, irrazonable. Para esos hombres, la razón no estaba en el dinero como objeto de intercambio, sino como representante fálico “garante” de su virilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El dinero valía, según sirviera o no, para demostrarla. Por eso, así como lo habían obtenido arriesgando su vida en asaltos resonantes, podían quemarlo como demostración de desprecio. O comprar por $ 80 y dejar el vuelto de 500 en una rotisería, o en los cabarutes, despilfarrarlos entre las cabareteras.1 Califican de guanacos a los policías y los desafían a demostrar su masculinidad: ¡Vengan a pelear si son hombres! Para esos tres varones encerrados en el Liberaij,2 no estaban en juego ni la vida ni el dinero. Lo que se decidía era su ser, su quedar del lado macho o del lado hembra, en la ecuación que divide a hombres de mujeres.3 Y por eso, estaban dispuestos a perder la vida que el jefe de policía les ofrecía y quemar el dinero que habían ganado a punta de pistola.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿por qué tanta necesidad de demostración? Algunos datos pueden servirnos para establecer una hipótesis que tiene el inconveniente de la fragilidad informativa de la que nos valemos. En esos acontecimientos, eran un grupo errante, fuertemente unido por lazos de fidelidad mutua. Por lo menos, los tres que murieron en el enfrentamiento los sostuvieron incólumes hasta el final. En dicha errancia no los acompañaban mujeres. La relación con ellas  (particularmente en dos de ellos) era con prostitutas y sólo ocasional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Piglia (que basó su novela en una meticulosa investigación) aventura la hipótesis de relaciones homosexuales entre esos dos (Dorda y el Nene). Tomaban la forma maternal, con protección y cuidados mutuos. El Inconsciente del jefe de policía capta aquel goce predominantemente oral cuando les dice:&lt;br /&gt;—Mi amigo, usted debe estar tomando alcohol y ése no es el mejor consejero en estos momentos...&lt;br /&gt;—Sí, estamos tomando whisky. ¿Ustedes quieren venir a tomar una copita?Vengan si son hombres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Querer ser hombres, a pesar de no poder dejar de chupar (como lo diría la jerga de la calle). Todo indica que sostenían el exceso de gasto mental y de tensión, a que sometían permanentemente a sus cuerpos, en el consumo de diferentes tipos de drogas (cocaína, anfetaminas, heroína, marihuana y neurolépticos diversos).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Digamos que, según la crónica, estas cuestiones aparecerían también del lado de algunos policías. Por ejemplo, aquellos que fuera de servicio, conocida por radio la pelea, se presentaron a intervenir. Condiciones en las que por lo menos uno murió. U otros que, antes de tomar posiciones de tiro, también recurrieron al whisky. Psiquiátricamente se afirmaría que recurrían al plus de valor que podían agregarles el alcohol y las drogas. Psicoanalíticamente, no podemos dejar de leer, en la respuesta al consejo paternal del jefe de policía, la imposibilidad de dejar de chupar (de recurrir a la primera y más ansiosa modalidad de contacto con el cuerpo materno) en los sitiados y la recurrencia inmediata al desafío viril:&lt;br /&gt;—Vengan si son hombres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dijimos que dos de ellos, según la investigación de Piglia, se sostenían en relaciones carnales, en las que Dorda, el más fiero combatiente, el más audaz, el último en caer, era el penetrado. De eso decía: “&lt;em&gt;La primera vez que me levantó un hombre pensé que iba a quedar embarazado. Mirá&lt;/em&gt; si seré opa. Era muy chico y cuando le vi el gorompo casi me desmayo de gusto”. El Nene recordaba que “&lt;em&gt;había reinas que se habían aguantado la picana sin decir ni pío y él conocía a varios que se hacían los machitos y que cuando veían la goma empezaban a cantar&lt;/em&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“&lt;em&gt;La loca Margarita, un travesti, se llenó la boca de yilés y se cortó que era un desastre y le mostró la lengua a la yuta y le dijo: ‘ Si querés te la chupo, querido, pero a mí, vos no me vas a hacer hablar...’ La mataron y tuvieron que tirarla al río en Quilmes, desnudo, con la pulsera y los aritos pero no le sacaron una palabra. Hay que ser muy macho para hacerse coger por un macho&lt;/em&gt;”, decía el gaucho Dorda. Según los informes psiquiátricos de diferentes internaciones, Dorda padecía una esquizofrenia, probablemente paranoide. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mandado por alucinaciones auditivas que raramente lo abandonaban, había matado a una prostituta polaca, pensando que la salvaba del yugo diario que la ataba. La primer afirmación de Dorda indica claramente “&lt;em&gt;el empuje a la mujer&lt;/em&gt;”.4 Le produjo un enorme gozo ver el atributo fálico del otro y cree que éste lo va a embarazar. Pero eso no le hace creerse afeminado, ni mucho menos mujer: “&lt;em&gt;Hay que ser muy macho para hacerse coger por un macho&lt;/em&gt;...”5. Lo mismo afirma el Nene cuando reivindica la conducta de reinas y travestis frente a la policía. Pero lo reivindicado por parte de esos sujetos es una posición masoquista (distinta de la perversión masoquista del profesor de Belle de jour) en la que se realizan como objetos dispuestos a sacrificar realmente, no ficcionalmente, la propia vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Evaluándose así mejores que los que se hacen “&lt;em&gt;los machitos&lt;/em&gt;”. O sea, en el mismo punto en que levantan la apuesta viril, huyendo de quedar bajo las polleras, llevan hasta el final una posición deobjeto (identficación femenina) en la que se ofrecen para ser gozada(o)s por el Otro, sin contemplaciones. En la misma escena en que atacan y se defienden como hombres, sufren y mueren como mujeres. Son mujeres (madres) fálicas. Su gran potlatch final es su propia vida (recibida de lamadre). Se separan realmente de La Madre, a través de la muerte real que deje a aquéllas sin el falo que de ellas creían ser. La muda, la pulsión de muerte, los retira espectacular y realmente de la escena del mundo y de la madre. Lo simbólico rechazado, forcluido, incapaz de ordenar la sexuación, volvió a Montevideo oliendo a pólvora, sangre y vidas de delincuentes y policías.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Prefirireron morir que quedar diciendo consentimiento: ¡Decí, por Dios, que me has dao/ que estoy tan cambiao.../ no sé más quién soy!... /.../ No ves que estoy embretao,/ vencido y maniao/ en tu corazón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;1 Piglia recuerda en su novela que el filósofo uruguayo Washington Andrada consideró al acto de quemar el dinero como una especie de potlatch. De este rito dice Georges Bataille en su libro La parte maldita (p. 33): El potlatch es la constitución de una propiedad positiva de la pérdida de la cual emanan la nobleza, el honor, el rango en la jerarquía, queda a esta institución su valor significativo... En Melanesia, el donador designa como su basura a los magníficos regalos que deposita a los pies del jefe rival.&lt;br /&gt;2 Edificio montevideano en el que se habían refugiado sin sospechar que era la trampa que les había tendido la policía y en la que encontrarían la muerte.&lt;br /&gt;3 Esquema de la sexuación, escrito por Jacques Lacan en su seminario Encore: Las de arriba son fórmulas proposicionales. Las del lado izquierdo se refieren el lado macho. La del piso de abajo quiere decir que todos los hombres están castrados, lo que se sostiene en la creencia inconsciente de que al menos uno no lo estaría. Si no fuera así, no habría ni oposición, ni diferencia que permitiera el efecto de sentido (no habría límite). El piso de arriba inscribe esa creencia: existe un x, no castrado (esa suposición sostiene a la función del padre). Del lado derecho: el piso de arriba expresa que no existe ser parlante situado como hembra que no esté castrado, que no sea no toda. El de abajo expresa la creencia inconsciente en que no para todo hablante ubicado como hembra rige la castración, que puede haber excepción (La Madre Fálica). Por debajo de los cuadros proposicionales, ubica, a la izquierda, las identificaciones masculinas con ser sujeto S/ sostenido del falo simbólico F, o sea, por su poner la castración del Otro (las mujeres). Del lado derecho, la identificación con La mujer como tachada, para indicar su condición de no toda. Al significante de la falta en el Otro S1 (A/). O sea, Otro en tanto le falta al menos un significante, por lo que a la vez puede tener relación F ese falo simbólico que, en tan total, no significa nada.&lt;br /&gt;4 Ricardo Piglia: Plata quemada, pág. 75.&lt;br /&gt;5 Lacan: seminario de Las Psicosis.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-2637298359244764895?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/2637298359244764895/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=2637298359244764895' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2637298359244764895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2637298359244764895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/malevaje.html' title='Malevaje'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-1455517648495959761</id><published>2008-09-29T13:09:00.000-07:00</published><updated>2008-12-01T10:06:03.594-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 23'/><title type='text'>De un cantor de iglesias bajo la mortaja de la madre</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Su voz en el teléfono verdaderamente impresionó al que durante un tiempo iba a funcionar como analista. Más que voz, era un vozarrón. Daba a imaginar del otro lado a un camionero, un carnicero o cualquier otro oficio de esos que infunden miedo, por sospechárseles músculos e irascibilidad. ¿Sería impostada? De cualquier manera, le dio el turno que pedía para una consulta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su entrada ni desmentía ni confirmaba la fantasía del profesional. Era petiso, pero morrudo. De rostro bárbado y rubicundo, combinaba extrañamente apostura de macho orillero con rasgos infantiles. Particularmente, cuando se reía. Arqueo de cejas, fruncimiento de ceño y balanceo de tórax y hombros recordaban la postura insegura y sorprendida de los bebés cuando empiezan a caminar. Mano franca, mirada de admiración. Consultaba a un psicoanalista, pero no a cualquiera, no podría. Venía a hablar con el de la tele, al que &lt;em&gt;“admiraba porque había sostenido posiciones íntegras y éticas de crítica a las corrupciones del poder&lt;/em&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una especie de pánico lo aquejaba desde hacía algún tiempo. &lt;em&gt;“Casi... convivía... con una mujer, desde hacía varios años, y... últimamente, lo había asaltado el temor a contagiarle el sida. Después de tantos años, ni se le podía ocurrir comenzar a usar preservativos, ella sospecharía. Hacerse un análisis de HIV, ni pensarlo, lo aterraba la sola idea de enterarse de que tuviera el virus asesino”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llevaba una vida relativamente ordenada. Cantor de iglesias y abogado, entre las dos profesiones ganaba lo suficiente para hacerlo sin demasiados sobresaltos económicos, aunque el zapato le apretaba como a todos. Más: que él (buen hombre) se hacía cargo de sostener a los padres (cosa que los hermanos no hacían) y a su pareja, en los baches que dejaba el pasaje de alimentos por parte del ex marido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Si no fuera que se le había metido esa maldita obsesión en la cabeza, no habría necesitado acercarse a lo de un analista. Pero la obsesión lo torturaba, no lo dejaba tranquilo ni de día ni de noche. Además, le quitaba las pocas ganas que habitualmente tenía, de sostener relaciones sexuales con la mujer con la que casi convivía. ¿Por qué casi? Ah..., porque vivía en una ciudad del interior del país a la que viajaba los sábados y domingos para estar con ella y las chicas..., las hijas de ella. ¿Que por qué no se iba a vivir allí? Ah..., los padres ya eran gente mayor y él tenía que cuidarlos, si no, ¿quién? Sus hermanos no se ocupaban. Además, volver a armarse una situación laboral como la que tenía no era fácil a su edad —frisaba los cuarenta— y en una ciudad extraña. Que... ¿por qué no se muda ella? Bueno, hace varios años que lo está por hacer. A veces viene y se queda unos días en el departamento. Pero están las nenas, ¿sabe? No es fácil mudarlas.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Además pasaba otra cosa. Era “bisexual” y religiosamente, una noche por semana, era visitado en su departamento de soltero por un hombre de más o menos su misma edad. Casi no lo conocía, casi no hablaban. Lo único que sabía era que era casado y tenía dos hijos, un varón y una mujer —casualmente— como los padres de él. Llegaba, tomaban un whisky, se desvestían, iban a la cama, y se lo cogía, siempre lo mismo. El consultante lo penetraba al otro analmente. Gozaba de una manera incomparable, por lo menos con respecto al goce que obtenía con su pareja femenina. El otro también gozaba bestialmente; se quedaban en la cama como cualquier pareja descansando un rato, fumando un cigarrillo. Luego el extraño se vestía y se iba, tan silencioso como había venido.&lt;br /&gt;—¿&lt;em&gt;Y a él, no teme contagiarlo de sida&lt;/em&gt;? —preguntó sorprendido el consultado.&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;No.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;—¿&lt;em&gt;Y por qué?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;—&lt;em&gt;Qué sé yo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El análisis tomaba substancia, o sea, se hacía mucho más enigmático. En una de sus tantas vueltas, el analista cae en cuenta de que, como se había manifestado casi en los inicios, el paciente a veces hablaba de su hermana y otras de sus hermanos.&lt;br /&gt;Preguntó sobre la variación. El consultante trastabilló, se le esbozó un cierto grado de confusión y, tartamudeante, con la mirada en el piso (estaba sentado enfrente al analista), relató: &lt;em&gt;Bueno, lo que pasa es que a los que yo llamo mis padres son mis padres, aunque realmente no lo son (?). Levanta su mirada: Le voy a explicar. Nadie se ocupa de ellos como yo. Ni sus hijos biológicos, ni mi hermana de sangre (?). Mis padres biológicos peleaban mucho, él la golpeaba a mi madre. Casi no recuerdo. Ella murió cuando yo tenía cinco o seis años y prácticamente no conservo memoria, tampoco de mi padre con el que viví hasta los quince en que se fue a Europa y no volvió más, dejándome con mis tíos (que son mis verdaderos padres). Sé que era muy loco, muy autoritario y que hace pocos años murió allá.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿De qué murieron?&lt;br /&gt;—Mi padre, no sé, casi no teníamos contacto. Mi madre, de un politraumatismo de cráneo después de una pelea con mi papá.&lt;br /&gt;—¿Un accidente?&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;—¿Entonces?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;—(con cierta molestia) &lt;em&gt;¡Qué sé yo!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;—&lt;em&gt;Mire, si no hubo un accidente y murió de un politraumatismo de cráneo después de una pelea con su papá, quiere decir que él la mató.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Literalmente el cantor perdió el habla por unos instantes. Sus ojos se llenaron de pánico. Sus gestos, de temblores. El psicoanalista consideró que era el momento apropiado para concluir la sesión. Una nueva mirada abría otro tiempo de comprender en la constelación borromeica del cantante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A la sesión siguiente volvió absolutamente conmovido. Luego de lo ocurrido en la anterior, había caminado unas cincuenta cuadras sin poder parar, ni reparar en nada. Iba como en una nube, con el cerebro martillado por la hipótesis del analista. Nunca se le había ocurrido pensar lo que el analista le había dicho. Atosigó a los tíos-padres con preguntas que no contestaban o respondían con evasivas, lo que lo llenó de odio contra ellos. Quería averiguar lo que era irrespondible para los últimos testigos vivos (aunque indirectos) de aquellos acontecimientos. Él, vivo también, y probablemente testigo directo de los mismos, no lograba recordar nada. Vivió unas semanas y sesiones de angustias y esfuerzos por recordar, en las que se revolcaba en el diván al que el analista lo había enviado después de lo sucedido tras la hipótesis sobre el enigma, hasta que por ciertas asociaciones éste pudo decirle:&lt;br /&gt;Ahora se entiende por qué tenía miedo de contagiarla a ella y no a él. Inconscientemente se deseaba uxoricida como su padre. A partir de entonces, desapareció la obsesión, que en rigor de verdad había desaparecido antes, al ser sustituida por la de averiguar la “verdad material”. 1 Pero también desapareció ésta. Fue perdiendo interés por el análisis, lo que se transparentaba notoriamente a través de un discurso conformado prácticamente por puros enunciados, con pocas marcas de enunciación o por descalificaciones de las que se hacían presente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La disociación de su vida erótica no sólo se mantenía sino que además se perfeccionaba. Por ejemplo: renunció al esfuerzo por imaginar soluciones al hecho de vivir bajo techos diferentes con la mujer. Era conjeturable que este vivir separados y su desapasionado erotismo para con ella la protegían de él como amenaza mortífera. A la vez desempeñaba, sumamente interesado y cariñoso, las funciones de padre suplente que se atribuía con las nenas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pero cuando llegaba esa noche, esa ansiada noche de cada semana, el culo del padre de una nena y un nene sangraba sin compasión, para indescriptible goce de ambos “partenaires”. En esas condiciones, como en una extraña novela policial con final fuera de normas, se descubrió que el muerto era el análisis, aunque no sin haber dejado resultados notables, para “gloria” de aquel analista ideal, ético e incorruptible de la tele, y para goce del cantor de iglesias y su “sacrificado” compañero.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 En el sentido freudiano de este enunciado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-1455517648495959761?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/1455517648495959761/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=1455517648495959761' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/1455517648495959761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/1455517648495959761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/de-un-cantor-de-iglesias-bajo-la.html' title='De un cantor de iglesias bajo la mortaja de la madre'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-3110058244140032430</id><published>2008-09-29T12:07:00.000-07:00</published><updated>2008-12-01T08:59:17.493-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 22'/><title type='text'>Especialista de Señoras</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Envidio y envidiaré, hasta el final de mis días, la fina percepción que tienen los verdaderos artistas de los secretos más recónditos del alma humana. De ellos, entre los más grandes: Luis Buñuel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probablemente esa envidia indujo a este pobre Salieri siglo XX a desarrollar el análisis que presenté anteriormente sobre Belle de jour. Dejé para este artículo enfocar especialmente, darle un primer plano, ya que de cine se trata, a uno de los relatos secundarios de la película. La fineza del mismo me exige transcribirlo antes de pasar a analizarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de su primera experiencia como prostituta, Belle de jour se borra por una semana del burdel. Vuelve. La patrona le protesta, hace el gesto de no dejarla entrar, ella ruega, la madama finalmente accede (mejor retener a una máquina tan fina y atractiva para ciertos hombres). Mientras se cambia de ropas, transcurre un diálogo femenino con las compañeras sobre las marcas que usa, que denotan un alto nivel económico. Le preguntan por qué no vino en la semana y sólo arguye: &lt;em&gt;“No pude&lt;/em&gt;”. (La libertad tiene sus límites para cualquiera.) Una compañera relata que viene porque el novio que era campeón de ciclismo quedó parapléjico. Que él sabe lo que ella hace, pero que igual lo ama. Que le gustaría trabajar en otra cosa. A lo que la dueña le acota: &lt;em&gt;“¿Cuánto ganarías?”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La novia del accidentado asiente con la cabeza. En esa atmósfera la regenta, Anaïs, cambia de tema y dice:&lt;br /&gt;A:—&lt;em&gt;Esperamos al profesor. Se lo voy a presentar. Usted es su tipo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Bj&lt;em&gt;:—¿Quién es?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A:—&lt;em&gt;Un médico para mujeres. Es famoso.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Colega:—&lt;em&gt;Se dice que tiene una clientela internacional. Hace dos meses fue a operar a Copenhague. (&lt;/em&gt;Suena el timbre&lt;em&gt;.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A:—&lt;em&gt;Ya llegó. (&lt;/em&gt;Se apresura para ir a abrir, mientras le indica a la anterior&lt;em&gt;:) Explícale un poco.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Colega:—&lt;em&gt;Sí, señora. Ya se necesita luz. (&lt;/em&gt;Enciende una lámpara a “todas luces” innecesaria&lt;em&gt;.) Ya verás, no es complicado. Si fueran todos como él...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cambia la escena. Un típico pasillo de departamento antiguo, al que dan las puertas de las habitaciones. De espaldas y ligero perfil, la patrona y un hombre de sobretodo, sombrero y valija.&lt;br /&gt;A:—&lt;em&gt;Tengo algo nuevo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;P&lt;em&gt;:—¡Aah...!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A: —&lt;em&gt;Creo que le gustará. Quizás sea un poco tímida pero es una aristócrata de verdad.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;P:—¿&lt;em&gt;De veras?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A&lt;em&gt;:—¡Por favor&lt;/em&gt;!&lt;br /&gt;P:—&lt;em&gt;Mejor. Mándemela&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Anaïs lo hace entrar en la alcoba con un &lt;em&gt;“pase por favor”. &lt;/em&gt;El profesor entra, dándole la espalda y sin esbozar ni el mínimo gesto de cortesía. Adentro, cuelga su sombrero, comienza a sacarse el abrigo, interrumpe y, como en un ritual, presuroso, va a mirarse en el espejo la boca, especialmente su interior. Vuelve al perchero mientras se saca los guantes y el sobretodo que cuelga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Son todos movimientos casi mecánicos, burocráticos. Va a una mesa, apoya la valija y la abre. Retira una gorra de conserje de gala de algún lujoso hotel. Se la pone. Cuidadosamente se mira al espejo, da media vuelta con el ceño fruncido. Se la saca, le da una media vuelta, y otra mientras la observa. Evidentemente no lo conforma. La descarta. Vuelve a la valijita. Retira un “sacudidor de mantas”, hurga entre correas y ropas. Cambio de escena: Belle entra en la habitación, lo busca y no lo ve. Fisgonea el perfil del profesor, que va y viene, a través de la luz que deja la puerta entreabierta de una dependencia contigua. Automáticamente comienza a desnudarse. Él espía por la misma abertura. Al ver lo que está ocurriendo entra irritado y le dice:&lt;br /&gt;P:—¿&lt;em&gt;Qué está haciendo&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;Bj:—&lt;em&gt;Y... me iba a...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;P:—¿&lt;em&gt;No le dijeron nada&lt;/em&gt;? (Ordena imperativo:) &lt;em&gt;¡Vístase&lt;/em&gt;! (Y se vuelve a la habitación contigua. Cierra la puerta, mientras ella vuelve a colocarse el deshabillé. Se pone de espaldas. Se oyen golpes en la puerta de los nudillos del profesor. Azorada, con señales de no terminar de entender qué está pasando, tímidamente responde:)&lt;br /&gt;Bj:—&lt;em&gt;Entre.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;El profesor lo hace vestido de mucamo, con rostro sumiso, pero de segundas intenciones. Trae el “sacudidor” en su mano izquierda. Manso y sonriente (sonrisa pícara) pregunta:&lt;br /&gt;P: &lt;em&gt;—¿La señora marquesa me llama?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;BJ:—&lt;em&gt;Sí &lt;/em&gt;(Contesta ella insegura.)&lt;br /&gt;P&lt;em&gt;:—¿La señora marquesa no está conforme con mi trabajo?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Desconcertada, inhibida:&lt;br /&gt;Bj:—&lt;em&gt;No, la verdad que no.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Surge un gesto de disgusto en el “mucamo”. Se separa de ella, pega la vuelta abre la puerta que da al pasillo de circulación y reclama imperativamente a la dueña del burdel. Ésta prestamente contesta:&lt;br /&gt;A: —&lt;em&gt;Sí.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Mientras él da media vuelta y le espeta a Belle:&lt;br /&gt;P: —&lt;em&gt;La cocina es su lugar, señorita&lt;/em&gt;. (Le ordena a la “madama”:) &lt;em&gt;Llévesela, no vale y mándemela a Charlotte, rápido.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A:—&lt;em&gt;Enseguida. Usted venga conmigo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras ambas salen presurosas, él vuelve a la dependencia contigua. Anaïs envía a Charlotte y hace entrar a Belle en la habitación vecina para que, por un mirador disimulado, aprenda a “poner” la escena que va a ver.&lt;br /&gt;Charlotte entra altiva, con mirada soberbia, camina displicentemente, escucha los nudillos en la puerta, pone gesto de fastidio y con voz de tal dice en un tono entre mandón y seco de quien otorga un favor:&lt;br /&gt;Ch:—&lt;em&gt;Entre.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Cosa que hace el “mucamo”, mientras sonríe con su “sacudidor” bajo el brazo.&lt;br /&gt;P:—¿&lt;em&gt;La señora marquesa me llamó? &lt;/em&gt;Un lacónico “&lt;em&gt;Sí, Victor&lt;/em&gt;” es toda la respuesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A “Victor” se le inflan los globos oculares de entusiasmo. Dice:&lt;br /&gt;P&lt;em&gt;:—¿La señora marquesa no está conforme con mi trabajo? &lt;/em&gt;Ella mantiene su cara de fastidio.&lt;br /&gt;Ch: —&lt;em&gt;Victor, usted hace todo mal.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A él, los ojos no le caben en las gafas. La sonrisa le va de oreja a oreja. Alegre contesta:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;P: —Sí. Es verdad. Lo reconozco. &lt;/em&gt;(Y mientras se acerca sonriente le dice:) &lt;em&gt;Pero la señora marquesa es tan buena, gentil... y sobre todo tan bella.&lt;br /&gt;Ch:—Insolente.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Mientras se lo dice, va hacia los pies de la cama, pasa un dedo por la superficie del borde de madera del apoya pies y le espeta:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ch: —¡Mire! ¿Es usted ciego? (&lt;/em&gt;Con voz de reproche le agrega:) &lt;em&gt;¿No ve que está todo lleno de tierra? ¡Aquí! Y aquí... y aquí...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras, él ha comenzado a pegar en diferentes lugares con el “sacudidor”, lo que despliega desordenadamente en el aire las doce o catorce cintas de cuerina que lo componen aferradas en el mango. Mirando a Charlotte a los ojos, desafiante, le informa de un hecho que no ocurrió:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;P: —Rompí el florero&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Ella lo toma de un brazo y le responde:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ch: —Un florero: estoy harta. Esta vez, Victor, lo despido.&lt;/em&gt; (Le da un seco empellón, pega media vuelta y hace como que se va.)&lt;br /&gt;&lt;em&gt;P:—No, por favor (&lt;/em&gt;cara de desesperación). &lt;em&gt;Que la señora marquesa se quede conmigo. Que la señora marquesa me permita compensar.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella se sienta en la cama mientras lo mira con decisión. Él se arrodilla mientras le dice:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;P: —Tendré cuidado, se lo juro.&lt;/em&gt; (Ella le arranca el “sacude mantas” de la mano. Él le ordena:)&lt;br /&gt;&lt;em&gt;P: —Todavía no, Charlotte.&lt;br /&gt;Ch:—Perdón. Se lo devuelve.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Lo toma y agarrándose los anteojos le dice, mientras la mira escudriñador.&lt;br /&gt;P: —&lt;em&gt;Que la señora marquesa me castigue si quiere... que me pegue si quiere...&lt;/em&gt; (con el rostro transido de dolor le entrega el “sacudidor” y comienza a arrodillarse) &lt;em&gt;pero que no me eche.&lt;/em&gt; (Mientras mete su mano por debajo del body y portaligas en las partes “íntimas” de la “marquesa”.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ch&lt;em&gt;:—¿¡Qué está haciendo, viejo cerdo!?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;P:—&lt;em&gt;No hago nada...&lt;/em&gt; (mirada sumisa), &lt;em&gt;por desgracia, tengo distancia&lt;/em&gt;. (Continúa acercándosele y maniobrando con su mano derecha.) &lt;em&gt;No tendría que decirlo, es un secreto, señora marquesa... pero la amo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Ch&lt;em&gt;:—¿Cómo? &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Enfurecida” le da una patada cuidadosa en el rostro que lo envía al piso. Arrastrándose, como al borde del llanto, insiste:—&lt;em&gt;Sí, le digo que la amo&lt;/em&gt;. (Gatea e indica:)&lt;br /&gt;P:—&lt;em&gt;Ahora píseme, escupa, píseme la cara.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Charlotte lo hace mientras lo insulta:&lt;br /&gt;Ch: —&lt;em&gt;Sucio, viejo verde, ya le voy a enseñar&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;P:—&lt;em&gt;Pero ya le digo..., ya le digo que la amo, señora marquesa&lt;/em&gt;. (Grita y pide que le pegue más fuerte.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cambio de escena. La acción se desarrolla con otros personajes. Se trata de la llegada del colegio de la hija (una niña prepúber) de la sirvienta. Comentan sus calificaciones. En ese contexto, planteándole un enigma a todos los personajes y espectador, se escucha y ve a la “marquesa” pedir un tintero en nombre del profesor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La puesta del drama del profesor especialista de señoras es prologado por esa conversación entre señoras y de señoras, en la que cada una muestra alguno de sus límites. Algo de aquello en que lo real de la vida las castra. Belle, en esta ocasión, por sus escrúpulos y por no poder prestar su abrigo (en evidente alusión al límite que le pone estar casada), Charlotte, por el accidente del novio y la inescrupulosidad de éste, no obstante lo cual igual lo ama, y lo real de la organización social que le pagaría mucho menos por cualquier otro trabajo que ella pudiera hacer. Y, finalmente, la patrona de ellas, pero servidora de sus clientes, que manifiesta su castración a través de la ansiedad que le despierta la asistencia del profesor (que, como veremos, se las da de amo).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la siguiente escena, Anaïs define el perfil imaginario que para ella dibuja dicho cliente. Profesor, médico para mujeres, famoso, con clientela internacional y cuyo tipo es Belle. Es un hombre que necesita luz (vienen a mi memoria las que se cuenta fueron las últimas palabras de Goethe, mientras entraba al reino de las sombras: “Luz, más luz”.) El profesor famoso, paisano de la muerte, necesita más luz. La mirada queda en primer plano para las oscuridades de su alma. Por otro lado a ellas —las esclavas— les gusta como cliente patrón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la tercera escena comienza a habilitarse el conflicto. Solícita, Anaïs le presenta Belle al profesor, como una simple mercancía, “algo nuevo”. &lt;em&gt;En el capitalismo desarrollado no son las propiedades ni la aristocracia lo que define a cada uno de los humanos, sino su posición y su función en la circunstancia&lt;/em&gt;.1 Todo el diálogo denota que el que manda es él, el cliente.2&lt;br /&gt;Si bien pareciera que éste va a cumplir un trámite, algo le preocupa: el interior de su boca. El episodio de la gorra indica que suele actuar más de un personaje, pero siempre relacionado con servidumbre. La puerta entreabierta llama la mirada de Belle y se revela como lo que es: &lt;em&gt;la mirada del profesor&lt;/em&gt; que por ella fisgonea.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Toda la escena se desarrollará en secreto, excepto para esas mujeres ante las cuales será a toda luz. A partir de que se hace patente la inexperiencia de Belle, su desconocimiento del libreto, &lt;em&gt;el profesor&lt;/em&gt; se manifiesta claramente como el amo de la situación, interrumpiendo momentáneamente su actuación &lt;em&gt;“sumisa&lt;/em&gt;”. Da órdenes, dispone cambio de partenaire. A la vez, afrenta a Belle con una típica frase de “&lt;em&gt;hombre&lt;/em&gt;”: “&lt;em&gt;La cocina es su lugar&lt;/em&gt;...” No sirve para el goce sexual, sólo para funciones maternas. ¡Freud dixit! “&lt;em&gt;Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”&lt;/em&gt; y “&lt;em&gt;Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa&lt;/em&gt;”.3&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recién entonces se pondrá en acto la “&lt;em&gt;verdadera”&lt;/em&gt; escena, con los fantasmas de ese especialista de señoras. Autocondenado, por la fuerza constitutiva de su pulsión escópica4 y de su reacción ante ella, a una cotidianidad en la que su mirada es reclamada por el interior de la vagina con sus serosidades y mocos, a veces sanguinolentos y/o purulentos, inflamaciones, desgarros, etc.... Paisaje que subraya ominosamente lo que para el Inconsciente es ausencia de falo y suele significar: muerte. Lo que le da cierta lógica a que ese profesor resulte no excitable a oscuras. Es un verdadero especialista de señoras. Necesita que el objeto soberbio lo degrade, en apariencia, a la servidumbre más absoluta. Que lo haga jugar el papel de objeto envilecido (siervo enamorado y maltratado por eso) desde un majestuoso lugar de marquesa que vele esas “&lt;em&gt;castraciones&lt;/em&gt;” femeninas, que no puede olvidar, reprimir. En cambio: las reniega, las desmiente. Subraya la articulación de esas prácticas sexuales con sus complejos infantiles reprimidos; el que, al escuchar comentarios escolares en el exterior, mande buscar un tintero (posiblemente para ensuciar y/o ensuciarse con él, degradándose aun más y “&lt;em&gt;aumentando la furia de la marquesa&lt;/em&gt;”).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dos puntuaciones finales:&lt;br /&gt;1) La reconstrucción dramática que nos presenta Buñuel del goce masoquista ilustra hasta el detalle el planteo de Lacan de que el masoquista es el verdadero agente del discurso. Me refiero a la escena en que Charlotte “se apresura” a tomar el “sacudidor” con el que tendrá que pegarle a Victor. El profesor le indica con decisión: “Todavía no, Charlotte”, a lo que ella pide perdón. O sea que aún en plena excitación no pierde la apariencia de dirigir el “juego”. Oportunidad que me sirve para aclarar cómo lo entiendo, porque Lacan plantea la función de agente como tal y no, por ejemplo, como emisor. A la vez que le da el carácter de apariencia (semblant). El profesor parece dirigir todo; sin embargo, lo hace hasta la minucia, bajo el mandato de su organización fantasmática pulsional y de una estructura en la que las prostitutas no pueden hacer otra cosa que servir a sus indicaciones. O sea, sólo agencia (es delegado) en y de un lugar en la estructura de discurso en la que pareciera ser el amo. Pero para poner en acto una escena que le asegura del partenaire una actividad que le permite ser un objeto gozado hasta el dolor por el otro, y así poder gozar él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;2) En el artículo sobre Belle, planteé que su dificultad para llevar adelante la escena con el profesor residía en que se le aparecía como una caricatura del marido y que eso le resultaba ¡otra vez sopa!&lt;br /&gt;Agrego: y de la peor. En sus fantasías deseaba que el esposo no cediera ante sus reticencias, no se quedara sólo en cortejarla. Quería exigencia, incluso hasta violencia. Deseaba un amo. Por eso, más allá de algunos remilgos que le imponía su “conciencia de culpa”, vuelve al lupanar 5 y se pone bajo el mando de Anaïs, sigue las órdenes del primer cliente patrón y luego del Oriental, gozando hasta del dolor. Es más: según lo que ella y el marido declaran en otra escena de la película, desde que se metió en el quilombo ha “mejorado” su actividad sexual matrimonial.6 El final de la película, en el que uno de los pretendientes de la señora Cerisey cae bajo las balas de la policía y el marido queda parapléjico, informado sobre los gustos de aquélla y absolutamente a su merced, muestra, de igual modo que la resistencia de Belle a servirle al profesor, que ella quería un amo, pero para reinar sádicamente sobre él (o sea, ser su amo superior). Tal como para el especialista de señoras, su masoquismo vehiculizaba su posición de agente y amo del discurso en el que se promovía y gozaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como se ve, la cuestión del amo y del esclavo tiene muchas idas y vueltas, íntimamente ligadas al devenir sexual. Y no como cosa de hombres o mujeres, sino de relación con la castración, con la función fálica. Creer serlo o creer no serlo suple el creer no tenerlo, o el creer que se lo tiene.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 Ratificando la teorización de Lacan sobre la estructuctura de discurso y sus diferentes giros y variaciones.&lt;br /&gt;2 Lo que algunos teóricos económicos del neoconservadorismo creen haber descubierto ahora.&lt;br /&gt;3 Títulos de dos importantes trabajos en los que Freud plantea las dificultades de los hombres para condensar en una sola imagen femenina la imago maternal de la madre y su imago gozosa de la sexualidad.&lt;br /&gt;4 Curiosidad, investigación, primeramente sexual y muy ligada a la mirada.&lt;br /&gt;5 Mientras escribía este artículo, me encontré con la siguiente noticia remitida por María Laura Avignolo, en Clarín del 2 de febrero de 1998: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El diputado del Partido Conservador británico (y ministro de su gabinete en la sombra) Tim Boswell, acaba de descubrir por los diarios dominicales que su hija Caroline es una prostituta que cobra 700 dólares por sus servicios sexuales&lt;/span&gt;”. Como vemos, no sólo en las fantasías se cuecen damas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6 Este tipo de cuestiones debería hacer recapacitar a la tontería psicologista que, siguiendo modas de las ideologías hegemónicas en los campus universitarios de USA, capital en varios sentidos de la “aldea global”, tiende a simplificar temas tan complejos como los de la violencia familiar y del “acoso sexual”. En el sur profundo de los Estados Unidos,Maria Kay LeTourneau fue condenada a siete años de prisión y a la separación de su hija de sólo seis meses, además de la que ya sufría de sus cuatro hijos del primer matrimonio. ¿Su delito? Reincidir en verse con su gran amor y padre de la bebita, un ex alumno de catorce años que seguía tan enamorado como ella. La condenaron por acoso sexual y pervertidora del muchacho. ¿Es acosadora, pervertidora del púber? A todas luces, no. En las perversiones, el amor no mete la cola. El perverso sólo busca gozar y, para ello,manipular a voluntad su objeto, como transparentemente lo muestra el profesor que nos ocupa. Según describe Clarín (8-II-98): “El encantamiento fue mutuo. Cuando el alumno cumplió trece años (edad del despertar sexual de la pubertad, e iniciática en muchas culturas, por ejemplo, aún hoy entre los judíos) los amantes decidieron sellar el ‘amor prohibido’: tendrían un hijo que los uniría para siempre”. En las noticias del 11 del mismo mes, la madre del muchacho afirma que no duda del enamoramiento de la profesora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que a quien ella estrangularía es a su hijo por haberla traicionado. Lo que facilita entender a Mary, es que, madre también,“sabía” quién iba a sentirse la “verdadera perjudicada” por su historia de amor, pues a la única que pidió perdón fue a ella.Tal es su amor que en libertad condicional arriesgó todo por el encuentro. Incluso (al tanto de las consecuencias si era sorprendida) violó la palabra que le había dado a la jueza cuando le dijo: “Esta historia no se repetirá. Yo sé que hice algo que está mal moralmente”. Observemos que no reniega del amor, sólo acepta la acusación de su conciencia moral. Lo cual es lógico. El mismo diario la describe como: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Profundamente religiosa, no faltaba un solo domingo a misa&lt;/span&gt;”. No está de más agregar que la maestra tuvo escuela: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;...el padre de Mary Kay, un republicano ultraconservador, vio frustrada su carrera política cuando se descubrió que tenía dos hijos con una amante, alumna suya en la Universidad&lt;/span&gt;”. En este contexto toman lugar tres observaciones: 1) Fue obligada a iniciar un tratamiento psiquiátrico por desviación sexual. 1.1) O sea: en el sexo hay que ser derechito (!). 1.2) ¡Quisieron obligarla a curarse del... amor! 2) La jueza la retó: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ha desaprovechado estúpidamente una oportunidad&lt;/span&gt;”. 2.1) Estupidez de la jueza y de la pasión yanqui por no desaprovechar oportunidades, en este caso: ¡de renunciar al amor! 3) La fiscal comentó: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Desafortunadamente, se probó que el Estado tenía razón&lt;/span&gt;”. 3.1) El desafortunadamente indica que el deseo de ella iba por el lado de que la razón la tuvieran los enamorados. 3.2) ¿Cuál era la razón del Estado? Saber que los enamorados iban a insistir en verse. Ese tipo de “conductas” trastoca a la familia tradicional, baluarte de un puritanismo que reduce el imaginario social a que no hay nada más importante que producir (MaxWeber) y hacer la guerra como Dios manda, para lo cual no hay que desviarse en amoríos y sexo (time is money). He ahí su Razón de Estado. “Casas más, casas menos”, igualito que el fundamentalismo islámico que dicen combatir. 3.3) Pero ocurre que dicha familia tradicional está en extinción. Como lo muestra el padre de la condenada y sus andanzas, tanto como las del presidente Clinton, y las declaraciones de un dirigente demócrata en apoyo a su líder y en defensa del derecho de los políticos a la debilidad de la carne, cuando confiesa en presencia de su familia también tener una amante. O de manera más generalizada, el desarrollo entre los mormones de la familia poligámica y la universalidad en Occidente del crecimiento de la tasa de divorcios, segundos y terceros matrimonios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al que hasta el momento no le va tan mal es al Presidente. Está cabeza a cabeza con Paula Jones, quien, como prueba de que la “&lt;em&gt;acosó sexualmente&lt;/em&gt;”, afirma conocerle un tatuaje en el escroto. Mientras, este ángel hace millones de dólares con sus desnudos en revistas especializadas. Un poco más se le complicó con Mónica Lewinsky, una pasante universitaria a quien una amiga de esas que nunca faltan, con ayuda del FBI, le grabó conversaciones en las que relataba “tragadas de bala”, o más elegantemente, como titulan los diarios, &lt;em&gt;“sexo oral&lt;/em&gt;” con el presi. Parece que va a zafar, acusando al fiscal que lo persigue, un tal Kenneth Starr, republicano (el más conservador de los dos grandes partido yanquis), de filtrar secretos del juicio. Pero lo que más le está facilitando las cosas es el Informe anual sobre el estado de la Unión con déficit cero, el primero en treinta años (conseguido gracias al esfuerzo de todos nosotros, el resto de la “&lt;em&gt;aldea&lt;/em&gt;”, y de los más pobres de su país). O sea, time is money y el acoso sexual... dependen también de la many y no sólo de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que —y así son las paradojas a que suele llevar la estructura del ser parlante— lo imaginario del sexo también puede ser utilizado, como ocurre con Bill —y sus amigos y enemigos— para encubrir la forma preferida de goce que conoce el Poder: ser instrumento para el dominio perverso del Otro. Es en este contexto descrito como circunstancial, pero que no es más que emergencia actual de lo estructural, donde hay que analizar fenómenos como el del llamado acoso sexual. O el de la violencia familiar. No es lo mismo que algún jerarca quiera usar su poder para que una secretaria comercie sexualmente con él, a que un marido quiera y hasta le exija a la esposa coger. Lo mismo en las cuestiones sobre violencia familiar. La defensa de la supuesta víctima es lo más fácil y simple. Pero excluye del análisis que, cuando una situación se hace sostenida, indica que son por lo menos dos los que la sostienen.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego habrá que analizar en mérito de qué. Y en esos casos, no es lo mismo una mujer pobre e ignorante amenazada de muerte, que una con posibilidades de huida y de poner en juego todos los resortes de la Justicia. En el colmo del ridículo, una psicóloga, Berardi (especialista en violencia familiar), describió a Susana Giménez como mujer maltratada, en el programa de Grondona del 20-II-98, después de que —según confesiones públicas de ésta— le había roto la cara con un cenicero a su último “&lt;em&gt;botones...”,&lt;/em&gt; digo, esposo. El episodio que estoy analizando de la película de Buñuel muestra, a través de la señora Belle Cerisey, que si hay masoquismo —y éste también, con sus propias características, suele formar parte de las neurosis— se agencia la escena.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Claro que tanto al Poder (para velar) como a la pereza mental (para no elaborar) les conviene simplificar y hacer show. El imaginario humano y su condena a la debilidad mental, no tiene límites. (Partes de este pie de página fueron publicadas como artículo en Página 12 del 20 de febrero de 1998.)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-3110058244140032430?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/3110058244140032430/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=3110058244140032430' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3110058244140032430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3110058244140032430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/especialista-de-seoras.html' title='Especialista de Señoras'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-8170263788085645003</id><published>2008-09-29T10:44:00.000-07:00</published><updated>2008-12-01T08:54:43.013-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 21'/><title type='text'>Belle de jour: traba/ja/ Dora sexual</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Estamos luchando por ser reconocidas como trabajadoras sexuales y porque se nos respeten nuestros derechos, los que nos son negados permanentemente. Ser reconocidas como personas y que se nos deje de llamar “putas, las locas de la calle”, prostitutas, porque estamos convencidas de que son muchas las formas de prostituirse. Luchamos para que no nos traten diferente, porque no somos diferentes. En todo momento, sea el lugar de trabajo o no, somos tratadas como la escoria de la sociedad.[...]&lt;br /&gt;A aquellos que no entienden por qué ejercemos este oficio (por cierto el más viejo), les decimos que hay tantas cosas que no están claras ni para nosotras mismas... entonces por qué en vez de juzgar y criticar no tratamos de entender...&lt;br /&gt;Llamamiento de AMMAR1&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un bello camino bordeado de árboles le da marco y destino a un carruaje señorial. Un &lt;em&gt;sensato&lt;/em&gt; matrimonio pequeño burgués va hacia algún lugar. Él le dice que la ama, ella asiente y le indica que es lo único que hace, susurrando un &lt;em&gt;“pero”...&lt;/em&gt; Él retruca que quisiera que todo fuera perfecto, pero... ella es tan fría... La va a besar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Molesta, retira la cara, e imperativamente le espeta que no quiere hablar de eso. Él le ofrece su ternura, ella replica: &lt;em&gt;“¿De qué me sirve tu ternura?”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El carruaje majestuoso sigue su marcha. El doctor Cerisey se transforma en un verdadero patrón y ordena detenerlo. Los mozos de librea acatan. Le impone a su amada &lt;em&gt;descender.&lt;/em&gt; Ella busca resistirse.  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El doctor ordena a los lacayos que la bajen. Lo hacen, a pesar de los ruegos e intentos (no muy decididos) de impedirlo por parte de la &lt;em&gt;maltratada&lt;/em&gt;, quien promete explicarle todo y dice que lo que ocurre es por los otros. Él la califica de &lt;em&gt;“putita”.&lt;/em&gt; La arrastran por el bosque, la atan y, siguiendo las indicaciones del amo, le hacen conocer el rigor del látigo. El hermoso rostro sufre, pero sin perder una tenue sonrisa. Que se intensifica cuando, por mandato del bello y, hasta ahí, tierno y complaciente esposo, es poseída por el más feo y brutal de los cancerberos. Cae el hechizo, y el espectador advierte que no estaba más que ante una fantasía de la protagonista. La que se despliega a partir de que el marido accede cortésmente a sus negativas. Desde ese punto, ésa será la estructura formal del movimiento fantasioso de la joven durante el resto de Belle de jour, el clásico filme de Luis Buñuel.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hecho real: &lt;em&gt;tierno y cortés intento de abordaje erótico por parte del esposo o en alguna ocasión de “otros”. Rechazo, a veces más tibio, otras más cortante, de la cortejada. Resignación del cortejante, fantasía masoquista de ella.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Como se verá en otro tramo de la película y de sus fantasías, en la que el señor Husson y el marido se baten a duelo, &lt;em&gt;la cortesía y el honor de los caballeros la malhiere.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todo proseguiría así de no escuchar la &lt;em&gt;tímida&lt;/em&gt; esposa, de labios de una amiga, pareja de Husson, un hombre descrito como rico, ocioso, descortés y hasta (sólo hay insinuaciones) brutal y degradante, el relato de que una señora de su clase practica la prostitución para sumar dinero a la bolsa. El hombre advierte el desconcierto y la pizca de atracción que la narración ejerce sobre la señora de Cerisey. Se despiertan su interés y aventurados intentos de seducción, digna y secamente rechazados por la dama. En ese contexto transcurren algunos diálogos en los que deja entreverse que él es sin dudas un patrón. Tanto por referencias a los obreros, como a las prostitutas. Leve, casi imperceptiblemente deslizado, la película muestra que obreros y prostitutas pertenecen a una misma clase: la de los que viven entregando la plusvalía de su trabajo a otros. Lacan diría el plus de su goce 2 Después de esos rechazos exitosos, se instalan en la atribulada mujer fantasías masoquistas con el hombre amo, fantasías en las que tiene un lugar el marido. A veces placentero; otras, sufriente. En el placentero, intenta rescatarlo como macho brutal; en el sufriente, lo condena por ausencia de violencia real, que la fantasía de ella y su goce real consideran aderezo indispensable de lo viril. Pero lo fundamental para lo que vendrá, habrá sido la toma de conocimiento del hecho real de la existencia clandestina y disimulada de prostíbulos y de que señoras de su clase trabajan en ellos. Ya nada será igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se hace evidente que la idea de ir a ejercer en uno de ellos se le impone y la turba. Husson, el amo vil, tuvo la delicadeza de, como al descuido, dejarle saber el domicilio de uno. Finalmente se presenta. La recibe la patrona. La trata con experiencia. Combina la dulzura con la firmeza. Allí no se va a perder el tiempo ni a hacérselo perder a nadie. Ante sus remilgos combina dos tácticas: dejarla ir (con lo que le transmite que es prescindible) con la imposición, para cuando vuelva, de que al patrón(a) se le obedece. De lo que cobre por los servicios, cincuenta por ciento para la trabajadora, cincuenta por ciento para la patrona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así son las cosas. A partir de ahí, queda a sus pies. ...Pa’ lo que guste mandar. Su primer trabajo: un hombre feo, entrado en años, grosero, que no encuentra otra representación de sí que el dinero, los regalos, el asustar y el vanagloriarse del desprecio por sus obreros. La apariencia delicada de la señora Cerisey, ahora bautizada por la patrona y su horario como Belle de jour, se estremece. Intenta una ligera resistencia, pero esta vez encontró un amo adecuado. Sin hesitaciones, la tira sobre la cama y, después de decirle entre otras cosas el “putita” escuchado en sus fantasías, le hace hacer todo lo que a él le plazca. Ella, lejos de arrepentirse, no deja de volver. Lo único que no logra armar es un personaje, el de la Marquesa,mandona y golpeadora, que un médico especialista en mujeres necesita para poder gozar. Es lógico. Ese hombre no semblantea más que la caricatura de la sumisión de su marido a los gestos de ella. Es ¡otra vez sopa! En contraposición se entrega gozosa a un inmenso oriental, del que no entiende nada (habla otro idioma) y al que manifiestamente no le quisieron cobrar de más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar que, evidentemente no sabía de los valores del franco, le dieron su vuelto. Pero mostró sus enormes músculos que hacían sonar campanillas (como las del carruaje de la escena inicial y de la fantasía final) y un insecto que transportaba enjaulado y zumbón. Cuando contento se va, manifestando su deseo de poseer a una púber que se le cruza, entra la mucama (madre de ésta) en la habitación y encuentra a Belle exhausta sobre el lecho, con el traste para arriba. En una toalla, evidentes manchas de sangre dejan entender al espectador que había sido gozada y desflorada por el ano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La doméstica se impresiona y se conduele.&lt;br /&gt;Se lo dice. Ella, con una sonrisa, le replica que de eso la sirvienta no comprende nada. Todo habría seguido así, de no ser porque el amor metió la pata. Reaparece en el prostíbulo un viejo delincuente. Un aprieta burócratas en ascensor. Ahora, las policiales dirían: Sujeto masculino de entre cuarenta y cincuenta años, de fuerte contextura física, con frondoso prontuario y cicatrices en el rostro, especializado en “salideras”. Lo acompaña un jovenzuelo que es la escoria en persona. Incapaz de sostener una conversación. Desdentado, sucio y rotoso. Soberbio y prepotente, da en todo momento la impresión de que está deseoso y a punto de matar a alguien. Belle de jour lo impresiona. Tal vez por su apariencia fina, delicada, superior. Se la saca al “viejo”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Éste lo deja, según cuenta, por cuestión de deudas. El chico un tiempo antes le salvó la vida. Si no, ni a su padre le hubiera permitido el gesto salvaje del joven. La deuda de vida establece las funciones: el viejo es tomado como hijo.&lt;br /&gt;En la primera vez, el filme repasa cuentas de castraciones y de reacciones frente a las mismas. A él casi lo lleva a la impotencia una mancha que le encontró a la tan perfecta en la piel. A Belle, por el contrario, una cicatriz que acaricia en la espalda del delincuente (producto de un navajazo) la cautiva aun más, al igual que su dentadura de plomo resultado de la pérdida de todos los dientes en alguna trifulca. A partir de ahí, se podría decir que el muchacho no puede vivir sin ella. La busca en todo momento. No soporta que cumpla horario. Se pone cada vez más violento. Unos días del matrimonio en la playa le tornan inubicable a la amada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se enfurece. Cuando vuelven a encontrarse en el prostíbulo están desbordantes de libido, ¡bah!, fornican como endemoniados. Pero a él ya no le alcanza. Se le torna insoportable la existencia del marido, del que, se da cuenta, ella está enamorada. Antes, en una concurrencia fortuita, Husson descubrió a la señora Cerisey trabajando de Belle de jour.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No hay nada más que hacer. La señora Cerisey decide renunciar. Todo se ha vuelto demasiado peligroso, hay que abandonar el trabajo. Una cosa son las satisfacciones pulsionales, el goce, y otra, deseos, amores y fantasías. Se lo comunica a la patrona. Ésta primero se resiste a perder una empleada tan preciada. Luego entiende que el peligro podría terminar arruinándole el negocio y accede.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahí se produce una escena clave. Cuando se despide, Belle Cerisey busca darle un apasionado beso de lengua que la madama rechaza después de haberlo insinuado en los inicios. ¿Qué ha pasado? ¿Nuestra heroína se volvió lesbiana? Nada de eso. Como dijo el maestro francés:3 &lt;em&gt;No hay relación sexual, La mujer no existe y el Otro sexo para todos(as) es la madre.&lt;/em&gt; Lo único que ocurrió fue que deseó gozar (en la despedida) dándole a ella (Maestra y Ama) un último plus de su goce. Y la &lt;em&gt;madama&lt;/em&gt;, patrona verdadera, decidió de qué plus se apropia y cuál rechaza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Veníase precipitando todo. El resto, la escoria, que sin la bella no podía ser otra cosa, la hace espiar por aquel al que salvó (&lt;em&gt;el viejo&lt;/em&gt;). Ubica su domicilio y se presenta en él. El juego ha terminado.&lt;br /&gt;No hay más convenio. Ella así se lo hace saber. El goce llegó a un límite que no está dispuesta a traspasar. Su amor está en el hospital, en la reparación, o sea en el galeno. No le ocurre lo mismo a la escoria. Para él no se trata sólo de gozar: de eso tiene en exceso. Quería ser amado por quien ama. A pesar de su brutalidad, en ningún momento ejecutó nada que pudiera lastimarla. Antes, en el prostíbulo, en medio de la furia, solamente atinó a destrozar la imagen de una &lt;em&gt;maja desnuda (el viejo&lt;/em&gt; es español). En la mansión, alguna vajilla. Pero a su Belle no la lastima.Va a la calle y pistola en mano, desaloja del auto común al &lt;em&gt;viejo&lt;/em&gt; deudor. Él queda a la espera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algunos tiros indican que trató de eliminar al &lt;em&gt;otro&lt;/em&gt; (el marido de Belle Cerisey), quien queda malherido sobre la vereda. Huye, se tirotea con la policía y muere. Definitivamente pasa a ser lo que era: escoria, desecho, resto humano. Al otro no le va mejor: queda ciego y parapléjico. Pero oye, aunque preferiría no escuchar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Monsieur Husson, el apreciado “amigo” que “sabe” sobre su bien, ha decidido contarle todo al inválido para que no se sienta en deuda con la solícita samaritana que lo cuida (la fría [?] señora Cerisey). A esta altura debo recordarles que, tal como indiqué antes, mientras ella trabajaba en el lupanar, monsieur Husson había hecho una visita a éste. Se encontró con sorpresa a la “nueva” (Belle de jour), que primero quiso esconderse, que luego le rogó que no le contara al marido y que finalmente se ofreció para que hiciera con ella lo que le placiera. Husson le deja unos pesos y se retira. Esa mujer había causado su deseo mientras la creyó virtuosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la misma manera que las trabajadoras sexuales se lo causan, en tanto las supone puramente degradadas. Pero una virtuosa degradada, lo deja frío... lleno de rencor. Así no vale. O una cosa o la otra; las dos juntas es demasiado para un buen patrón y hombre cabal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La oportunidad de descargar la desilusión y el rencor llega cuando la tragedia en silla de ruedas y con ojos inútiles se entera, gracias a la decisión de Husson de hacer el bien y no ser (sic) cruel, de las porquerías que la etérea e impoluta esposa hacía, mientras el doctor trabajaba cortando cuerpos. Cuando la señora entra nuevamente en escena, el rostro dolido de éste y su mano aun más invalidada indican que los ojos pueden no ver, pero si los oídos escuchan, el corazón siente. En la fantasía de la señora reaparecerá el carruaje, ahora vacío (ellos ya llegaron) transitando el mismo camino sin destino. Mientras, el inválido se levantará sonriente (de la silla ortopédica) y una vez más, con el rostro distendido, le volverá a hablar de amor, a lo que ella responderá con lo mejor de sus sonrisas y ternuras. No hay porqué ocupar el carruaje. Lo real de la vida superó a la fantasía y, en una anticipación del posmodernismo, dejó al burgués amoroso invalidado, creyendo haber logrado el amor de la histérica y a ésta llena de amor por el resto (a como desecho). ¿Y el deseo? Insatisfecho para ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Patrón y obrera otra vez, en un camino sin horizontes y sin habitancia (si se me permite el neologismo). Es importante señalar que los dos amos afectados por el amor (Cerisey y Marcel, el escaso delincuente) son los que verdaderamente mueren duelando por ella (aunque el doctor a esa altura sólo sospechara). A la inversa de la fantasía de ella, en la que en el duelo —entre su esposo y Husson— la malherida es ella. El único amo que verdaderamente no pierde es el decididamente cruel, el que no aspira a otra cosa que a apropiarse del plus de goce (en este caso, puro dolor) de aquellos a los que les hace saber lo que de algún modo sabían.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una curiosa digresión. Cuando colocamos la primera edición de Pollerudos, nos encontramos con la sorpresa de que tanto colegas franceses como latinoamericanos (incluidos argentinos), que hace mucho habitan el país galo, nos dijeron que en esa lengua no hay un término capaz de traducir el nombre del libro. No así en otros países de América latina o en España, donde puede ser reconocido, entre otros, por el apelativo de falderos. Ingenuos, pensamos: en Francia no habrá pollerudos, ¡qué suerte para sus mujeres!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero el recuerdo de algunos rápidamente nos desmintió la ocurrencia. Inmediatamente pensamos: &lt;em&gt;No, es la casualidad. Seguramente ocurre que conocemos a los muy pocos que hay.&lt;/em&gt; Pero rever &lt;em&gt;Belle de jour&lt;/em&gt; nos hizo cambiar de idea. Es innegable que tanto el doctor Cerisey como el amo Husson, como el joven marginal muerto por las balas de la Sûreté, o el adinerado y grosero pequeño burgués de la primera experiencia de &lt;em&gt;Belle de jour&lt;/em&gt;, son diferentes clases de pollerudos. Se nos puede refutar: &lt;em&gt;“Pero Buñuel era español, no francés”&lt;/em&gt;. Sin embargo, toda la trama está situada en su mayor parte en París y habitada por franceses y francesas. Y sabemos que en Francia fue una película de gran éxito.O sea que los franceses de algún modo se reconocieron en ella. Por lo tanto, en ese país también hay pollerudos como en cualquier otro. Nos animaríamos a afirmar que el pollerudismo es un síndrome universal. El punto, entonces, es la siguiente pregunta: ¿por qué esa lengua no tiene significante para designar una entidad de semejantes dimensiones?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Será que para ella no es síntoma? De ser así, estaríamos ante un rasgo de carácter. Como bien sabemos, gracias a Freud y Lacan, el síntoma (desear saber sobre lo que engendra el malestar proveniente de no querer saber sobre ello) genera mejores condiciones de posibilidad para psicoanalizar, o sea, para que el sujeto trabaje con su real.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Post scriptum&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El 3 de junio de 1998 fui invitado por la comisión científica del Círculo Psicoanalítico Freudiano a leer Belle de jour. Producida la lectura, ocurrieron una serie de comentarios, y entre ellos, una pregunta sobre cuál era el fantasma que animaba a la señora Cerisey. Agradezco la misma, porque me incitó a pensar en un tema del filme sobre el que no había trabajado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La película está sembrada de fantasías masoquistas de la señora. Sin embargo, casi todas tienen la particularidad de dejar mal parado al marido. En sus hechos reales, al mantenerlo con su deseo insatisfecho en tanto rechaza sus requerimientos sexuales. Le produce sufrimiento moral cuando pasa al acto de prostituirse, como se observa en las escenas finales, y cuando es enterado por Husson sobre las actividades clandestinas de ella. Se evidencia goce en su sonrisa al encontrar sus dedos la cicatriz en la espalda del joven delincuente y al advertir que a éste alguna vez le rompieron la boca.&lt;br /&gt;Todo culmina, como sabemos, en que a éste lo mata la policía mientras el marido queda en silla de ruedas. Obviamente cada protagonista hizo lo suyo para acercarse a dicho final, y Belle, también.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que estoy sugiriendo es que, velado por las fantasías masoquistas y hasta cierto punto por los pasajes al acto del mismo tenor, al leerlas (los) finamente, encontramos elidido un fantasma sádico, que es el que sostiene verdaderamente el deseo de la señora. Otra razón por la que se niega a hacerle de partenaire al masoquista &lt;em&gt;“especialista de señoras”. &lt;/em&gt;Como en el popular chiste: mientras el masoquista dice &lt;em&gt;“pegáme, pegáme”,&lt;/em&gt; la sádica contesta &lt;em&gt;“no te pego, no te pego”,&lt;/em&gt; contradiciendo y molestando verdaderamente a aquél, como la reacción enfurecida de él lo deja claro.&lt;br /&gt;Buñuel nos enseña, entonces, que,más allá del masoquismo, el goce de la histérica del deseo de deseo insatisfecho es inconscientemente un goce sádico que se subraya cuando se encuentra con el amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina&lt;br /&gt;2 Aunque algún alma bella, humanista, psicoanalítica, cristiana o marxista, da lo mismo, se escandalice.&lt;br /&gt;3 Jacques Lacan: Encore.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-8170263788085645003?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/8170263788085645003/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=8170263788085645003' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/8170263788085645003'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/8170263788085645003'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/belle-de-jour-trabaja-dora-sexual.html' title='Belle de jour: traba/ja/ Dora sexual'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-5516961288751436096</id><published>2008-09-26T13:00:00.000-07:00</published><updated>2008-11-27T12:16:14.021-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 20'/><title type='text'>De quien regaló un empate para re-encontrar un padre</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Su cara, sus gestos, el tinte grisáceo de la piel, la mirada interrogante, los hombros un tanto levantados mientras el antebrazo cruzado sobre el pecho sostenía una carterita (de las que se estaba poniendo de moda entre los hombres, pero que hasta ese momento habían sido solamente atributo femenino) apretada entre los dedos crispados de la mano, trasmitía fuertísima angustia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una pregunta lo acosaba: ¿soy homosexual? ¿Por qué esa pregunta precipitaba ahora semejante dramaticidad? Toda su vida no había practicado más que relaciones homosexuales. Bueno, toda su vida no: justamente hacía muy poco (tenía treinta y cinco años) le había ocurrido algo muy extraño. Insólitamente se había enamorado de una compañera de trabajo mayor que él, poco femenina y bastante matrona —no digo maternal, digo matrona— o sea, dura, seca, nada tierna, más bien mandona, ni linda ni fea. El análisis develaría luego que ésos eran rasgos comunes con su “amorodiada” madre. Producido el flechazo, comenzó un asedio sin pausas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obstinación es uno de los rasgos de carácter que más lo destacan y en esa oportunidad afloró con una fuerza que mantenía perplejos a propios, extraños, y a él mismo. Por dicha razón la situación no había pasado inadvertida a una bella histérica, amiga común del enamorado y de la matrona. Más huía la matrona, desconcertada por el asedio de ese buen y atractivo muchacho al que aún no se le habían conocido novias ni nada que se le pareciera (mantenía en secreto sus relaciones homosexuales), más la bella histérica lo asediaba. Con esta última le pasaba lo que habitualmente le ocurría con las “bellas”. Le encantaba seducirlas, gozaba con ello. Pero era algo que sólo le pasaba en la cabeza; en cambio, ahí —su mano indicaba los genitales— no le pasaba nada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras, arrastraba por las calles de la ciudad sus inmensos suspiros, su pena; porque la elegida, La única, indefectiblemente le decía que no. En tanto, la bella histérica, sumamente atraída por la pasión de él por la que ocupaba un lugar de mujer ideal para ella, no descansaba, tejiendo las redes con las cuales atrapar esa pasión dirigida a otra. Hilo importante de esas redes era su propio esposo, a quien llamaré Urano1 puesto que, si bien portaba un nombre que podía aludir a la castración, en los hechos era más como víctima de La mujer que como ejecutor. Era amigo y, según sus funciones, podría haber sido jefe de nuestro personaje, pero por sus hechos no era más que otro admirador de éste y de su tragedia. Contemporáneamente, el verdadero patrón de nuestro protagonista, harto de sus desplantes competitivos, le había dado un ultimátum. Al próximo exabrupto lo echaría sin más contemplaciones. A quien llamaré Cronos,2 para seguir el juego iniciado con Urano (y por sus paradójicas relaciones con el reloj), esto le significó más o menos el fin del mundo. Imaginariamente se le configuró un destino de soledad, hambre y frío, de llevarse a cabo la amenaza del “patrón”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Verdaderamente, estaba viviendo la muerte. La única no lo amaba y el amo (desplazamiento del padre, en tanto ocupaba una función directiva en una empresa que portaba el mismo nombre de la que, en funciones directivas, había trabajado el padre) amenazaba con expulsarlo. El terror se apoderó de su cuerpo que, en posición fetal, refugió sus huesos en la morada de la histérica y su marido. Solícito, Urano lo acompañaba tratando de dotarlo de razonables razones, que sin embargo no lo reflotaban del naufragio espiritual acontecido. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nada podía convencerlo de que, a partir de entonces, el destino no iba a ser extremadamente cruel con él. Pero ¿para qué está una buena histérica en la vida, si no es para reflotar impotentes? Al grito de “¡&lt;span style="font-style: italic;"&gt;yo te haré hombre&lt;/span&gt;!”, montó en él y logró el milagro. Por primera y única vez en la vida de ese masculino, su pene —erecto y turgente de modo suficiente— penetraba las cavidades misteriosas de la entrepierna de una mujer. No supo nunca muy bien por qué, pero fue la única vez que no temió que tan preciado órgano fuera aspirado por esas profundidades para no volver más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Digámoslo, más que coger, fue cogido, y no una sino tres veces por esa bella y apasionada &lt;em&gt;“donna”,&lt;/em&gt; pero de ahí no pasó la cosa. Es más, le gustó y tampoco fue que no la quisiera, todo lo contrario, la quería como a una hermana. Quizás más que a la propia, con la que había tenido sus manoseos a los ocho o nueve años, jugando al doctor. Pero, de esos manoseos, lo que más le había interesado era ver cómo otro se la “apoyaba” a la hermana en la fila del colegio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Del mismo modo, ahora estaba sumamente interesado en los desaguisados que la bella le contaba ocurrían en su matrimonio, en el que Urano no pasaba de ser “un buen apoyo” para ella.&lt;br /&gt;De la depresión ansiosa salió, elaborando esa relación de llamado rivalizante y por lo tanto rechazante que tenía con sus amos y que había tomado forma en una fantasía: &lt;em&gt;librar combate de a caballo, con un comandante en jefe que llevaba el nombre de la empresa en la que había trabajado el padre y que —como dijimos antes— era homónima de aquella en la que él era subordinado.&lt;/em&gt; De más está decir que nuestro valeroso “soldado”, frecuentemente, era paladín de causas justas y nobles en las que en cambio su padre había desfallecido.&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Desde muy pequeño este tema lo acosaba. Uno de sus recuerdos más antiguos, de los tres o cuatro años, lo representó. Iba con su madre en un tren (los trenes podían haber sido iconos en un escudo de armas familiar, si éstos tuvieran vigencia) y, en una de esas conversaciones que simpáticamente entablan los niños pequeños con vecinos de viaje, sorpresiva e intempestivamente, para desesperación de la madre, le dijo a su interlocutor, faltando a la verdad “material”, que su padre le pegaba con un látigo. Más adelante provocaba al padre con caprichos, sin lograr respuesta. Ya era un joven y todavía lo buscaba, extendiendo su baño por tiempos inverosímiles, a pesar de que (o porque) el padre lo necesitaba para ir a trabajar. Éste hacía gala de una paciencia infinita que a él lo sacaba de las casillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, entrando en la adolescencia, se espantó. Un día lo escuchó decirle a la madre que para enderezarlo (era muy caprichoso) tenían que mandarlo al liceo militar. Sin embargo, y a partir de ahí, una pesadilla recurrente lo asolaba: &lt;em&gt;estaba en la puerta de su casa, pasaba un camión lleno de soldados, lo levantaban y se lo llevaban. La madre, desesperada, quedaba sola en la puerta viéndolo irse. Una fuerte crisis de angustia lo despertaba.&lt;/em&gt; Como vemos, tanto la mentira que le relató al vecino de tren como la pesadilla vehiculizaban el deseo de que el padre portara un falo violento, hasta guerrero, que lo privara a él de la madre y a la madre de él. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lamentablemente, lo que el pibe y el púber desearon no se hizo realidad. El padre no se acercó a él, ni como autoridad, ni cariñosamente. Excepto una vez, en la que él le pidió prestado un automóvil recién comprado y que tenía ese valor que toma en las familias de orígenes modestos: ser el primero que se tiene. El padre, al principio, le dijo que no y luego “aflojó”, explicándole que lo que pasaba era que temía que tuviera un accidente, que por favor manejara con mucho cuidado. Nunca había escuchado de esos labios semejante expresión de amor. La conmoción fue muy grande, tanto, que a la vuelta del “week end” mientras una cortina de agua le barría el parabrisas, hizo una mala maniobra que volcó al auto salvándose de morir por milagro. Claro que cortina era un significante que se había “cargado” particularmente, desde una de las pocas veces que se encontró privado de la madre (de paso digamos que era homofónico del nombre de ella, a quien llamaremos Corina). Era un púber cuando al volver de improviso a la casa se encontró con los padres cogiendo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ansioso, enojado, se escondió detrás de una cortina y desde ahí observó la escena hasta el final. En ella, la madre literalmente montaba al padre. Finalizado el acto, La madre cayó en cuenta de quién estaba de espectador. Al captar éste que había sido advertida su presencia, salió corriendo a refugiarse en el baño. Ella, puesto un salto de cama, fue tras él. No hubo razones ni ruegos que lo hicieran salir de ahí por unas horas. Y sobre eso no se habló más. En la fantasía homosexual de la adultez, los que montaban eran hombres, ninguna mujer era cogida y la lucha con armas blancas era a muerte, sin intermediación del baño. En la cotidianidad la competencia con el padre era por la apropiación del baño. Más adelante, en sus relaciones homosexuales, sería con los partenaires, algunos “levantados” en baños, por la apropiación del ano. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lamentablemente de niño, nunca fue derrotado por el padre. No se generaron entonces las condiciones necesarias para que a posteriori él mismo fuera derrotado por nuestro personaje. Por el contrario, con el accidente casi paga con su vida el deseo de evitar el desfallecimiento crónico del padre. Curiosidades sobre la metonimia (desplazamiento) y el poder restitutivo del significante: quedó fijado a un trabajo cuyo peso mayor estaba puesto en el funcionamiento de cortinas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Salido de la depresión, tomó el centro del análisis la modalidad homosexual que lo distinguía desde los diecisiete años. Relaciones ocasionales y, como dije antes, clandestinas,“levantes de calle o de baños” en los que el papel rector lo jugaba la mirada. Con jóvenes de una condición social e intelectual inferior, a quienes penetraba analmente, no dejándose penetrar jamás. A veces se estabilizaba con alguna pareja con esas características durante un tiempo. Cuando aparecía el amor (creía que sólo con relación a hombres de su misma condición sociocultural), o la pareja no se concretaba, o al no mucho tiempo se deshacía. Le llevó muchos años poder relatarle al analista que, en su goce sexual, también la masturbación y/o los fellatios mutuos desempeñaban un papel destacado. A ojos vistas no quería perder semblante masculino ante el (O)otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su primera relación homosexual había sido con un compañero de trabajo que, por diferentes razones, le aparecía absolutamente degradado. Con él mantuvo luego relaciones ocasionales, diciendo siempre que no tenía otra importancia que la de la satisfacción pulsional. Por su vida habían pasado y pasarían muchos hombres más importantes. No obstante, el final del análisis depararía una sorpresa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De lo que siempre había hecho cuestión de honor era de su masculinidad. En su fantasía, la peor ofensa podía ser que lo llamaran maricón, mariquita o puto. Cosa que nunca había ocurrido, por lo que relatamos con respecto a mantener el más absoluto secreto sobre su actividad sexual. Excepto algún detalle en los gestos, casi imperceptible y muy común a muchos obsesivos, su aspecto era de muy macho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Habiendo insistido tanto, durante los más de diez años de análisis, acerca de que &lt;em&gt;las mujeres le excitaban el seso pero no el sexo y que con los hombres le ocurría al revés,&lt;/em&gt; fue puesta a trabajar la pregunta sobre dónde estaría la diferencia. Para sorpresa del analista, la misma se manifestaba en el culo. Mientras que el de los hombres aparecía ante su mirada como “levantado, duro, resistente” (fálico podríamos decir), el de ellas aparecía “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;chato, blandito, caído, frágil&lt;/span&gt;” (¿castrado?). Mientras que aquéllos excitaban su libido y hacían de su pene un arma penetrante, los de ellas no le quitaban el sueño, no lo sacaban de la vaina. Ellas siempre resultaban sus protegidas, en cambio ellos, sus adversarios. En ellos, aparentemente, buscaba derrotar su consistencia, hacerlos desfallecer. El final nos indicaría que lo que deseaba, aunque la idea lo aterrorizaba, era desfallecer gozando, penetrado por un hombre. A las damas, las necesitaba frágiles, para poder cuidarlas y no ser perseguido por sus cuidados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces entendemos la vacilación fantasmática que lo empujó al análisis: enamorado de La única y perseguido por la bella, el amo penetrante se aprestaba a expulsarlo, con lo cual Cronos lo perdía, a la vez que se perdía “chupado” en el antro femenino.&lt;br /&gt;Desarrollado el análisis y jugado en la transferencia, en la que un equívoco con relación al contestador automático del analista indicó que éste, al igual que el padre del analizante, ya muerto, se había transformado para él en un frío contestador automático, apareció la necesidad de comunicar su “verdad” sexual a la comunidad de la que formaba parte. Él creía que se refería a su pasado y presente homosexual. Pero el desenvolvimiento de las circunstancias, a posteriori de un “descubrimiento” en el análisis de su discurso, expondría que se trataba de una verdad que había permanecido secreta para su yo. A través de una serie de avatares, entre los que rondó el intento de suicidio, cayó la formación reactiva, y “aceptando” la “autorización” de un sacerdote católico (como sabemos: un padre) que comentando una situación general de la vida le espetó “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;relájate y goza”&lt;/span&gt;, se dejó penetrar analmente por aquel supuestamente depreciado, primer partenaire homosexual. Supuestamente, decimos, porque en razón del relato de su primer pasaje a la receptividad anal del pene del otro apareció como un rasgo muy importante de éste su ternura, que, como se recordará, estaba inhibida en sus progenitores. Descubrió en ese acto un goce insospechado por su conciencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por no ser privado realmente de la madre, debido al lugar que él ocupaba en el fantasma materno y debido al fallecimiento del padre, no se había producido durante el Edipo la asunción simbólica de su sexo masculino con relación a objetos femeninos que fueran desplazamientos de aquélla. El sujeto respondió a la dificultad, instalándose en la juventud como homosexual. A través del análisis, cayó del circuito imaginario de agresividad con el padre, sostenido hasta entonces por objetos metonímicos. Pasó a desplegarse lo que en él había quedado como fijación identificatoria con aquella madre fálica, la que, en el mismo acto de “montar” al hombre, era penetrada por él. Entonces, pasó a “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;relajarse y gozar&lt;/span&gt;” del pene del subrogado paterno —que en ese acto desfallecía, pero esta vez con razón, pues antes lo había hecho gozar sin inhibiciones—.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOTAS&lt;br /&gt;1 Urano, en la mitología griega, fue castrado por los hijos en alianza con la madre, o sea, con su esposa.&lt;br /&gt;2 Uno de los hijos de Urano, partícipe en la castración del padre, y Dios del tiempo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-5516961288751436096?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/5516961288751436096/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=5516961288751436096' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5516961288751436096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5516961288751436096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/de-quien-regal-un-empate-para-re.html' title='De quien regaló un empate para re-encontrar un padre'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-5100138439746821164</id><published>2008-09-25T13:36:00.000-07:00</published><updated>2008-11-27T11:50:45.609-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 19'/><title type='text'>Argumentos de la vida erótica</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estoy en una entrevista con alguien a quien se podría considerar un hombre exitoso: le va muy bien en el trabajo, es adinerado y, según dice, también le va bien con las damas. Hace un relato detallado de sus éxitos, pero no exagera; tiene conciencia de las limitaciones de todo, pero aun así el balance general es satisfactorio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Especialmente con las mujeres, que por varias razones no se le niegan, diremos que se le ofrecen casi en abundancia. Sin embargo, consulta porque desde hace un año está oscilando entre la angustia y la depresión. Sin ir más lejos, pocos días atrás, este hombre de cincuenta años se hallaba en una fiesta donde había varias chicas a las que él cariñosamente llama “sus novias”, incluso estaban las madres de las chicas, señoras de la edad de él, a quienes apoda “suegras” con el mismo cariño, todas agasajándolo con mucha dedicación... cuando de repente, se retira.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al rato está solo, triste, frente a un vaso de vino y pensando en “ella”, encerrado en su departamento. “Ella”, a quien llamaré Sofía, es una joven con la cual vivió un romance. Estaba muy enamorado, pero la dejó. Aun cuando fue él quien tomó la determinación, se sintió cruelmente abandonado; a decir verdad, ése era el sentimiento prevaleciente durante el tiempo que pasó junto a ella. Parece que Sofía no estaba con él: no es que no le prestara el cuerpo, pero se lo prestaba como ausentándose, casi dejándolo hacer, y se lo hacía notar de modo tal que no le quedaran dudas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Según su relato, hacer el amor con ella era como hacerlo con una cosa inerte. Así que decidió dejarla. Aunque por motivos profesionales, pero también pasionales, la veía a menudo, lo cual reabría las heridas.&lt;br /&gt;La narración que hace permite inferir rápidamente que la chica aprovechaba para hurgar un poco en las heridas, y después de marcar una cierta presencia volvía a su ausencia de siempre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Parece que Sofía “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;acababa de salir de una relación muy intensa&lt;/span&gt;” cuando empezó a salir con él. Estaba, como se dice, “de duelo”, y entonces no era posible mantener con ella más que un contacto por completo exterior. Él vive con el convencimiento de que en ese encuentro hubo un desfasaje temporal, lo dice con hondo desconsuelo.&lt;br /&gt;No se trata de un error humano, una falta que él podría atribuirse o atribuirle a ella, nada de eso, pura fatalidad. Si él la hubiera conocido uno o dos años más tarde, ella hubiera estado seguramente con el corazón dispuesto a amar con mayor entrega.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después él pasa a referir cuestiones generales sobre su familia de origen.&lt;br /&gt;Lo invito a volver otro día, y este hombre se va.&lt;br /&gt;Al hombre que toca el timbre de inmediato lo conozco, al menos un poco. Hace aproximadamente cuatro meses que comenzamos un análisis. Tiene unos veinte años menos que el anterior. Su demanda gira alrededor de dudas angustiosas en cuanto a su atractivo físico. Ese día recuerda a una chica de la cual estuvo muy enamorado unos siete u ocho años atrás. Ella realizó un viaje de trabajo y él pasó todo ese tiempo interrogándose acerca de cómo ella lo vería al regresar, si todavía iba a ser atractivo o no para ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El caso es que la chica lo dejó ni bien regresó, y le dio una razón de lo más plausible: Ella acababa de salir de una relación de lo más intensa, cosa que le impedía amarlo a él auténticamente, con entrega total; podría prestarle el cuerpo, sin duda, pero sentía algo de inmoral en eso, y después de todo, ella estaba obligada a ser muy franca con él y sobre todo consigo misma, así que debían separarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se sintió abandonado. Estaba persuadido de que entre ambos había ocurrido una fatalidad, un desencuentro temporal. A esta altura, rasgos argumentales tan similares me llevan a sospechar que puede tratarse de la misma chica. Sin embargo, callo y el resto del relato lo confirma ampliamente: el nombre, la profesión muy característica, todo coincide, es la misma mujer. Aunque hay cierto abuso expresivo en afirmar que una mujer puede ser la misma respecto de sí, podemos aceptarlo en sentido jurídico, el nombre que figura en su documento, por ejemplo, o el color de ojos, cosas así.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante la primera entrevista que relaté, creo que estaba sumergido en vagas disquisiciones acerca de que tal vez no le hubiera venido tan mal a ese caballero un punto de fracaso: esa dama inaccesible que ponía en dudas su valor fálico, incuestionable hasta entonces y sobre todo reasegurado narcisísticamente a cada minuto. Creo recordar que pensaba que, en caso de iniciarse un análisis, habría que agradecérselo a Sofía, que le hacía presente a él algo de su verdad en el sentido de su castración. Éstas son cuestiones que requieren un prudente silencio al principio, mucho tacto y diplomacia, porque si hay algo que molesta a cada cual son esas dudas. Me explico: quiero decir, dudas más radicales, interrogantes formulados desde otro lugar. Porque aquellos que se formulan del lado del sujeto tienden a ser los más confortables, a despecho de un aspecto impresionante a veces.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero durante la hora que conté en segundo término, la sensación era de estupor,mezclado cada vez más intensamente con una impresión muy cómica. Seguramente contribuyó mucho a esto el hecho de que, cuando el primero de los hombres partía, el segundo estaba subiendo las escaleras. Dos hombres separados por veinte años, con inclinaciones en principio muy diferentes, ambiciones, expectativas, todo, se habían cruzado con ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los dos habían quedado desarmados, sin recursos y convencidos de estar narrando un acontecimiento que sólo les había acaecido a ellos debido a la mala suerte. Para mí fue muy instructivo; tomó el aspecto de una pequeña obra maestra, realizada con todo detalle.&lt;br /&gt;Un argumento que se plasmaba en la realidad, pero con toda independencia de los actores, de las particularidades de cada uno.&lt;br /&gt;Es muy fácil imaginar un tercer hombre, un cuarto..., ¡un club de admiradores!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta impresión de puesta en escena reiterada, de guión que se desarrolla automáticamente gobernando la vida amorosa, ocurre frecuentemente en las consultas. Ahora bien, uno podría preguntarse: ¿qué ocurriría si los dos hombres, “l&lt;span style="font-style: italic;"&gt;os hombres de Sofía&lt;/span&gt;”, conocieran la secuencia, si uno se enterara del relato del otro?&lt;br /&gt;Creo que no les gustaría. Perdería intensidad emotiva... ¿a quién le agrada considerarse un peón en una partida de ajedrez que se juega sin pedirle permiso?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de todo, la versión de Sofía no deja de contener cierta piedad, ya que da poco lugar para sembrar dudas acerca de la suficiencia, o para incrementar la culpa, debido a que deja explícito que hay que atribuir todo a la fatalidad temporal.&lt;br /&gt;Enterarse de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;la otra versión&lt;/span&gt;” hubiera llevado a perder ese aire triste, casi trágico; quizás los hubiera llevado a pensar que son “uno más”, y a cada cual le agrada imaginarse como “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;verdaderamente uno”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dicho esto, cabe preguntarse: ¿por qué razón la vida erótica tiene tanto de novela, incluso de mala novela? Recordemos que Freud trataba el fantasma como un ser mixto que no sólo dependía de la formalidad del significante y sus posibilidades combinatorias, de la asociación “exterior”, cosa que, según él, caracterizaba el pensamiento inconsciente, sino que, además, había en el fantasma un desarrollo ordenado de acuerdo con las leyes del llamado proceso secundario, un pensamiento que se ordena en períodos que se puntúan y siguen un sentido y una línea argumental.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto es comparable a un pequeño guión teatral, tan así es que Freud utiliza el término “novela”; por ejemplo, “novela familiar”. En “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad&lt;/span&gt;”, Freud relata el caso de una chica que se sorprende llorando en la calle, aparentemente sin motivo. Pero ella, meditando sobre el asunto, logra “apresar” la siguiente “novela” (término empleado por Freud) : un virtuoso pianista la enamoraba, le daba un hijo y luego la abandonaba a su suerte, dejándola en la miseria junto a su pequeño niño. El pianista era famoso en la ciudad, pero ella no lo conocía en persona.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay aquí un capítulo que no podría estar ausente en un novelón que se precie: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;seducida y abandonada&lt;/span&gt;”. Padre ausente, desconocido, etc., etc....&lt;br /&gt;Cada uno conoce varios esquemas típicos que están realizados como a propósito para llorar. Un novelón largo está compuesto por varios de estos esquemas simples, engarzados, hay que decirlo, de manera bastante caprichosa, como si la mira estuviese enfocada a producir dos o tres momentos de alto impacto emocional en cada capítulo, momentos que “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;llegan directamente al corazón”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se habrá observado la absoluta, la definitiva carencia de humor que existe en el novelón sentimental. Incluso si uno hace el ejercicio imaginativo de introducir una sola secuencia humorística en cualquier recodo argumental del novelón, comprobará que el armazón total se viene abajo, resulta inconcebible.&lt;br /&gt;La segregación de géneros, como el humor o la comicidad, es necesaria a efectos de mantener esa plenitud del sentido en lo que cada personaje trama y realiza. Cuanto más pueril sea el objetivo, requiere mayor compromiso narcisista; incluso el espectador de novelones quiere llorar de verdad. Él tampoco tolerará que se tomen las cosas a la ligera, amenaza cambiar de canal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las pasiones del ser son de una naturaleza que rechaza el buen humor. Exigen una tensión narcisística y agresiva permanente; cada cual experimenta estar apostando la propia vida en cada capítulo. Esto se puede observar incluso en la cama; la risa puede disminuir la tensión erótica, si es que la mentada tensión está vigente, hasta el punto que amenaza arruinarlo todo.&lt;br /&gt;Incluso recorriendo en la obra de Sade, tan pletórica de escenas eróticas espeluznantes, con burlas malvadas que toman como blanco a cualquier tipo de valor establecido, con maldiciones de todo calibre, se respeta fielmente la solemnidad de todos y cada uno de los actos, que son marcadamente ritualizados de un modo que recuerda la liturgia en general, y existe la misma carencia de humor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay que observar también un efecto común de las telenovelas: es la fascinación que producen. Pueden llegar a paralizar grandes masas, una hora por día durante varios meses. Se observará que cambiar de canal es un gesto aparentemente sencillo; sin embargo, un no sé qué de atractivo, de misterioso, retiene al espectador; puede ser que la malvada continúe impasible su plan destructivo, o que la dulce muchachita llegada del campo suspire por el rico heredero que nunca será suyo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Existen muy diferentes modalidades narrativas utilizables a fin de escenificar el “inexplicable” fracaso de un anhelo (en el novelón, justo cuando estén por contraer enlace, él o ella sufren un accidente, quedan paralíticos, o mudos, o ciegos, etc.). No es mi propósito hacer una enumeración exhaustiva, y sólo a fin de situar la cuestión mencionaré brevemente el mito hegeliano del amo y el esclavo, conocido por todos los psicoanalistas a raíz del gusto que Lacan experimentaba en retornar a él constantemente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Resulta que el amo, ese que no ha vacilado en arriesgar su vida en pos del reconocimiento, apenas obtiene nada o casi nada, porque quien lo va a reconocer de aquí en adelante no es una conciencia autónoma sino un esclavo. ¿¡Tanto esfuerzo para eso!?&lt;br /&gt;Ésta es la forma épica que puede asumir la cuestión. Hay muchas otras: la trágica, la dramática, la cómica... Sin embargo, es un hecho que esta última forma no produce “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;grandes obras maestras&lt;/span&gt;”. No obstante, tiene otro modo de existir: circula de boca en boca, o a veces en escenas puntuales pero inolvidables para cada cual, generalmente de autor anónimo. Debe haber, quizás, una razón de estructura que explique por qué el género cómico tiene ese otro modo de circulación; quizás justamente es porque no apunta a las grandes pasiones del ser, sino sobre todo a poner de relieve nuestra insignificancia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esa misma insignificancia que se les hubiera des velado a los señores con que comenzó este relato, en caso de haber conocido la secuencia que les faltaba.&lt;br /&gt;A propósito: creo que un análisis lleva al sujeto a inscribir o a reinscribir ciertos aforismos populares que posiblemente ha repetido hasta el cansancio, pero sin tomar nota verdaderamente. Los ha murmurado como palabras vacías..., “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;no somos nada...”&lt;/span&gt;. Creo que el análisis lleva a estos aforismos a tomar su vigencia real para el sujeto, pero sin “pathos”, sin el peso del sufrimiento y sensiblería con que habitualmente están adornados. Sin el novelón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero retornando una vez más a los dos hombres del principio, uno puede continuar interrogando otras razones que explicarían por qué no querrían conocer la otra secuencia. Una clave me la proporcionó hace poco tiempo una analizante al brindar una explicación alegórica sobre ciertas dificultades con su pareja. La mentada “explicación” se basaba en interrogarse sobre qué ocurriría si uno estuviera presenciando teatro de títeres mientras las manos y los engranajes que los comandan se vieran, por decirlo así, demasiado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“No es que uno no sepa”&lt;/em&gt; que los títeres son marionetas, pero está claro que ver las manos o incluso trasladarse al otro lado del escenario puede (no es seguro) hacer tambalear buena parte del encantamiento, del misterio. Sin duda, el misterio puede ulteriormente trasladarse hacia un interés de otro orden, pero quizás ya más epistemológico: depende de la disposición de cada cual. No falta aquel que se interese en cosas como “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el modo de producción de la ilusión”&lt;/span&gt;, en las técnicas, o en la artesanía y otro sinfín de asuntos más, pero lo menos que podemos decir es que se trata de un investimiento de otra naturaleza; y para los fines que interesan aquí, diremos que sería un investimiento más objetivo y menos objetal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras tomaba estas notas, a mi mano derecha se le ocurrió escribir “herotismo”, con hache. Me sorprendí un poco al comprobar que es una condensación de erotismo y heroísmo, y que sólo una letra llamada “muda” distingue ambos vocablos.&lt;br /&gt;Cualquier analista conoce los esfuerzos a menudo heroicos que realiza el sujeto de la vida erótica para mantener al objeto erótico en su sitio erótico, y buena parte de dichos esfuerzos transcurren por el afán de mantener el velo de la ilusión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La ilusión nunca se da sin cierto engaño, y a ningún sujeto de estructura neurótica le agrada saber más de lo indispensable, ya que se encuentra amenazado por la angustia. Se trata de una angustia muy específica: angustia ante la posible desaparición del deseo.&lt;br /&gt;Afanisis, término que el psicoanálisis debe a Jones.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Escribí este último párrafo deliberadamente. Se sabe que Lacan criticó con dureza la invención de Jones, y en resumen utilizó el vocablo con otra finalidad conceptual. Pero a mí me parece que Lacan no fue del todo justo en dicha crítica, porque es frecuente escuchar en la clínica que, detrás de la posible caída de un objeto investido, el sujeto presienta asomar el temor de una posible desaparición del deseo en general.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es decir que no es nada raro el temor de ya no poder investir más ese objeto ni ningún otro; y nada ganaremos con decir despectivamente que eso le ocurre al neurótico, como si el mentado “neurótico” tuviera algún tornillo flojo, porque de inmediato habrá que ponerse a buscar quién tiene todos los tornillos bien ajustados. Es como si el objeto, en su caída, o en su realización, que ocasionalmente puede ser lo mismo, se pudiera llevar con él... la libido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es usual entre nosotros el vocablo investimiento, sea el investment inglés, el cual significa directamente inversión de capital (para nuestros fines sería capital libidinal). Ahora bien, cuando un banco o una empresa investida con mi capital se va a pique, hay riesgo de que mi propio capital se vea llevado por el desastre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Creo que esta afanisis de Jones explica muchas emergencias del heroísmo del sujeto de la vida erótica. Dicho de otro modo: el esfuerzo a veces descomunal en mantener la investidura sobre determinado objeto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-5100138439746821164?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/5100138439746821164/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=5100138439746821164' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5100138439746821164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5100138439746821164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/argumentos-de-la-vida-ertica.html' title='Argumentos de la vida erótica'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-2702172723722491567</id><published>2008-09-25T12:52:00.000-07:00</published><updated>2008-11-27T09:58:11.148-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 18'/><title type='text'>Deseo y Fantasma</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Comenzamos por una proposición simple y de aceptación generalizada: el fantasma sostiene el deseo. A su vez, el deseo es búsqueda de goce, de ser, de plenitud. Así como el deseo es falta en el ser, el goce sería el ser. Es muy conocida también la clásica pareja del obsesivo y la histérica, ella más o menos quejosa y él, más o menos compensado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué ésta es la pareja habitual? No alcanza con responder que estadísticamente las mujeres suelen quedar del lado histérico y los hombres del lado obsesivo, porque, aunque sea cierto en general, no lo es siempre; y porque tampoco cualquier histérica forma pareja con cualquier obsesivo.&lt;br /&gt;Una pareja se forma por engarce fantasmático. Esto es: una zona donde la secuencia fantasmática inconsciente de uno de los partenaires &lt;em&gt;“cabalga”&lt;/em&gt; sobre la secuencia fantasmática del otro. Este encaje incluye quejas y lamentos conscientes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Freud evoca el mito de Aristófanes de los seres dobles, condenados por los dioses a buscar su mitad perdida, su media naranja.&lt;br /&gt;Él aborda las cosas por el lado del narcisismo, punto de vista correcto si es que uno advierte que el narcisismo, la imagen completa, vela el objeto del fantasma.&lt;br /&gt;De este modo, la búsqueda de la unidad perdida puede escribirse S &lt;&gt; a . &lt;em&gt;“Lo que hay debajo del hábito que llamamos cuerpo, quizás no es más que ese resto que llamo objeto a” &lt;/em&gt;(Encore).&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La imagen de a: i (a), llamémosla “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;la otra persona&lt;/span&gt;”, vela, y señala el objeto “a” del fantasma S/ &lt;&gt; a. Los paréntesis pueden leerse como la vestidura que indica el objeto parcial no empírico en juego, al mismo tiempo que le otorga brillo fálico, completud y buena forma. La buena forma debe, sin embargo, evocar la falta. Esta “evocación”motoriza el deseo y, si bien hay diversos matices, suele adquirir tonalidades fetichistas. Para ser muy breves, diremos que la fórmula del fantasma puede leerse: &lt;em&gt;“sujeto deseo de a&lt;/em&gt;”; y evoca la división del sujeto por un objeto que le es profundamente íntimo y extraño a la vez. Para concebir una relación así, de exterioridad interior, Lacan acuñó el vocablo &lt;em&gt;extimidad.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay otras maneras de leer la fórmula: por ejemplo, ateniéndose a la disposición de los ángulos del rombo, surgen los signos lógicos de “menor”,“mayor”, conjunción y disyunción.&lt;br /&gt;Existen varias maneras simples de advertir en la vida diaria esto que llamo engarce fantasmático. Una de esas maneras es atender una declaración muy frecuente cuando dos personas se conocen y se enamoran súbitamente. Suelen exclamar, aun cuando se hayan visto sólo una o dos veces: &lt;em&gt;“Es como si la (lo) conociera desde siempre”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y no les falta razón, porque lo que conocen desde siempre, aunque bajo la forma del desconocimiento, es el modo en que su fantasma organiza cada una de sus realidades. Este desconocimiento ocurre bajo presión de un enérgico: &lt;em&gt;“¡¡No quiero saberlo!!”.&lt;/em&gt; Se conoce algo de eso en la repetición: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Tres años después de la interrupción de su análisis, un joven decide retomarlo. El motivo inicial de consulta había sido un proceso de separación: oscilaba entre dos mujeres. Finalmente se decide por una de ellas e interrumpe. Cuando regresa se halla muy angustiado. Según él relata su situación vital, ha comenzado a percatarse de que, una vez que parece estabilizar “su pareja”, “algo” lo impulsa a socavar la relación. Pronto encuentra otra, se va con la nueva y comienza otra vez el ciclo. Pero lo que lo tiene azorado es que los plazos se van acortando. La primera vez el tour le llevó cinco años en ocasión de su primera consulta, la segunda vez empleó dos años, la tercera vez seis meses y ésta, que era la cuarta..., ¡sólo quince días!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Yo tenía la impresión de que esta aceleración era debida a que él estaba evacuando todos los detalles accesorios y poniendo en acto lo más nuclear de su posición fantasmática respecto de las damas. Parecía una de esas obras teatrales donde los actores poco importan: es suficiente con que la obra se ponga en escena cada vez más resumida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Conviene insistir en la “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;poca realidad&lt;/span&gt;” del otro del fantasma, fundamento de la posición “a” del analista en la cura y del hecho de que los analizantes nos atribuyen declaraciones y deseos personales muy sorprendentes.&lt;br /&gt;Bouvet pensaba que el fin del análisis llegaba cuando el sujeto podía oler realmente al analista, digamos que se topaba con una “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;realidad verdaderamente real&lt;/span&gt;”. Pero el otro siempre se nos escapa. El objeto libidinal es siempre un objeto investido, sujeto a anamorfosis diferentes para cada uno. Éste es un modo de decir que el objeto mantiene un núcleo real y, por lo tanto, imposible mientras se procura alcanzarlo con recursos simbólicos e imaginarios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta poca realidad puede producir encuentros amorosos con personajes absolutamente desconocidos o seres totalmente ficticios.&lt;br /&gt;Veamos un pequeñísimo ejemplo que se halla en el libro La partición de las mujeres, de G. Lemoine. La autora nos dice haber escuchado “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por casualidad en la radio... estos versos inolvidables de un poeta árabe&lt;/span&gt;”:&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Cuando camines sobre mi tumba&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;de deseo desgarraré mi mortaja&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Por casualidad”... plantea el encuentro de un deseo tan violento y decidido, que casi estamos viendo al muerto... en erección.&lt;br /&gt;¿No engarzará muy bien esta frase con una frase fantasmática que podría ser... &lt;em&gt;“Hacer desear pese a todo”...?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;No se hace referencia alguna al nombre del individuo, ni a su apariencia,ni a nada,pero tales versos pueden resultar “inolvidables”.&lt;br /&gt;Existen unos versos de Quevedo que han hecho historia y que apuntan al mismo blanco.&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Su cuerpo dejarán, no su cuidado;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;serán ceniza, mas tendrá sentido;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;polvo serán, mas polvo enamorado.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La creación artística está poblada de ejemplos en los que se puede ver que la “otra persona” no es más que el soporte argumental del fantasma.&lt;br /&gt;Mencionemos sólo a Otello. Todos los comentarios han destacado siempre que las maniobras de Yago son absolutamente increíbles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El texto de Shakespeare nos brinda la imagen de una Desdémona irreprochable, hasta exagerada en su pureza. Pero esta exageración misma nos permite preguntar a nuestra vez..., ¿qué cosa torna verosímil para Otello ese absurda red de intrigas que Yago vierte en su oreja?&lt;br /&gt;¡El goce! Otello goza creyendo que ella se comporta como “una vulgar prostituta”. Goza de su propio veneno. He aquí un buen ejemplo de engarce fantasmático. Porque Desdémona preferiría la muerte efectiva en lugar de despertar de su sueño fantasmático.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su “inocencia” le impide advertir las sombras que crecen sobre su vida, y sobre todo, las intenciones dudosas del Moro, ese ser amado, noble y valiente. El engarce fantasmático puede acabar en tragedia, punto extremo de identificación con el objeto como deyección de la constelación significante.&lt;br /&gt;Relataré ahora un sueño donde aparece muy claramente lo que podríamos llamar “l&lt;span style="font-style: italic;"&gt;a equivocación constitutiva&lt;/span&gt;” del sujeto en relación con su objeto.&lt;br /&gt;El sueño comienza con el analizante y su novia en el lecho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando él la nombra equivoca el nombre de la chica. Hace una sustitución cualquiera. En principio ella se enoja bastante y lo reprende. Él se defiende argumentando que ella no tiene tanto derecho a enojarse porque él sólo se equivocó una vez.&lt;br /&gt;Hasta aquí tenemos una secuencia bastante cotidiana,que podría ocurrir en la vida despierta y ocasionar enredos más o menos divertidos.&lt;br /&gt;Pero ahora viene lo bueno, porque el sueño continúa con la siguiente refutación por parte de la dama: &lt;em&gt;“Tú erraste no sólo ahora, sino siempre, cada vez que dijiste ‘amada’ o ‘querida’ o ‘vida mía’”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pido que se retenga el detalle de que el personaje femenino del sueño afirma que no sólo erró al nombrarla a ella. No dice “cada vez que me dijiste”, sino “cada vez que dijiste”. Siempre que nombró al objeto, cualquiera hubiera sido su cubierta imaginaria, erró.&lt;br /&gt;El personaje femenino del sueño no realiza el reproche histérico del estilo “tú amas a otra” o “la has amado más”, etc., sino que se limita a indicar el error, diríamos la errancia estructural del sujeto en busca del “verdadero objeto”, lo innombrable. Falta el significante que nombre el objeto real, de modo que el nombre de ella no es más que el sobrenombre de lo radical de la falta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;García Márquez ha entrevisto la estructura en una frase breve y contundente. Se encuentra en El amor en los tiempos del cólera. Se recordará que el personaje masculino ama durante toda su vida a una mujer, a la cual diversas “realidades” van tornando inaccesible.&lt;br /&gt;Sólo de viejo logra unirse a ella. Mientras tanto, no se niega satisfacciones sustitutivas; su vida erótica resulta bastante intensa y variada, mientras que la mujer amada permanece en un horizonte más o menos lejano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero he aquí que él tiene una especie de secretaria, de la cual diríamos que es la única mujer del libro a la que él jamás ha mirado como mujer, y así pasa ella por su vida, casi sin rastro. ¿Y que nos dice el autor de la novela? “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ésa fue la mujer de su vida, pero él no lo supo jamás.&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;Ésa, justamente la que no provocó su apetito, ésa fue; él no se enteró. El goce debe ser considerado paradójico en todas sus vicisitudes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Está más allá del principio del placer y más allá del sentido común; aunque ciertamente la neurosis aporta oleadas de sufrimiento absolutamente descartables. Sin embargo, este descarte difícilmente ocurre sin transitar un análisis y es común a muchos hombres el requerir de sus partenaires cierta dosis de tensión, de agobio, de exigencias. Éstas, conocidas como &lt;em&gt;“pruebas de amor”&lt;/em&gt;, suelen ponerse por escrito en contratos matrimoniales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;EsaVenus misteriosa a la que él, en lo posible, cubrirá de pieles jugará por un tiempo variable el rol de esfinge a la cual él investirá de un saber enigmático y, en general, culpabilizante.&lt;br /&gt;Al caballero se le presentará entonces el deber “moral” de descifrar el acertijo que ella detenta bajo las pieles o bajo una sonrisa apenas esbozada. El misterio femenino resulta ser de este modo el núcleo, a veces desconocido, de investigaciones y esfuerzos más o menos disparatados en áreas aparentemente desexualizadas, los que paradójicamente “ayudan” a algunos hombres a localizar preguntas más concretas y sencillas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque el caso común es que la esfinge formule la demanda bajo la fórmula: &lt;em&gt;“¿Sabes tú lo que es ser hombre?”.&lt;/em&gt; Interrogante que él suele sentir de maneras muy diferentes, pero que adquieren una expresión resumida del tipo: &lt;em&gt;“¿Estás seguro de que ya no eres un niño? ¡Pruébalo!”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Es así como una mujer puede contener el agalma sin “tener” nada en la apariencia. Odette fascina a Swann porque ella no es accesible, ¡sólo por eso!: &lt;em&gt;“Y pensar que he perdido los mejores años de mi vida por una mujer que no era mi tipo”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“El misterio incluido en el objeto a es el agalma. El tesoro inestimable que Alcibíades proclama que está encerrado en la caja rústica que forma para él el rostro de Sócrates”&lt;/em&gt; (Lacan).&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Una joven señora vive absesionada por sus propios méritos, los cuales demuestra abundantemente a su esposo. Un día comienza a sospechar que él tiene una amante, cosa que se preocupa de probar fehacientemente.&lt;br /&gt;Le formula la pregunta de rigor..., algún mérito tendrá la otra que ella no posee. El marido, probablemente un poco harto de tanta demostración, sufre un rapto de inspiración y contesta:&lt;/em&gt; &lt;em&gt;“Es vieja, fea, mala y frígida”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Inspiración, porque afirma algo simple y exacto: que la otra mujer no es mejor, sino que es la Otra. La otra es Otra. Él tendrá un nuevo enigma para develar, podrá erigir otra esfinge. En ocasiones, bastará que ella exhiba su falta bajo la forma del sufrimiento, de haber padecido toda una historia de frustraciones y desencuentros, para dar lugar a que él se plante como un caballero del buen encuentro, el que le hará olvidar su triste pasado, etc., etc., o la liberará de algo así como prisiones más o menos ficticias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El matiz de deber, incluso deber de quedar bien, tiñe la sexualidad del varón; se advierte muy bien en algunas circunstancias “patológicas”. Por ejemplo, cuando él padece impotencia transitoria y ésta cesa, lo primero que uno escucha es una especie de alivio. Un sudor frío recorre su espalda, temor de no poder “cumplir” nunca más, de que ella le diga con todo derecho que es un tal por cual, o que habla mucho pero...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si es que él siente que, al menos por un tiempo, ha probado su virilidad, entonces comenzará una nueva batalla. Cuando es obsesivo, la lucha tiene a modelar a la dama según su antojo, mostrarle cómo hay que ser o pensar, cómo lo evoca el mito de Pigmalión.&lt;br /&gt;Cuando es histérico, el frente principal es el valor fálico: ser el más seductor de los dos, aquel que convoca más miradas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-2702172723722491567?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/2702172723722491567/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=2702172723722491567' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2702172723722491567'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2702172723722491567'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/deseo-y-fantasma.html' title='Deseo y Fantasma'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-6170773058110365012</id><published>2008-09-25T12:29:00.000-07:00</published><updated>2008-11-27T09:20:15.844-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 17'/><title type='text'>Entre las mujeres -madres, novias, esposas, amantes o prostitutas-: el dinero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Freud descubre que “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;los muchachos (púberes) se dicen1: .../con cínica corrección/ ... a pesar de todo no es tan grande la diferencia entre la madre y la prostituta, pues ambas en el fondo hacen lo mismo&lt;/span&gt;” (cogen). Anotemos que dicho descubrimiento tiene un antecedente, el del cálculo por los infantes (principalmente femeninos) de la primera ecuación: heces = regalo = dinero = pene = niño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mi proposición es que ellos tienen razón, por lo menos, para cierto imaginario femenino. Pero no solamente con relación a madres y prostitutas, sino de una manera más generalizada a muchas esposas, novias y amantes. Y que esto se debe no sólo a que desarrollan la misma actividad sexual, sino también a la función que juega el dinero en la relación entre esas mujeres y esos hombres. &lt;em&gt;Mi tesis consiste en que ello se articula así por el valor que ha ido tomando en la Cultura (tanto para ellas como para ellos) el dinero&lt;/em&gt;. No olvidemos la relación que Freud establece entre el dinero y los complejos sexuales reprimidos, tanto en el artículo aludido,2 como en &lt;em&gt;Sobre la iniciación del tratamiento&lt;/em&gt;. Lacan afirmó: &lt;em&gt;“...el significante más aniquilador que hay de toda significación, a saber, el dinero...”.&lt;/em&gt;3 Observemos que, al anteponer a &lt;em&gt;“significante”&lt;/em&gt; el artículo definido “el”, nos indica al dinero como el único significante con ese grado mayor de capacidad. El desenvolvimiento de la sociedad postindustrial ha acentuado ese rasgo del dinero. Cada vez importa menos qué mercancía se produce, con la excepción del dinero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Éste, al representar a todas las mercancías y funcionar como equivalente universal, las &lt;em&gt;“mata”&lt;/em&gt; en su particularidad. En la práctica clínica, lo que establezco como tesis se me ha presentado de las siguientes maneras:&lt;br /&gt;1) Las discusiones recurrentes en los matrimonios sobre la escasez de dinero. Suelen tomar la forma de acusaciones al marido porque &lt;em&gt;trae poca plata a la casa y a la esposa porque gasta mucho,&lt;/em&gt; a veces con una variante, que instala la cuestión en el orden del ser: &lt;em&gt;sos muy gastadora.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;2) Requerimientos de las amantes de ayuda económica a sus hombres. A veces abiertos, otras encubiertos. En ocasiones, no la requieren, en cuyo caso suele ocurrir que los hombres toman la iniciativa y hacen regalos económicamente importantes, lo que las llena de alegría y satisfacción.&lt;br /&gt;3) Entre las prostitutas las variantes son diversas. Como dice Elena Reynaga, presidenta de AMMAR,4 están las &lt;em&gt;“de calle”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sienten que lo hacen por necesidad. Es la única manera que encuentran de hacerse de una suma de dinero considerable que les permita mantenerse y criar a sus hijos. Les cobran dinero a hombres más o menos anónimos, a cambio de hacerlos gozar eróticamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, simplemente por escucharles sus cuitas y mimarlos un poco. Las más caras, que la jerga popular suele llamar &lt;em&gt;“gatos”,&lt;/em&gt; más jóvenes y cuidadas corporalmente, prestan sus “&lt;em&gt;servicios”&lt;/em&gt; a cambio de sumas considerablemente más altas. Sus pretensiones son mayores, pagarse el pisito, el auto, la telefonía móvil, y algunas, su carrera universitaria. Están también las que funcionan como señoras de su casa. Casadas, ejercen su actividad, a veces a espaldas del marido, otras con su anuencia. &lt;em&gt;“No les alcanza con el dinero que él trae a la casa.” &lt;/em&gt;A veces esto es más o menos cierto, otras, solamente fantaseado. Supe de una de ellas que tenía en su placard sesenta pares de zapatos, además de innumerable vestuario.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay muchas más variantes y dan para un trabajo múltiple. Por ejemplo (caminos ya transitados por otros psicoanalistas, entre ellos Freud y Lacan), algunas mujeres le otorgan al regalo un valor de desprendimiento fálico, lo que les produce el efecto de ser reconocidas como falo imaginario.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En esta ocasión, quiero circunscribirlo a señalar que, en muchas mujeres, el deseo de recibir dinero de los hombres —esposos, novios, amantes, “&lt;em&gt;clientes”—&lt;/em&gt; resulta de atribuirle a la plata dicha representatividad, pero además, del deseo de hacerse reconocer en su feminidad, que atan a la castración imaginaria. A la vez, eso indica también que creen que el varón no estaría castrado simbólicamente, aunque de otro modo que las mujeres. &lt;em&gt;Recibir dinero de ellos es vivido entonces, como ser valorizada por su femineidad, también por su ser de mujer.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cierto feminismo trata de eludir estos dilemas, renegando de las diferencias, lo que inevitablemente lo lleva a la disputa con los varones por una igualdad, que las masculiniza. Una paciente de fuerte contextura física se ufanaba de cargar bolsas mejor que sus peones.&lt;br /&gt;Otra consecuencia desgraciada de estos malentendidos en los tiempos de recesión y desocupación que corren suele ser la devaluación del esposo desocupado ante su mujer, con la consecuencia de que aquél se devalúe también ante los hijos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOTAS&lt;br /&gt;1 En: &lt;em&gt;Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;2 &lt;em&gt;Sobre las transmutaciones de las pulsiones y el erotismo anal.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;3 Seminario &lt;em&gt;“La carta robada”.&lt;/em&gt; (El destacado es mío.)&lt;br /&gt;4 Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-6170773058110365012?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/6170773058110365012/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=6170773058110365012' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/6170773058110365012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/6170773058110365012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/entre-las-mujeres-madres-novias-esposas.html' title='Entre las mujeres -madres, novias, esposas, amantes o prostitutas-: el dinero'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-5407811992502689109</id><published>2008-09-25T09:25:00.000-07:00</published><updated>2008-11-27T09:18:41.591-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 16'/><title type='text'>Falo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En este capítulo, trataremos en forma muy breve, con algunas indicaciones mínimas, de aproximarnos a este difícil concepto.&lt;br /&gt;El falo simbólico es un significante. Al decir esto implicamos varias ideas: el significante no es un objeto empírico, por ejemplo, el pene, sino que implica una negatividad. En efecto, un significante se define por lo que otros no son. Su valor se encuentra sólo por oposición y negatividad.&lt;br /&gt;Para producir un efecto de sentido, un significante debe relacionarse con otro. Esto es una ley general del significante. Sin embargo, en el inconsciente, el falo es un significante “i&lt;span style="font-style: italic;"&gt;mpar&lt;/span&gt;”, ya que no tiene algo que sería “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el significante de lo femenino&lt;/span&gt;” con quien copular.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Freud afirmaba, por ejemplo, que la libido es masculina y que no hay en el inconsciente representación vaginal. La oposición freudiana era “l&lt;span style="font-style: italic;"&gt;o tiene - no lo tiene&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;A partir de la existencia del significante femenino y de la imparidad del falo, no podemos definir el conjunto de los atributos de la masculinidad como ese conjunto que englobaría todos los atributos no-femeninos. Por supuesto que tampoco lo femenino es lo no-masculino. Si bien este tipo de representación natural es de mucha pregnancia cultural, por ejemplo, el yin y el yang, el río y la tierra, etc., nada hay en el inconsciente (¡y por supuesto tampoco en la vida!) que autorice a pensar una armonía preestablecida entre un principio femenino que copula desde siempre con su homólogo masculino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En esta ilusión de armonía natural, lo que suele proponerse es la cura de los errores humanos bajo las diversas figuras de la higiene espiritual y física. Purgados del error humano volveríamos a la paz interior y a la naturalidad entre el principio masculino y el femenino. Sin embargo, esta armonía natural nunca se ve realmente, tiene el mismo estatuto que la teoría sexual infantil que afirma que los niños vienen de París.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí se ve es la discordia, el malentendido, la lucha de los sexos. Pensemos, por ejemplo, en los combates por el poder o el dinero en las parejas, &lt;em&gt;“si él le da”&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;“si a ella no le alcanza”&lt;/em&gt;, etc., etc., que traducimos como la expresión de la asimetría en relación con el falo.&lt;br /&gt;Usualmente, y en mérito a la brevedad, diremos que “ella” suele opinar que “él” le da poco y mal,mientras que “él” pasa su vida pensando que a “ella” nada le alcanza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Es un error humano? Más bien diríamos que lo humano es un error. Error por supuesto estructural, donde uno advierte toda clase de deseos paradojales, injustos, desmesurados... sin razón. La razón de esa sinrazón es el falo.&lt;br /&gt;El falo como significante de la “razón” del deseo. El falo es un significante cuyo significado, o sea, cuyo efecto imaginario, es el deseo, y en ese sentido decimos que cualquier objeto empírico que parecemos desear, por más que impresione estar a años luz de la esfera propiamente sexual...,“&lt;em&gt;tiene brillo fálico”.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recordemos esos filmes ingenuos donde la amada o el amado viene descendiendo por alguna colina y uno ve su figura orlada por toda clase de reflejos luminosos. Veremos después que hay diversas expresiones menos empíricas, más sutiles, de brillo fálico, como el misterio, el riesgo asumido, etc. El falo no remite, pues, a otro significante sino al deseo y al goce como tal. Volviendo al filme ingenuo, diríamos que “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;deseo ese brillo porque mis ojos gozan”&lt;/span&gt;. Por lo tanto, el falo es el significante de goce; no remite a otro significante, sino al goce.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿El deseo tiene objeto?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pensemos en nuestra experiencia diaria. Supongamos anhelar algún objeto del mundo, algo de lo que llamamos “cosas”: un automóvil, un reloj, o algo menos material, una declaración de principios o de amor, cualquier cosa.&lt;br /&gt;Supongamos ahora la solución más “feliz”, la cual sería obtener “eso” que anhelamos. Lo común es que bien pronto estemos oscilando entre sensaciones difusas del tipo de que no era exactamente eso lo que anhelábamos, o que no era para tanto, o que en realidad esperábamos más, o que lisa y llanamente hemos cometido un error. Podemos incluso estar tristes...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pensemos, por ejemplo, en las personas que evitan dar la última materia en la facultad. Es un modo sintomáticamente “inteligente” de postergar la pregunta: ¿y ahora qué?, ¡de nuevo el vacío! En el mejor de los casos, después de unos momentos dichosos, un vago malestar nos acecha, cuando no la depresión. Eso que parecía tan superlativo ha estallado como una pompa de jabón, no nos proporciona el goce que prometía después de tanto esfuerzo. Con un poco de suerte, nos desprendemos de este cortejo de sentimientos desagradables buscando hacer u obtener otra cosa. El deseo es deseo de otra cosa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Objeto “a”&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces, ¿no hay verdadera cosa, una cosa definitiva, que en caso de obtenerla nos volvería plenamente satisfechos? ¿Por qué parecemos querer objetos tan diferentes, variados y contradictorios, por qué nos cuesta tanto ponernos de acuerdo con nosotros mismos?&lt;br /&gt;La teoría analítica postula que, si hubiera un “objeto verdadero”, todo lo que se podría decir de él es que es imposible. Nunca existió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es un vacío radical, una pérdida absoluta. Puede escribirse, con Lacan, como objeto “a”. “El ‘a’ es la escritura de la pérdida.”&lt;br /&gt;Es concebible como el resultado de una colisión entre las necesidades reales del cuerpo y su captura en las redes significativas. Hay una pérdida irrecuperable, es pura falta: “a” no es significante. En el núcleo mismo de nuestro ser hay algo que no es. Esa pérdida irrecuperable obra como causa de nuestros deseos cotidianos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si se trata de una falta radical, obviamente no es un objeto del mundo empírico, no puede demandarse a los demás ni tampoco a uno mismo, por lo cual habitualmente decimos que &lt;em&gt;“no posee imagen especular”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La teoría analítica postula que el sujeto busca recuperarse de la pérdida que sufre por el hecho inevitable de ser sujeto; esto implica, como hemos visto, un núcleo íntimo de no-ser, de vacío. Ese vacío de objeto busca ser llenado de algún modo; esa búsqueda de plenitud es el deseo. Por lo tanto, “a” es la causa del deseo... ¡Pero es como si nuestro torpe alfabeto comenzara por la letra “b”!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De manera que toda realización del deseo contendrá un residuo de insatisfacción, una “a”. Este residuo es, sin embargo, el combustible con que se aviva el fuego de un nuevo movimiento desiderativo.&lt;br /&gt;Freud decía que hay siempre una diferencia entre la satisfacción lograda y aquella otra que uno esperaba. Esta última es, en cierto modo, incomparable. La satisfacción esperada e incomparable seguiría el modelo de una satisfacción plena, un goce total, que Freud llamó “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;vivencia de satisfacción&lt;/span&gt;”. Este goce absoluto que él postuló en el lactante no tenía como objeto el pecho real sino su imagen alucinatoria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por lo tanto, Freud pensaba en una primitiva inclinación de la psique a satisfacerse en una ficción autoengendrada y autocomplaciente, de modo que el aparato psíquico debía inmediatamente instrumentar medidas secundarias de protección,ya que la vida misma del organismo podía peligrar en ese goce alucinatorio.&lt;br /&gt;Freud advirtió muy pronto la tendencia de la psique a postular objetos sin realidad alguna, una tendencia a satisfacerse con señuelos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Relación entre falo y objeto “a”&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Afirmamos antes que el objeto “a” no puede demandarse. Esta frase breve nos permitirá mostrar ahora muy simplemente cuál es la relación entre el significante fálico, o sea, el único significante de la sexualidad en lo inconsciente, y el objeto “a” que no es un significante.&lt;br /&gt;Digamos ahora con Lacan1 que “existe” un uso falaz del objeto “a” : es la demanda.&lt;br /&gt;Habitualmente entendemos falacia como un engaño o error lógico. Sin embargo, aquí debe entenderse según el juego de palabras falo-falacia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La demanda se articula en significantes inconscientes o en representaciones conscientes. Pero “a” no es significante ni tiene representación. Así que al demandar se produce un ocultamiento inmediato de “a”, un intento de transmutación del orden significante y esta transmutación es falaz, fálica.&lt;br /&gt;El objeto imposible adquiere una dimensión fálica, un brillo y consistencia óntica que lo transforma en un objeto imaginario común de nuestro mundo representacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que esta falacia es necesaria para el movimiento desiderativo. El inconsciente puede simbolizar lo deseable sólo por la mediación del falo. Es así como lo deseable viene casi a dibujar en filigrana la causa perdida; el “a” puede imaginarse como un dibujo un poco torpe que no alcanzará jamás al original y verdadero, el cual se perdió en el instante mismo de trazarlo, incluso antes. Es así como la causa del deseo, el objeto imposible, adquiere por un tiempo variable una cierta manera de “presencia” mediante la transmutación fálica. Es una presencia hecha de ausencia, claro está, pero cada uno sabe por experiencia propia cuánta presencia puede tener la ausencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La causa del deseo está detrás del deseo —no por delante, no es la zanahoria del burro; la zanahoria es la cosa deseable—, la causa del deseo está detrás del deseo; no obstante tiene la zanahoria para seguir creyendo que alcanzará su causa perdida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lo humano&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Insistimos un poco más sobre los efectos del significante y del falo en la subjetividad.&lt;br /&gt;Hay algo fascinante en los animales. Uno los ve y advierte que, cuando han logrado calmar sus necesidades vitales, circular libres de tensión, en una armonía con el mundo exterior y consigo mismos, en general observamos con envidia. Hacen una cosa por vez, cuando comen no escuchan radio, cuando defecan no leen el diario, cuando hacen el amor, no están atormentados por “pensamientos”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Insertaremos nosotros ahora un “pensamiento” en un gato haciendo el amor. Este “pensamiento” podría ser: ¿la cojo bien? Todos sentimos lo ridículo de esa perspectiva. La gata, por supuesto, no se preguntará: ¿amó más a la de anoche? Los seres humanos están repletos de esa clase de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pensamientos&lt;/span&gt;”, los cuales, como todo el mundo sabe, agregan mucha sal y pimienta a sus festines así como también indigestiones y sentimiento de culpa. ¿Soy bastante? ¿Sí o No?&lt;br /&gt;Insistamos con nuestra absurda construcción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Qué sucede con una supuesta gata pensativa que, en lugar de estar en el acto, se distrae interrogándose acerca de si su gatito gozó mejor anoche?&lt;br /&gt;Se estaría preguntando por su valor fálico, esto es, por su valor de goce. ¿Si acaso ella es deseable y en qué medida, qué cosas estará él dispuesto a hacer para conseguirla? ¡El asunto no termina más! El sujeto humano se pasa la vida preguntándose por su “valor”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Este tipo de interrogación es obviamente inconcebible en los animales. Requiere un “orden” completamente antinatural, el orden simbólico, el cual de inmediato engendra “teorías” del valor así como “teorías” sexuales engendra el desorden. Ya nunca habrá armonía natural.&lt;br /&gt;Veamos ahora una declaración común de parte de un hombre, una declaración de amor como podría ser: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Te quiero, eres mi locura&lt;/span&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Equivale a declarar “eres mi falo”. Ella cristaliza en ese momento el objeto imposible orlado de brillo fálico. Es el significante cuyo significado es deseo y goce. Es la razón de su sinrazón. Es presencia de su causa perdida. Entonces ella puede ser el falo.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tal es la mujer detrás de su velo, es la falta de pene lo que la hace falo&lt;/span&gt;”; hay una ecuación muy conocida para los psicoanalistas: girl= falo, o mejor, Miss = falo. “Miss” evoca el tiro errado, la sinrazón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces vemos que un hombre, para querer buscar su falo fuera de su cuerpo, debe de alguna manera haberlo perdido, o mejor dicho, haber pasado por una determinada elaboración psíquica donde su pene no equivale al falo, ni mucho menos su cuerpo “in toto”.&lt;br /&gt;Esta elaboración es usualmente llamada castración simbólica. Nos referimos brevemente a ella un poco más abajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por ahora debemos tener a la vista que, si hay un deseo neurótico por excelencia, es ser el falo, y a veces toda la labor analítica se reduce a hacer el duelo del falo, o sea, de su ser como ser fálico.&lt;br /&gt;Este libro se refiere básicamente a hombres donde el duelo del falo o se ha realizado sólo a medias, permaneciendo el sujeto en una nostalgia frenética y por eso mismo paralizante, o bien ese duelo ni siquiera ha comenzado.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Cómo encontramos al falo?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A veces las cosas se aclaran con una referencia a los primeros tiempos. Supongamos entonces una madre y su bebé. La madre está en condiciones de satisfacer o no las necesidades de su pequeño hijo, de proporcionar los cuidados y traducir los llantos y sonrisas.&lt;br /&gt;Podemos decir que ella, como puede dar a cada cosa la significación que le cabe en el universo simbólico, como puede dar o quitar a voluntad, es la potencia absoluta. O por lo menos, es muy posible que así aparezca a los ojos del niño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante un tiempo puede presumirse entre ambos cierta “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;comunicación de pie&lt;/span&gt;l” semejante a la imagen que los adultos tenemos de una unión muy íntima y lograda. La figura típica de goce logrado sin sombras es una madre con su bebé al pecho. De modo que toda significación que pudiera el niño plantearse acerca de la cosas o de su ser en el mundo, de inmediato queda enviada a la capacidad de respuesta materna, a esa potencia absoluta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él a su vez es para su mamá una masa fálica o, como decía Freud, un completo objeto sexual. Pero esa “potencia absoluta”, ¿qué quiere?&lt;br /&gt;Poco a poco me doy cuenta de que no siempre está, de que va y viene, de que sus humores no son los mismos... ¿qué significan sus ausencias? Y dado que ella es la potencia absoluta, resulta lógico que me plantee a mí mismo agradarle, satisfacerla de cualquier manera, hacerla feliz, porque lo que yo mismo significo depende de su confort, de su agrado.&lt;br /&gt;¿Y qué debo ser a los efectos de agradarle, qué quiere ella?&lt;br /&gt;¿Qué debo ser? El falo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En efecto, el significado desconocido de los movimientos de ella, o de sus ojos, o de su voz, el significado último de lo que ella querría, esa x desconocida, el límite último de toda demanda, el significante límite que ya no remitirá a ningún otro, es el falo.&lt;br /&gt;Para agradar a la madre es suficiente con ser el falo. Pero se ve que en este “s&lt;span style="font-style: italic;"&gt;uficiente&lt;/span&gt;” queda implicado un mundo de interrogantes donde el niño puede quedar atrapado; salvo que algo le advierta explícita y en cierto modo “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;traumáticamente&lt;/span&gt;” que contestar a esa pregunta no es asunto suyo. Ese algo es un tercer personaje, usualmente llamado padre, el cual soporta con su autoridad la función de separación entre el niño y la madre, así como la respuesta a esa x.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;autoridad&lt;/span&gt;” le adviene fundamentalmente por dos motivos: porque él desea a la madre como objeto sexual, y porque su posición paterna lo convierte en transmisor de la prohibición del incesto inscrita en la Cultura. Pero esta transmisión requiere, para ser posible, que sea deseado y reconocido por ella. No es suficiente que compartan un código de normas morales o una ideología. Sin embargo, para que esta “salida” exista, hace falta multitud de circunstancias, diríamos, de elaboración psíquica inconsciente. Dadas estas circunstancias, el sujeto se ve llevado años después a responder al misterio del falo en otra mujer. Pero muchos de los ejemplos que damos en este libro son de hombres en posición falo-maternal, cuya evocación está dada por la imagen del pollerudo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hacer feliz a la madre no implica en absoluto que se efectivice el incesto, sino más bien un estado de obediencia “pura”, de pura obediencia, de preocupación por ser bueno con ella, y para ella, la única.&lt;br /&gt;Sin embargo, ya hemos dicho que aun en el mejor de los casos, de buena resolución estructural, permanece un residuo neurótico de nostalgia por el paraíso falo-maternal.&lt;br /&gt;Esta situación, que al ser descrita con términos técnicos puede tomar aspectos oscuros o indescifrables, sin embargo, es revelada a menudo por los pacientes en frases breves y de rápida captación como: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo nunca toleré que ella tuviera cara de sufrimiento, me dejaba hecho mierda”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si ella no era feliz, si yo no era el falo..., ¿pues qué era? ¡Una mierda!&lt;br /&gt;Uno puede plantearse: ¿por qué el falo adquiere ese lugar privilegiado de ordenador y de límite? Una respuesta posible la da Lacan en La significación del falo. Es porque “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ha sido elegido como lo más real de lo que se capta en la copulación sexual... equivale allí a la cópula lógica&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;La primera parte de la frase muestra que, si bien la anatomía no es el destino, como a veces pensaba Freud, tampoco puede suscribirse que la anatomía no es nada. En lógica, la cópula une dos conjuntos; diríamos que hace de dos conjuntos uno solo, un solo ser. Cuando dos cuerpos se unen, si hubiera un signo copulatorio, sería el falo el signo del ser uno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dijimos antes que una mujer bien puede representar un velo detrás del cual queda de inmediato sugerido un misterio. “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tal es la mujer detrás de su velo; es la ausencia de pene lo que la hace falo.”&lt;/span&gt; (Lacan).&lt;br /&gt;Examinemos un poco más atentamente esta cuestión del velo y del misterio. Usualmente bastará presentar un velo para que cualquier hombre experimente ganas de conocer lo que hay detrás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que la manera común en que las cosas se presentan es la de un cuerpo velado, como en “la danza de los siete velos”. Obviamente, un cuerpo velado es mucho más sensual que un cuerpo desnudo. Sabemos también que frecuentemente oímos hablar del “misterio femenino”.&lt;br /&gt;Esto es muy patente cuando se dice que una mujer..., no es que sea bella, no sabemos muy bien por qué,“es interesante”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ocurre que, en cierto modo, sus “maneras” o su modo de andar, cualquier cosa..., una sonrisa apenas esbozada tal vez, toma el lugar del enigma, del falo velado, para un hombre común.&lt;br /&gt;Nos permitiremos una breve excursión por el género literario llamado novela policial. Salta a la vista la enorme prevalencia de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;investigadores de sexo masculino&lt;/span&gt;”. Las damas, en general, no se interesan demasiado por develar enigmas, a excepción del enigma femenino, el cual usualmente les consume todo el tiempo. Las damas prefieren inventar los enigmas, como la esfinge de Tebas, o incluso encararlos personalmente. Por eso es posible afirmar que el Otro sexo siempre es femenino, incluso para las mujeres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las novelas policiales acentúan que “el investigador” es un tipo absolutamente común, un hombre cualquiera, ni rico ni pobre, no es un gran intelectual, aunque tampoco es iletrado, tiene sus virtudes y defectos como todo el mundo; un tipo normal, con el rasgo de haber hecho una vocación de resolver enigmas. Cuando ha develado la intrincada madeja de datos y circunstancias, después de muchísimas peripecias, uno siente casi junto a él una suerte de alivio no exento de tristeza. ¡Pobre tipo! ¿Qué va a hacer ahora?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Freud articula el deseo de saber, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;la pulsión epistemofílica&lt;/span&gt;”, a la curiosidad sexual. Esta investigación es sentida como peligrosa, y en la clínica psicoanalítica se verifica como un deseo ambivalente de no saber, al menos de no saber demasiado. Sin embargo, la novelas nos muestran la cosa desplazada sobre un misterio criminal, o de robo, usurpación, etc., algo aparentemente muy lejos de la sexualidad; digamos, sublimado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero esta sublimación nos permitirá a nuestra vez indicar algunos elementos en juego. Lo más común es que en los instantes decisivos, aquellos que preludian el develamiento final, la vida del investigador corra peligro. El lector nunca sabe detrás de qué cortina hay un puñal. Los velos se multiplican también para el lector.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Serás tan hábil como para dar en el blanco de la solución? La cosa aumenta el nivel de intensidad y de peligro, de angustia, los segundos parecen horas, uno quisiera hacer volar la páginas que faltan... ¡Acabar! ¡Acabar de una vez por todas!&lt;br /&gt;Ahora bien, puede ocurrir que un hombre sienta que la investigación no es su fuerte, o que detrás del velo hay algo tan oscuramente amenazante o terrorífico, tan oscuro que prefiera no internarse por esos bosques. Puede ser que sienta un imperativo interior no sujeto a deliberación alguna, imperativo de retroceder o de no dar un solo paso al frente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Melanie Klein llamó “vagina dentada” a ese cortejo de representaciones angustiantes. Su vigencia es universal. Existe, por ejemplo, en los tobas del norte argentino, pero elevada y desplazada a la categoría de mito de origen.&lt;br /&gt;En las situaciones comunes, esa angustia se expresa en sentencias breves del tipo: “No sé qué podría demandarme ella”.&lt;br /&gt;Y ese “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;no sé qué&lt;/span&gt;” connota todo un mundo terrorífico que puede hacer que el sujeto detenga para siempre sus preguntas sobre el goce heterosexual y que se incline por la relaciones homosexuales.&lt;br /&gt;El nombre que Freud puso a esa angustia es: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;angustia de castración&lt;/span&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;NOTA&lt;br /&gt;1 Seminario X, inédito.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-5407811992502689109?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/5407811992502689109/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=5407811992502689109' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5407811992502689109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5407811992502689109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/falo.html' title='Falo'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-9127138827463209718</id><published>2008-09-25T09:12:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T12:10:36.834-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 15'/><title type='text'>Papá y Mamá</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Si bien ya hemos puesto de relieve algunos rasgos de la novela familiar, ahora trataremos de destacar la vinculación entre los padres y el sujeto futuro obsesivo.&lt;br /&gt;No es que la madre frente al hijo no convoque nunca al padre como autoridad.&lt;br /&gt;¡Al contrario!, ella esgrime bastante a menudo la advertencia de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;contarle a papá”&lt;/span&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero sólo en la medida en que el niño puede no obedecer todos sus caprichos y reclamos. En la práctica, es posible que el niño cometa alguna que otra transgresión escolar o social, falta que ingresa en un espacio de contrabando y complicidad silenciosa con su madre. Ella lo protege aun cuando los desaguisados provoquen bastante ruido. Tango:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sólo una madre nos perdona en esta vida&lt;br /&gt;es la única verdad, es mentira lo demás&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella acepta esas travesuras y se organiza un circuito de goce, encubrimiento y &lt;em&gt;“perdón”&lt;/em&gt;, perdón por el cual el acusado sale en &lt;em&gt;“libertad condicional”. &lt;/em&gt;Los filmes que muestran situaciones de libertad condicional son típicos. El sujeto debe presentarse cada tanto a declarar dónde estuvo y por qué; demostrar que se ha tornado bueno. En la oficina correspondiente, alguien le refresca la memoria: no debe irse muy lejos, él es potencialmente malo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estos sujetos suelen explicar cada uno de sus actos; tienen un marcado sentimiento de ilegitimidad, están en libertad, pero condicional. Este circuito de goce se condimenta con engañar al padre, probando que él es ciego. A veces lo es realmente. Otras veces, enterado de la tarea ciclópea que se le presenta, suele taparse un ojo.&lt;br /&gt;La madre queda ubicada entre los dos, filtra la información, modula, matiza, censura, omite, traduce, inventa algunas cositas y olvida otras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No son los políticos ni los militares quienes descubrieron que el control de la información puede otorgar enormes dosis de poder; las madres histéricas lo saben desde siempre. Cuando estos sujetos se refieren a la persona del padre, parecen tener un casete grabado a fuego por su madre; actúan de porta-voz.&lt;br /&gt;En ciertas ocasiones, rechazan violentamente la idea de que tal vez haya en el padre cierta faceta que el discurso materno hubiera omitido. Esta faceta puede aparecer durante el análisis. Estaba censurada. Lo que el sujeto suele recordar como desconcertante es que, cuando ella invocaba la autoridad paterna, y le pasaba la información, era siempre por faltas comparativamente pequeñas respecto del silencio cómplice que recubría otras mucho más graves y a veces hasta escandalosas; esas que ingresaban al circuito de contrabando gozoso. (En una hija mujer, la mentada complicidad se muestra en las diversas figuras de una “natural” solidaridad de género.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Puede suceder que una falta relativamente pequeña introduzca una contradicción grave en el argumento fantasmático de la madre y la sumerja en el sentimiento de ser vilmente traicionada. Probablemente demande al padre un correctivo... ¡Hacé algo, ¿querés?! O más simplemente, el futuro obsesivo se encuentra en medio de un argumento fantasmático que exige, después del amor, una fase de desdicha y luego un feliz reencuentro. Parece que esta última secuencia es muy buena; su éxito es bastante general.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando el padre es llamado, reacciona con furia; justamente están dando por televisión el clásico Boca-River, o él se halla tramando importantes negocios, o debe ir puntualmente a visitar a su mamá. Rompe alguna cosa de poco valor contra el piso, antes de que termine el primer tiempo, y aquí no ha pasado nada; hay pequeñas variantes escénicas que no vale la pena detallar.&lt;br /&gt;Así las cosas, nuestro futuro obsesivo resultará muy amigo del cálculo de probabilidades, se acostumbrará a tratar de prevenir todo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Está metido en un sistema de reglas bastante confuso, combates de poder, zonas desmilitarizadas y otras de alta presión, gérmenes de catástrofe. Desde afuera las cosas no se ven tan mal. La gente lo dice: es difícil entender algo.&lt;br /&gt;Dijimos en otro capítulo que, a despecho de cierta monotonía, los síntomas e inhibiciones tienen un costado “inteligente” de mensaje al buen entendedor. Configuran un texto a ser leído en la transferencia. Freud pensaba que toda posición enunciativa, aun la del delirio, contiene un núcleo de verdad histórica.&lt;br /&gt;En efecto, es así.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estos sujetos quedan fijados en un centro fálico de alta presión. Cualquier traspié puede ocasionar un desastre; es complicado adecuarse siempre a demandas tan paradójicas sin ser arrasado.&lt;br /&gt;Él llega al mundo entre dos personas que no se entienden y es verosímil que tampoco se deseen. Entonces, el pacto narcisista normal de la parejas, ese complejo sistema de prestaciones y contraprestaciones que se firma implícitamente a los efectos de evitar el exterminio total, se complica todavía un poco más por la ausencia del paliativo del goce genital. Él está en el centro mismo del fracaso, el ojo de la tormenta, con la salvedad de que no entiende nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Años después, si es que el olvido represivo no barrió definitivamente todo, podrá reconstruir en el análisis algunos capítulos. Acerca de este tópico de la relación entre los padres, parece haberse generalizado cierta confusión. La mentada confusión se basa en una lectura de algunos capítulos de la enseñanza de Lacan, lectura un poco apresurada; y consiste en acentuar, en materia de eficacia de la función paterna, el hecho de que la madre “haga caso”, “tenga en cuenta” la palabra del padre. No es que el enunciado sea incorrecto, sino que soslaya el deseo que siente o no siente hacia él. Soslaya lo fundamental.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;tener en cuenta&lt;/span&gt;” debería fundarse en un deseo hacia él; que él la atraiga sexualmente; no basta con que adhieran a un sistema de normas y valores.&lt;br /&gt;Nadie ignora que hay obediencias vacías de toda sustancia, etiquetas sólo para mantener las apariencias, o para evitar problemas ulteriores, etc. Del lado del padre, su eficacia se funda “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;en hacer de una mujer la causa de su deseo&lt;/span&gt;” (Lacan, Encore) y no, por ejemplo, que se satisfaga perversamente en los hijos (lo que no es nada raro).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta satisfacción perversa suele consistir en tomar a los hijos como objeto de algún fantasma de la autoridad, identificándose el padre con una especie de Amo Absoluto, con una autoridad burlona, caprichosa y malevolente. El hijo puede convertirse en una lagartija.&lt;br /&gt;Sin embargo, como toda “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;confusión-sintomática&lt;/span&gt;”, ésta contiene su grano de verdad.&lt;br /&gt;Es habitual que la ausencia de deseo intente suplirse mediante una muy rigurosa adhesión a reglas de conducta, valores presuntamente valiosos, ideales en el horizonte, etcétera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-9127138827463209718?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/9127138827463209718/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=9127138827463209718' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/9127138827463209718'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/9127138827463209718'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/pap-y-mam.html' title='Papá y Mamá'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-8726142117455877083</id><published>2008-09-24T13:38:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T12:08:21.074-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 14'/><title type='text'>Pobre mi madre querida</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;Pobre mi madre querida&lt;br /&gt;Cuántos disgustos le daba&lt;br /&gt;Cuántas veces escondida&lt;br /&gt;Llorando triste y vencida&lt;br /&gt;En un rincón la encontraba.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estas conocidísimas estrofas son paradigmáticas; todavía se escuchan. Durante décadas han hecho vibrar numerosos corazones.&lt;br /&gt;Nos parece que a tantos ojos empañados por las lágrimas no les ha resultado posible una lectura atenta del argumento. La trama es o bien absolutamente inverosímil o bien irrisoria.&lt;br /&gt;Representémonos visualmente el argumento propuesto en la canción. El varoncito sorprende a su mamá, el rostro crispado por un sufrimiento casi indescriptible de tan profundo: llora. Una tristeza infinita la embarga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto seamos apenas un poco menos ingenuos o sensibleros que el varoncito cantor, podríamos preguntarnos: ¿si la señora hubiera estado realmente oculta, habría sido encontrada tantas veces? Porque cualquiera sabe que si una persona desea ocultarse realmente, lo hace. O, en todo caso, no es encontrada tantísimas veces.&lt;br /&gt;Pero hay todavía algo más. Desconozcamos por un momento la evidencia, así como lo hace el cantorcito, y admitamos que la señora deseaba esconderse y él la sorprendía por casualidad. &lt;em&gt;¡Una culpa más!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En efecto, el chico era tan malo que ni se daba cuenta de que su madre quería llorar solita; no sólo había hecho el daño, sino que el encuentro “casual” implicaba una nueva contrariedad hacia su madre.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;De nuevo estaba haciendo lo opuesto a eso que ella quería.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un recorrido analítico no muy largo, o incluso una experiencia en la vida real (siempre que dicha experiencia no esté embargada por el frenesí de no querer enterarse nunca de nada), informa que la escenita de la canción se ha montado miles o millones de veces entre la mamá y el pequeño diablito. Se trata de montajes de lo más pueriles en su sobrecarga de dolor e intensidad emocional, completamente sobreactuadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Generalmente, la escena tiene a la señora como actriz principal.&lt;br /&gt;Ella intenta expresar su desdicha. El culpable es el nene, o más generalmente un actor de reparto o un extra que anda por ahí, el padre. Cuando tiene la culpa el nene, la escena termina bien; ocurre una efusión amorosa y la promesa de que la cosa no volverá a suceder hasta dentro de un rato; si la responsabilidad es del actor de reparto, ni hablemos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un paciente de edad avanzada nos cuenta una escena que responde al esquema mencionado, ocurrida medio siglo atrás, pero con un ingrediente que lo dejó azorado. El ingrediente fue la irrupción de una vecina que entró a pedir en préstamo un utensilio de cocina. La madre llora delante del chico, padece por una razón oscura, quién sabe por qué, pero seguramente él tiene mucho que ver. De repente ingresa la vecina. Como por milagro, instantáneamente, la madre está radiante y verborrágica hablando de recetas con su amiga. De modo que jamás se podía conocer a ciencia cierta cuándo y por qué ella cambiaba de estado de ánimo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Es un relato característico.&lt;br /&gt;Los hombres no están lejos de creer que cuando hay una mujer en las inmediaciones, y la mujer se queja, es porque ellos cometieron una mala acción o le deben algo. Esta creencia compartida, también por ellas, garantiza la supervivencia eterna de tantos novelones e historias pueriles de “salvación”.&lt;br /&gt;Freud vio en la llamada “degradación de la vida erótica masculina” la enorme prevalencia de las llamadas “fantasías de salvación”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A Dios gracias, la televisión nos muestra todos los días que por cada dama reparada aparecen por lo menos diez con desperfectos.&lt;br /&gt;Hombres y mujeres se llevan muy bien, a pesar de algunas falsas apariencias.&lt;br /&gt;Coinciden en un nivel profundo, fantasmático. (Véase el capítulo sobre deseo y fantasma.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El axioma de inocencia de la madre&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Este axioma no sólo se encuentra en el tango y los novelones; tiene una frecuencia asombrosa en cualquier nivel de racionalización que se considere. Para decirlo en términos simples, el axioma pone fuera de juego la pregunta por el deseo sexual y el goce de la madre. Evoquemos un ejemplo célebre: el padre de Hamlet se presenta ante su hijo bajo forma espectral. Ya ha sido asesinado por Claudio con el visto bueno de la madre de Hamlet. El espectro ordena ejecutar la venganza. El padre no puede ignorar lo que ha ocurrido realmente. Sin embargo, una relectura del texto de Shakespeare nos convencerá de inmediato de que el espectro da órdenes para que se haga efectivo el desquite en la persona de Claudio, usurpador del lecho y del trono; permanece protegiendo a “la señora”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El propio Freud nos brindó con su pluma un ejemplo muy contundente acerca de la energía con que este axioma ejerce su enorme eficacia.&lt;br /&gt;Freud afirma, en El malestar de la cultura, que si existe un amor “puro” es el de una madre por su hijo varón. Es curiosa semejante idea de un amor libre de goce, de predación, en Freud, que a esta altura ya no es un niño y lleva cosechada una experiencia clínica enorme. Ha escrito cosas como Tres ensayos, La pulsión y sus destinos. De hecho, es un hombre anciano —que ya ha descrito, como él decía,“Los demonios del alma humana”— quien nos sugiere la posibilidad de un amor sin combustible pulsional. Tal amor sería materno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta mentada “inocencia” aparece siempre que uno escuche a estos hombres. A las mujeres o novias se les aplica el axioma.&lt;br /&gt;Por supuesto que, cuanto más rocosa sea su neurosis,más rigurosamente dividirá el género femenino en dos conjuntos, el de las madres-hermanas-novias y el de las putas.&lt;br /&gt;Si está contenida en el primer conjunto, una mujer no goza. Justamente por eso es plenamente confiable, honrada, decente. Pueden estar unidos largo tiempo a mujeres frígidas, llegar a amarlas con total devoción, lo que no les impedirá de vez en cuando buscar una puta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dentro de esta lógica obsesiva, si ella es frígida en mi lecho, no tendrá ganas en general, mi retaguardia está controlada, etc., etc., por lo menos no voy a ser cornudo. ¡Oh! ¡Angelical inocencia! ¡Deja que me siga engañando hasta siempre! Que no se me ocurra siquiera pensar en algo tan elemental como que ella podría ser frígida sólo conmigo. O... ¿quién soy yo como medida fálica para dar el veredicto de frigidez?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y aun cuando a la dama no le guste coger, ¿por qué no probaría otros lechos? Por ejemplo, su frigidez podría garantizarle cierta objetividad a efectos de saber realmente cómo son y qué cosas gustan a los caballeros. O bien encontrar muchas personas divinamente curiosas e interesantes... ¡tener una vida muy plena!&lt;br /&gt;Pero la ecuación frigidez-garantía es una racionalización defensiva. Lo que está en juego es el horror ante el deseo femenino. El concepto sería: castración de la madre, del Otro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No se trata siempre exactamente de la falta de pene materno, y sólo de eso. Diríamos que eso es el representante del horror ante el deseo femenino, vivido como amenaza. Por supuesto que el llamado deseo femenino llega al sujeto primeramente por mediación de su madre. Y el horror frente a este deseo se potencia porque el sujeto no puede dejar de sentir un eco interior de ese llamado, una suerte de redoble de tambores, simplemente porque, en los momentos clave de su instauración subjetiva, ese deseo jugó un papel determinante. Hasta se puede decir que él era ese deseo antes de saber ni su propio nombre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El reclamo, el axioma de inocencia, es una defensa, un frenético “n&lt;span style="font-style: italic;"&gt;o querer saber nada&lt;/span&gt;” ante un deseo vivido como amenaza incontrolable, desmesurada. Luego ese deseo (corriente sensual, lo llamaba Freud) va a parar al campo de las putas. Pero aquí ya puede ser acotado en su imagen de voracidad; tiene una medida fálica: 100, 200, 500, etc. ¿Qué quiere ella de mí? 500.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo angustiante del deseo femenino es lo que el sujeto registra como maternal ilimitado, peligroso, castratorio. Con una castración que no es simbólica sino que se dirige al órgano como objeto empírico. ¡Es preferible meter violín en bolsa!&lt;br /&gt;Freud pensaba que el varón podrá ejercer su actividad genital sólo si antes vence el horror compatible con la representación de que esa mujer que espera en el lecho pudiera ser la madre o la hermana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es una fórmula muy aceptable, siempre y cuando nos percatemos de que lo rechazado en esa figura maternal es el deseo y el goce, más precisamente el deseo de goce. O sea, un goce que se experimentaría con plena anuencia del sujeto femenino.&lt;br /&gt;Si es posible aclarar un poco más este asunto, se nos permitirá realizar una reconstrucción, imaginaria pero muy verosímil en cuanto a su lógica inconsciente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recordemos que los obsesivos tienen ideas, las clásicas “i&lt;span style="font-style: italic;"&gt;deas obsesivas&lt;/span&gt;”. Es frecuente que tales ideas de contenido sexual ocurran en lugares donde se privilegia “lo sagrado”; los invade una representación absolutamente profana en el lugar más sagrado.&lt;br /&gt;Supongamos ahora a uno de estos sujetos torturado porque, cada vez que está en una iglesia, no puede evitar atormentarse pensando en hacer el amor con una de las tantísimas imágenes de pureza virginal que hay en todas las paredes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Continuemos esta suposición (que todo analista reconocerá como totalmente posible de ser escuchada en la clínica) afirmando que luego él se masturba a favor de esas imágenes, la cuales retornan de modo inevitable para él, aumentando su vergüenza y culpabilidad.&lt;br /&gt;Pues bien, la verdad es que, a pesar de las apariencias inmediatas, él no se lleva tan mal con esas imágenes, las que, después de todo, no hacen más que representar una degradación erótica inmediata, sin tramitaciones burocráticas desde la madre-virgen a la puta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nosotros afirmamos que él, en verdad, tolera bastante bien este estado de cosas (incluso durante toda su vida), porque la imagen permanece ¡inmóvil! Él no deja de saberlo, y se mantiene de esa manera su pureza virginal. La culpabilidad de la “idea” y del acto masturbatorio queda del lado del sujeto; la madre queda salvada en su inocencia. La imagen de la pared nada sabe de lo que trama la mente de ese monstruo lúbrico. ¡Pobrecita!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo verdaderamente temido sería que el asunto fuera en serio. Por ejemplo, que la imagen divina se pusiera a desear realmente... a moverse como para excitarlo... visiblemente alterada en su santidad...&lt;br /&gt;Como en esas láminas de Escher donde un sector de la banda de Moebius empieza a adquirir movimiento, de “realizarse” lo imaginario, pudiera ser que la imagen santa empezara a desear realmente, a desear su propia expulsión de tan aburrida santidad, a pedir a gritos su degradación, a pedir..., ¡Dios no lo quiera!, exactamente las mismas, o peores abyecciones que el fantasma masturbatorio propone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algunos varones heterosexuales, pero que han tenido una infancia muy polleruda, muy pegada a la mamá, se preguntan qué cosa les ha permitido zafar de la homosexualidad.&lt;br /&gt;La angustia ante lo femenino puede instalar al sujeto en posición homosexual. Esta posición puede acompañarse perfectamente por una gran admiración y comprensión hacia las mujeres en general; la corriente cariñosa permanece muy activa hacia ellas. La angustia en la corriente sensual se disfraza de asco, repulsión o simple desinterés.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-8726142117455877083?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/8726142117455877083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=8726142117455877083' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/8726142117455877083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/8726142117455877083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/pobre-mi-madre-querida.html' title='Pobre mi madre querida'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-5184250903164334629</id><published>2008-09-24T12:48:00.000-07:00</published><updated>2008-09-24T13:37:19.323-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 13'/><title type='text'>De cuando creer que el sorete es un falo hace mierda al sujeto</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Torpe, oscila su vida entre la timidez y la aparatosidad. O calla angustiado, o se inflama en sonantes discursos con el sonido propio del eco en el vacío. Camina giboso, balanceando la torpeza. En los raptos de entusiasmo, su cuerpo entra en erección hasta que, fracasado en relación con la respuesta esperada, se pliega derrotado sobre el pecho. Sufre, sufre inconmensurablemente. Su pobre realidad es nada ante los altos destinos imaginados por él... su mamá y su papá.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su papá... buen hombre. Hombre de trabajo, paga con el desprestigio familiar una vida dedicada al apostolado de su profesión.&lt;br /&gt;Eso, tanto para la señora como para el nene, significó que se desentendía de las cosas de la familia. Entre ellas, los hijos. Tal vez fuera cierto, si se juzga a través de la avinagrada insatisfacción crónica de la señora. Aunque, como bien sabemos, de la insatisfacción de las señoras es muy difícil saber nunca nada. En cambio, no pareciera haber habido dicha desatención, si nos guiamos por los recuerdos del hijo, en los que siempre figuró como un padre solícito y cariñoso. Tal vez también algo tuvo que ver con eso que al pibe, en “esos” momentos confusos de la prepubertad, le resultaran más atractivos los chicos que las chicas. Pero no sólo eso. No le atraía cualquier chico, sino aquellos que —señores de la violencia— portaban a ésta como índice de virilidad. Ya que no podía ser el más macho en esas lides, pagaba con el culo para no ser excluido de entre ellos, los más machos, condición de la que “daban pruebas” repetidas cogiéndoselo a él. Claro que la ofensa al amor propio que aquellos acontecimientos le significaron lo indujeron a que, desde entonces, sus amistades predilectas fueran femeninas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A ello ayudaba la madre, que no lo dejaba ni a sol ni sombra. Y una dotación de hermanas, tías y primas para las cuales era el gran mimado, o el gran rival, pero siempre fuente de pasiones de alto voltaje, claro que al precio de asexuarlo. Por otra parte, entre tantas mujeres, ¿dónde mirar para identificarse masculinamente? De grande, en algún sueño, reaparecía aquella elección sexual que, a ojos vistas, más que con una posición femenina, o con la renegación de la castración, tenía que ver con un intento imaginario de apropiarse por vía anal de la máxima representación de la potencia viril: el falo.1&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El padre fue extremadamente bondadoso —lo que se dice un pan de Dios—. Siempre le había intrigado al muchacho cómo y por qué había aguantado el avinagramiento crónico de su esposa sin, aunque fuera, buscarse una amante. Bueno, por lo menos ésa era la creencia del mito familiar. A pesar de que el padre trabajaba en una de esas profesiones que, por sus condiciones de existencia, facilitan e incitan a tener amantes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a su madre, ¡ah...!, ¡ella sí que era una sacrificada heroína de la maternidad! ¡Cuánto había hecho por él! No en el terreno de la ternura, del que siempre estuvo ausente, sino en la atención de sus enfermedades psíquicas y físicas. Era experta en tours médicos. Y todo eso a pesar, ¿o gracias?, de que él le “había dado mucho trabajo”. Por otro lado, siempre había cifrado grandes esperanzas en su futuro. Lo veía muy inteligente y no se equivocaba en ello, lo que le daba pábulo a pensar que de ese chico amargado, resentido, introvertido, aislado, agresivo, desprolijo, resultaría un héroe que llevaría al triunfo ideales de redención y justicia social, o tal vez,mejor aún, el gran escritor que ella no había sido.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, la “vocación” del muchacho quedó atrapada entre el anhelo de un padre, que a la vieja usanza suponía que lo mejor para el hijo sería seguir su carrera para usufructuar luego la posición por él alcanzada, y las megafantasías de la madre. Como buen neurótico, transó. Siguió la carrera del padre hasta recibirse, para luego intentar ejercer otra profesión que no dejaba de tener reminiscencias de aquélla y que en su ejercicio exige de la escritura. A la vez cultivó fantasías en las que era héroe revolucionario como su mamá había soñado, y casi en secreto, le sacaba punta al lápiz del escritor que ella no había llegado a ser.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La psicología había logrado poco con él. Padres preocupados y responsables, se habían ocupado desde muy chico de llevarlo a la psicóloga. Hubiera sido mejor que le tocara algún/a psicoanalista, pero ellos —ingenuos habitantes de la psicologizada Buenos Aires— no podían saber de las diferencias entre el psicoanálisis y la psicología y mucho menos de qué practicaba cada profesional, más allá del escudo de armas con que se presentara. Como consecuencia de ello, lo entregaron a la atención de una licenciada por la Universidad que, ante los terrores nocturnos del niño y de quedarse solo en el baño, sus dibujos y plastilinas y su creciente agresividad, no sabía decirle otra cosa que “él era el monstruo” de sus dibujos, juegos y cuentos. Con ello lo único que logró fue fijarlo a dicha creencia, que quedó así sin elaborar y que imaginariamente le dio esa tonalidad fálica tan deseada. En consecuencia no logró otra cosa que anclarlo en la inhibición propia de ciertas neurosis de carácter. Luego, a partir de la adolescencia y por largos años, se trató con alguien formado en psicoanálisis, currículum APA, “complementado” con psicodrama. Conservaba un recuerdo cariñoso de esa experiencia. Tanto es así que luego —de vez en cuando— se encontraba con dicho profesional para charlas amistosas. La lógica de ese cariño encontraba su axioma en que, en el tratamiento con dicho terapeuta, había llegado a lo que siempre le había parecido imposible: casarse con una mujer. Bonita y dulce, aunque un poco mandona. También era todo lo contrario de lo que él idealizaba. Tosca, indiferente a cualquier estética y a “los altos ideales”, no despegaba los pies de la tierra en la que, con más o menos éxito, en relación con el momento de su carrera, se ganaba los garbanzos en la profesión del padre de él. Demás está decir que eso le había atraído las simpatías del suegro, quien veía realizarse con ella las expectativas que había depositado en él.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todo hubiera marchado viento en popa de no ser por la irrupción de algunos síntomas: poluciones nocturnas, eyaculación precoz, coitus interruptus, repetidas pérdidas de trabajos, dificultades en el estudio, un pavoroso aburrimiento matrimonial y, el que más lo avergonzaba: siendo ya un hombre grande no podía dejar de masturbarse.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que más le llamó la atención al nuevo analista que consultó fue que llevaba a cabo la masturbación fantaseando escenas sexuales con su esposa, idénticas a las que monótonamente de vez en cuando llevaban a cabo. Algo así como “pan con pan”. También le llamó la atención su masiva, a la vez que distante, adhesión a maestros ideales, lo que de un modo particular se manifestó rápidamente en la transferencia. Avanzado el análisis e instalada la transferencia en sus tres dimensiones, una prohibición temporaria de la masturbación, acatada por el analizante, facilitó el surgimiento en él de deseos sexuales hacia la esposa de uno de sus maestros.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mujer que, hasta ese momento, había sido sólo una amiga íntima, una más, de las tantas que tenía. Analizados éstos, se abrieron paso otros del mismo orden hacia distintas mujeres, hasta que, con una de ellas, llegó a establecer una temporaria relación de amantes.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A diferencia de lo que le pasaba con la esposa, con esta mujer creía compartir la pasión por la estética y otros rubros, a los que, como dijimos antes, aquélla era indiferente. Su corazón se inflamó por el enamoramiento; de su pluma no cesaban de desprenderse las mejores letras de su inspiración. Sin embargo, a pesar de que ella se manifestaba totalmente dispuesta, él postergaba el inicio de los contactos genitales por pruritos morales hacia la tierna amante y de fidelidad hacia la querida, pero aburrida esposa. No sólo eso: los primeros besos de lengua merecieron que, a la vuelta del encuentro y en plena madrugada, despertara al analista, aterrorizado ante la posibilidad de haberse contagiado de sida, síndrome que la “mujer ligera” podría portar y trasmitir a través de “viejas” caries sin tratar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que había sido una vida aburrida, rutinaria y sin otra emoción que la angustia sólo calmable por la masturbación, se transformó en un volcán que, con la lava de sus pasiones, amenazaba “barrer valientemente” con todo lo que se opusiera a ellas. Las páginas escritas brotaban sin retén. Su dedicación al trabajo mejoraba, animándose incluso a hablarle de sus resultados a algún colega respetado como maestro, para aprender de sus observaciones—cosa que por amor propio (frágil, evidentemente) casi nunca había podido hacer—. Las discusiones habían ingresado al matrimonio en torno a las diferencias sobre la vida, claro que sin mencionar para nada su nuevo estado civil de amante. No obstante, su inconsciente se ocupaba de dejar pruebas de lo que ocurría, pero a todas luces la esposa no se quería dar por enterada. Ella lo conocía tanto como la madre y confiaba en que, cuando se le pasara el berrinche, volvería al redil con la cola entre las piernas. Mientras tanto, la insistenciade la cortejada había logrado llevarlo a la cama, y después de algún fracaso, había conseguido que fuera mejorando su perfomance coital. No llegaba a ser un “latin lover”, pero, en comparación con su promedio habitual, estaba hecho un tigre. Se le comenzó a imponer la idea de que había encontrado a la mujer de su vida. Buena cama, epopeya poética, comunidad de ideales, ¿qué más podía pedir? La separación matrimonial y el inicio de una nueva existencia comenzaron a aparecérsele como un horizonte cercano. Justo en ese punto, su concurrencia a los encuentros extramatrimoniales empezó a decaer. Que el trabajo, que la esposa se podía dar cuenta... La proximidad de las vacaciones tensó la cuerda.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La amante no le pedía nada, sostenía fervorosamente los ideales de la libertad en el amor. Ninguna exigencia, él sabría qué hacer.&lt;br /&gt;Justo él, pues si había un terreno en el que era absolutamente “ignorante”, era en el de las decisiones. Jamás había logrado tomar una por cuenta propia, sin que lo empujaran. A la inversa de “la otra”, la esposa, sin prisa ni pausa, preparaba todos los detalles que aseguraran pasar el tiempo de descanso en un territorio muy apto para que él se encontrara con sus ideales, que, como sabemos, a ella le importaban un bledo. Allí marchó él, resignado a su destino, y en cierto modo aliviado por poder bicicletear la elección entre las dos, a pesar de que sus sueños decidían claramente por la amante y desechaban a la esposa. Lo que no se esperaba lo encontró a la vuelta de sus sufridas vacaciones, en las que no había podido hacer otra cosa que añorar a su amada. Ésta, vanguardia de la verdad y la franqueza en el amor, le contó que se había acostado con otro, y más aún, que si bien no estaba segura, creía que su amor estaba del lado del nuevo. Una puñalada hubiera sido un bálsamo en comparación con el dolor que le causó la revelación. Además, no entendía. ¿Cómo podía estar ocurriendo eso, después de las fogosas declaraciones de amor que ella le había hecho sólo quince días antes? A partir de entonces comenzó un suplicio en cascada. Mientras más se obstinaba en reconquistarla, más renuente se tornaba ella. ¿Por qué serle fiel?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La libertad tenía que regir para ambos. ¿Acaso había dejado de acostarse con su mujer? Él se deshacía en explicaciones. ¿Cómo ella no entendía que eran dos relaciones de calidad muy distinta?&lt;br /&gt;Lo cual era cierto: a la esposa la quería, con toda la ambigüedad que ofrece ese significante —no la amaba—. Pero también era una propiedad de la cual no podía desprenderse. No la deseaba, ni gozaba sexualmente con ella. Gozaba, pero en el campo del masoquismo moral, que alternaba con sadismo de igual signo. Todo lo cual a la amante no le importaba. Ella aspiraba a la igualdad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como las explicaciones no alcanzaban, pasó a deshacerse en ruegos, en llantos, dramatizaciones, pero, eso sí, no en promesas.&lt;br /&gt;Él era un hombre de principios y no iba a hacer promesas que luego no fuera a cumplir. Pasó un tiempo en el que “ella” se fue decidiendo por el otro. Si la, a esa altura, ex amante, en el amor por la poesía se parecía a su mamá, no resultó igual en el impacto que le producían sus “berrinches”; a ellos, resultó imperturbable.&lt;br /&gt;Así la perdió. Por no querer soltar nada, perdió lo que le resultaba más deseado, retomando una senda habitual de su vida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entró, entonces, en la elaboración de un duelo sin gloria y sin peligro. Todo seguiría igual.&lt;br /&gt;Absorbieron su atención las cuestiones laborales en las que fue haciendo progresos evidentes. De la misma manera comenzó a regularizar su situación económica, lo que le permitió ir cumpliendo puntillosamente un plan de pagos que había acordado con su analista para saldar una deuda que arrastraba desde hacía largo tiempo. En tanto, volvía recurrentemente al tema de su relación con la esposa. Le resultaba cada vez más evidente que nada lo ligaba a ella. Pero cada vez que se le atravesaban o la fantasía de separarse o, en alguna ocasión, hechos que se encaminaban hacia ese fin, un dolor lacerante lo detenía, recordándole el valor de esa nada, equivalente a una muerte. Era una nada muy especial, que lo enternecía cuando la recordaba en ausencia y que lo oprimía cuando la tenía presente en cuerpo y alma. Mientras, ella tejía pacientemente contra ese análisis que suponía era la causa de las vacilaciones matrimoniales de él, además de un “gastadero de guita”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se estaba en esas circunstancias cuando ocurrió algo imprevisto para el analista y el paciente. De golpe, éste se dio cuenta de que, al paso que iban, en un mes terminaría de pagarle su deuda dineraria al analista. Entonces todo dio marcha atrás; comenzó a atrasarse nuevamente y a rearmar su formación reactiva con respecto a la cónyuge. Forzadamente ella era, de nuevo, el amor de su vida, aunque los sueños y significantes, como “pobrecita”, ponían en tela de juicio dichos enunciados de amor. Si ella lo amaba y él la amaba, ¿por qué “pobrecita”? La única significación posible residía en que, con ese cambio, él la perjudicaba. Esto también se evidenciaba por otros datos, como que no sólo no había mejorado su desempeño sexual, sino que continuaba deteriorándose.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En proporción directa aumentaban las presiones de la esposa para que abandonara el análisis, lo que acompañaba con la exigencia de que, en vez de saldar lo que debía en el tratamiento, pagara unos impuestos atrasados y le comprara a ella los abalorios que le gustaban. En esas condiciones, el analista decidió jugar fuerte, lo que probablemente haya sido un error. Le planteó que, o se ponía al día en la fecha convenida, o se interrumpía el análisis, conjeturando que ya era momento para intentar privarlo en un punto exquisito de alienación a La mujer. El ciudadano optó y se reorientó hacia los “viejos impuestos” y las chucherías femeninas, mientras prometía un pronto retorno para pagar y retomar el análisis, que obviamente quedaba interrumpido. A partir de entonces, fue pedaleando los tiempos. Ante un último llamado del analista, él insistió en decirle: “No quiero cagarlo, le voy a pagar”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En ese momento y como un rayo, acudió a la conciencia del psicoanalista el recuerdo de otros relatos en los que el paciente le había dicho lo mismo a acreedores económicos o libidinales (no olvidemos a la amante) a los que había dejado en la estaca. Entonces le replicó, en la que fue la última intervención desde su función: “Lo que me está diciendo es que, como a otros, usted me quiere cagar, sin darse cuenta de que, cada vez que caga a alguien, usted se hace mierda la vida”. Del otro lado de la línea escuchó primero un escueto y quedado: “tiene razón”, que le hizo imaginar a la cabeza del muchacho hundiéndose en su pecho, aunque un inmediato “yo ya lo había pensado” le indujo la certeza de que vanamente volvía a erguirse, para, con dificultad, sostenerse de esa “maniera”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Podemos suponer que el error del analista ocurrió en el terreno de la lógica temporal de ese sujeto. Su intervención lo dejó capturado en un eje imaginario con la esposa del paciente que funcionaba para éste como La mujer, en un tiempo en que el paciente todavía sentía el posible desprendimiento como una muerte y no soportaba el sentimiento de des-ser (siguiendo la propuesta de Lacan) que él mismo le provocaba. Lo expresaba a través de una frase recurrente: “Yo sé que a Rosita no la amo y que me aburro con ella, pero no puedo imaginarme sin ella. Es tan buena, pobrecita. Me quiere tanto”. No estaba aún en el momento de concluir que ser un falo de mierda para darle sentido a la existencia de La mujer, pobrecita, no era necesario. Si bien ya había visto eso en más de una ocasión de su análisis, todavía se hallaba en el tiempo de comprender y necesitaba de varias vueltas más por la lectura de dicha fantasía (fantasma para las traducciones galicistas del francés) antes de poder ser empujado a desprenderse y caer de la misma.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La otra posibilidad es que el analista no se haya equivocado y que hubiera ocurrido que el paciente no tuviera la valentía necesaria para soportar el tiempo de des-ser que el desprendimiento significaría. En esta hipótesis, una pregunta que deja esta experiencia es por la metapsicología de la cobardía. Lacan la planteó con relación a ceder en el propio deseo. Evidentemente, ceder es un efecto de la misma, como este hombre lo hace evidente. Pero ¿cuáles son sus causas y sus razones? Para este analizante, parecieran haber estado en la suposición de que, fuera de esa escritura de su existencia, como sorete fálico para una pobre mujer, no podría haber ninguna otra que diera razón de aquélla. Por lo tanto, desprenderse de ella equivalía a perder la (parafraseando a Lacan) primera muerte. O sea, a quedarse sin significante que lo representara, lo que haría de su ser 2 una pura cosa, destino más temible que la segunda muerte misma, la real. La cobardía, entonces, encuentra su estatuto en esa creencia de falta de significante unario que represente al cobarde, fuera de aquel al que se aferra.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;NOTAS&lt;br /&gt;1 Atesoramiento anal del pene del rival, representante del falo imaginario—ϕ, representante a la vez del falo faltante en la mujer, según la teorización de Lacan.&lt;br /&gt;2 Subrayamos el significante ser, en tanto le funciona como la pieza maestra que sostiene su obligación fálica con su mundo: La mujer. De esa posición proviene el malentendido fundamental de creer tener que ser sustancioso (como res pensante) para ser amado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-5184250903164334629?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/5184250903164334629/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=5184250903164334629' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5184250903164334629'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/5184250903164334629'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/de-cuando-creer-que-el-sorete-es-un.html' title='De cuando creer que el sorete es un falo hace mierda al sujeto'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-2155202398181244812</id><published>2008-09-24T12:01:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T11:49:11.648-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 12'/><title type='text'>De un paganini que se quedó con un vuelto</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Desde chico lo llamaban el “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;rusito&lt;/span&gt;”. Y sabemos, no es lo mismo que a alguien lo llamen “ruso”, que “rusito”. Siempre hubo algo en él que convocaba al diminutivo, y no era el tamaño, no. Era de una contextura normal tendiendo a grande, pero esa cara, esa cara... entre beatífica e ingenua... La leyenda contaba de sus bucles de lindo nene y de un chico cercano a la pubertad, con jopo tirando a rulo, prolijo y jugando al arco. Nunca se supo cómo hacía, pero no se ensuciaba, ni aun con el fútbol. Con rasgos caricaturescos, se podría suponer que el apelativo era una consecuencia del ambivalente racismo de la purretada. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin embargo, al hermano, portante de rasgos parecidos a los de él, con respeto lo llamaban “el ruso”, lo seguían en todas las aventuras que proponía y lo reconocían como el indiscutido capitán del equipo de fútbol de la cuadra. Claro está que, cuando se “armaba”, el ruso iba “al frente”, en cambio el rusito rajaba a refugiarse en las polleras de la vieja, que inmediatamente salía a la puerta a putear en ídish a los “schwartze” que molestaban al “nene”. De paso digamos que el rusito era mayor que el ruso. Alegando dicha situación se resistía a hacer los “mandados”. El hermano, en cambio, directamente no los hacía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El rusito terminaba yendo y encontrándose con la escena temida. Al pasar por la esquina, nunca faltaba algún turro que le tiraba un naranjazo o le ponía un pie para que se cayera. Su vida era un verdadero calvario.&lt;br /&gt;La primaria, bien; la secundaria pasable, insuflada por los aires revolucionarios de la década del 60. La ideología socialista le venía justo: prometía el reino de la justicia y de la confraternidad universal, a él a quien los “hermanos” siempre habían verdugueado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿La universidad? Para tanto, no. Más, que el sionismo le había ofrecido la epopeya de ir con los “hermanos” a defender a Israel y construir esa sociedad donde los “hermanos” fueran solidarios con los “hermanos”. En realidad, más que él, la que estaba encendida por la epopeya era Ella. La había conocido en el “movimiento”. Era una verdadera activista, no como él que no iba mucho más allá de fisgonear.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella organizaba, garantizaba, operaba; en fin, hacía todo lo que había que hacer. Él ponía plata dentro de sus modestas posibilidades y, cuando había que ir a actos o reuniones, iba, especialmente si lo hacía Ella. Además se ocupaba de esas tareas que nadie quería y que a él le salían tan bien, como atender el funcionamiento de las reuniones, su servicio. Repartir las citas, hacer el café, servirlo, luego limpiar, lavar la vajilla, ordenar, todo con mucha prolijidad: era algo así como su especialidad. Mientras tanto, los otros discutían y organizaban las grandes cosas. Era una época en que el mundo cambiaba a pasos de gigante. Sesenta países se habían descolonizado en muy poco tiempo. Los demás, en las grandes cosas, pero... ¿gracias a qué? A que su trabajo gris y silencioso, como el de un verdadero obrero, les resolvía las cuestiones prácticas. Si no, ¿qué harían sin sus mandados, su orden, su limpieza?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo había quedado su mirada capturada por la de esa bella? Estaba una vez con su más íntima amiga, tan íntima que era capaz de tomarse la confianza de jugar tiernamente con sus rulos, los de él, que siempre se había sentido “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;solo y abandonado en este mundo&lt;/span&gt;”. Entonces, en medio de ese juego, Ella se apareció, para no dejarlo hasta muchos años después. Es más: se pasó la vida celándolo con esa buena amiga, que, según él creía, nunca había pretendido ir más allá de sus rulos.Y era tan buena deportista... tenía un cuerpo tan bien torneado que, aunque su cara no tuviera mucho ángel —más bien tiraba a bruja—, capturó su mirada de tal modo que ya no pudo retirarse de esa imagen.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se casaron y se fueron a Eretz, Israel. Jóvenes, apasionados, convencidos. Él no tanto, pero Ella sí. Un amigo le había dicho que no se casara con esa mina que le iba a cagar la vida, que le conocía el “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pedigree&lt;/span&gt;”. Pero no le quiso creer, pensó que era envidia del “hermano”. ¡Ojalá hubiera sido así! Ya la luna de miel por Europa, camino al destino ideal, resultó otro calvario. Era difícil coger. A Ella le aparecían hongos, dolores de cabeza, o a él lo mordían las tricomonas. Encima, cercanos ya a la llegada, notó que Ella se tornaba cada vez más esquiva, a la vez que se pasaba todo el tiempo con un camarada “responsable”. Él no sospechó, no quiso sospechar. La situación era lógica: Ella era mucho más decidida, más política, por lo que concitaba la atención del compañero, más que él, muy fiel, pero tímido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No obstante, un día cualquiera, como un rayo, la verdad le partió el cráneo. Ella le contó. No pudo callarlo más, no se lo permitía “s&lt;span style="font-style: italic;"&gt;u honestidad&lt;/span&gt;”: era La Amante del Responsable. La vida era así, dura, pero peor hubiera sido seguir con la mentira. Además la culpa era de él, tan poca cosa, tan indeciso, tan gelatinoso, tan egoísta, siempre escaso, ahorrando. Apenas alcanzó a replicar: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pero... siempre te quise, nunca te traicioné&lt;/span&gt;”. Ésa es la cuestión, le dijo ella, siempre esperando, nunca una iniciativa. Él se deshizo en lágrimas ocultas y silenciosas, no la quería hacer sufrir. Los días que siguieron fueron un caos; parecía que todo estaba perdido, pero nuevamente la sorpresa. El Responsable le dijo a ella que había ido muy lejos, que él (El Responsable) tenía familia y estaba muy enamorado de su esposa. Que ella había confundido un simple acto de libertad (es sabido, los ideales de esa parte del siglo promovían el amor libre) con algo más profundo que estaba lejos de suceder.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un título de Lenin cuadraba muy bien con esta situación: ¿Qué hacer?. Para él no había dudas, ahí estaba, esperándola, comprendiéndola, listo para restañar sus heridas, para salvarla del horror al amor propio lastimado. Pero para Ella no era tan sencillo. ¿Después de haber gustado del brillo de las cumbres, volver al “rusito”, a esa bolsa de opacidad? No obstante, volvió: la necesidad tiene cara de hereje, suelen decir las viejas, o de “rusito”. No se quedaron mucho tiempo en Israel, pero no por él. En esa tierra de pioneros no había lugar para porcelanas delicadas como Ella. Había que trabajar la tierra, levantar industrias y, sobre todo, ir al ejército, y Ella no podía arruinar su esbelta figura ni darse el lujo, por falta de práctica, de perder esa gracilidad y fineza que su sensibilidad le había dado para el deporte de su especialidad. Además, él no era lo que se dice un guerrero y se resistía, más que a los mandados de la madre, a ponerse el uniforme que lo podría haber transformado en blanco de los “hermanos” árabes. Así que cumplido el primer contrato, liaron los petates y vuelta a casa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él supuso que por lo menos la “mome” lo iba a recibir con los brazos abiertos y que el “tatele” iba hacer algo más que espetarle su gruñido característico. Lejos de eso, la mamá hizo su habitual visaje con la boca (levantar hacia arriba y a la izquierda el labio superior) y con los ojos (entrecerrarlos a la vez que hacer saltar los globos hacia afuera) en señal de: ¿tanto lío nada más que para eso?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El viejo por enésima vez estiró su brazo derecho con la palma hacia adelante y, haciendo quebrar la muñeca, dejó que cayera hacia abajo, bien muerta y perpendicular al brazo, mientras emitía su conocido graznido, que quería decir: ¿y... este hijo me tuvo que tocar...? El único que lo recibió con muestras de alegría fue el hermano... que necesitaba guita por algunos problemas comerciales que había tenido y... y bueno, le vinieron como anillo al dedo esos pesos que él había logrado ahorrar, sin que Ella lo advirtiera.&lt;br /&gt;Como pudo, nuestro hombre se las fue arreglando para recomenzar la vida en esta difícil Buenos Aires en la que no sonaba ya la hora de La Revolución, sino más bien la del sálvese quien pueda.&lt;br /&gt;Hombre ordenado y laborioso, resultó muy útil en su trabajo. Por lo tanto, a través de los años y a pesar de las amarguras matrimoniales que no lo dejaban dormir ni tener paz, fue, moderadamente, escalando posiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras tanto, Ella, siempre insatisfecha, se sentía con razones suficientes para “cornearlo” cada vez que la oportunidad se le presentaba. Su narcisismo herido por tener que soportar a ese marido que despreciaba, se reanimaba cuando se sentía deseada y/o gozada por hombres de otras mujeres o por varones toscos, violentos y poco cuidadosos de su supuesta fragilidad. Supuesta, decimos, porque si bien ésa era la creencia del rusito, ella se sentía mucho más fuerte y capaz que él. Que el hombre fuera él y la mujer ella, había sido nada más que una jugarreta caprichosa del azar. Tranquilamente podría haber sido al revés, y ella se empeñaba diariamente en demostrarlo de mil maneras, pero, muy especialmente, metiéndole los cuernos. Como es sabido, los efluvios de los sesenta reforzaron por estas tierras cierta presencia del feminismo, que le vino como anillo al dedo a las pasiones revindicativas del ser de esta señora. La llenó de argumentos, de ideología.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya no era una solitaria predicando en el desierto, ahora formaba parte de una nueva confraternidad universal, en estas circunstancias: feminista. ¿Y él? Nuevamente los hermanos, esta vez, hermanas. Un justiciero como él no podía oponerse a reivindicaciones tan justas como la de la igualdad (?) de los sexos, y si bien no le gustaba que ella las encausara por la vía del “a&lt;span style="font-style: italic;"&gt;mor libre&lt;/span&gt;”, hacía una sufrida vista gorda porque no era un “sexista” represor. En esas condiciones, coger, se cogía poco. Pero ése era un problema menor, en razón de los dolores que afectaban a todo su cuerpo, como consecuencia del sufrimiento de saberla frecuentemente en brazos de otros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y porque de vez en cuando se echaba un “polvito” con una viejita jubilada en muy malas condiciones de imagen (totalmente la inversa al esplendor de Ella) pero que lo dejaba hacer y le hacía todas las “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;porquerías&lt;/span&gt;” que él le pidiera. Todo lo contrario de lo que siempre le ocurría con la esposa. Luego de cada encamada, él contribuía con unos manguitos a la manutención de la jubilada, que, como se sabe, se torna difícil con los estipendios que por el retiro pagaban (y aún pagan) las cajas de jubilaciones. Él, habitualmente tan amarrete, soltaba esos billetes con gusto; es más, cuando lo relataba, una inmensa mueca de goce le adornaba la cara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero llegó un momento en que Ella, harta, lo echó de la casa.&lt;br /&gt;Él agachó la cabeza y se fue dejándole todo —por los chicos, ¿sabe?—, y porque, a pesar de lo que ocurre, Ella es una buena mujer, nada más que un poco confundida. Justo en esa situación otra abandonada y solitaria se enamoró de él y a él no le resultó indiferente, todo lo contrario. Pero él no iba a dejar tan fácilmente su misión de salvarla a Ella, así que, a pesar de la fuerte atracción que sentía por la abandonada, optó por insistir obstinadamente en hacer que Ella volviera. En realidad, que lo dejara volver. Rodó por la casa de los padres, de amigos, pensiones de mala muerte, mientras trataba de hacerla entrar en razón. Estaba totalmente seguro de que finalmente lo lograría. Se podría decir que algo de eso ocurrió, pero por acción de otro. Éste, delincuente de guante blanco, aprovechándose de la pasión de ella, le extrajo hasta el último peso y después le hizo hipotecar la casa para alzarse con el producido y no aparecer más. Nuestro protagonista consideró llegado su momento: ahora sí, ella se convencería de qué lado estaba su conveniencia. Tomó los ahorros que dificultosamente había logrado atesorar durante ese tiempo y levantó la hipoteca salvando el bien familiar. Sintió que finalmente todo se solucionaba y volvió al seno del hogar con la aureola de un santo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella reconoció por un tiempo que de ese lado estaba su conveniencia, pero siguió sintiendo desprecio por los santos, y deseo por los malos. Así que con el primero que pasó volvió a levantar vuelo y a echarlo a nuestro amigo de la casa que él había salvado del remate.&lt;br /&gt;Vuelta a peregrinar por cuchitriles, dolorido y deprimido, pero no vencido. Era un hombre muy voluntarioso y seguía esforzándose por hacerla comprender a Ella. Mientras, ésta hacía mil desbarajustes con una nueva pasión a quien también llevó a vivir al solar familiar. Éste, que era un jovenzuelo lumpen y agrandado por los poderes que Ella le delegaba, entró a prepotear a los hijos, cosa que al exiliado le dolía, pero no llegaba a ameritarle una acción como para impedirlo. En el medio estaba Ella...Y no era que no quisiera a los hijos, nada de eso. Ponía todas las fuerzas que le quedaban disponibles para sacarlos adelante, lo que no era fácil en relación con los efectos que en ellos producía la prolongada crisis familiar. Formaba parte también de ese esfuerzo el dinero que ponía cada vez que Ella se lo pedía. Claro que este poner no era totalmente desinteresado, tenía un precio, no era caro—un turno de telo— pero sí muy querido por él. Se podría decir que era uno de los pocos momentos de felicidad que tenía su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por lo menos, eso parecía decir la mueca de goce con que lo relataba, muy parecida a la de cuando narraba la escena similar con la jubilada.&lt;br /&gt;Evidentemente, eran las únicas oportunidades en que se sentía con valor fálico para las mujeres y en que podía sentirlas a ellas más degradadas que él. Claro que esas fugacidades no calmaban los dolores de la separación. Con ellos, torturaba a su hermano y sus amigos, quienes no podían entender tanta degradación en un ser querido. Más el hermano, putanero viejo, que parecía todo lo contrario de él. Ya iba por la tercera pareja y todas seguían enamoradas de él. Claro que a todas las seguía atendiendo, y no sólo sexualmente, las mantenía y ¡cómo!, a cuerpo de reinas. Hasta el nivel de fundir un próspero negocio que tenía por no querer decir nunca que no a lo que ellas le pidieran: casas, autos, viviendas en Punta del Este, etc...Ahora... ¿por qué el rusito insistía en contarle a la fratría su ser de basura? Que en eso gozaba, daba noticias la insistencia. Era como si antes de que le pusieran la pierna, él se tirara al suelo. Ofertaba su ridículo, ¿buscando conmiseración o disfrutando de la desesperación que producía en los otros?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, los acontecimientos se precipitaban. Ella le pidió el divorcio, incluido el religioso, ya que con su nuevo galán se disponía a iniciar otra epopeya allende los mares. Se hizo todo lo necesario para que el mismo se llevara a cabo. Él no iba a ser obstáculo para la felicidad de Ella. Conservaba la esperanza de que finalmente el mundo advirtiera quién era el que había procedido honradamente. Ahora, como todos sus allegados estaban convencidos de eso, se hacía evidente que el mundo era Ella. Sin embargo, ya no pretendía reconquistarla, sino solamente verla volver con la “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;frente marchita&lt;/span&gt;”. Parafraseando a don Cornelio Saavedra (no por alusiones personales) podríamos decir: ¿hizo falta tanto amor para apagar tanto odio? No obstante, hasta que efectivamente Ella volvió con una nueva derrota, pero esta vez ya no a los brazos de él, que había encontrado otra mujer a quien servir, un acto sintomático indicaba la obcecación en no renunciar a su posición de goce preferida: cada vez que Ella (eso no dejó nunca de serlo para él) llamaba a los hijos desde dieciséis mil kilómetros de distancia, lo hacía con pago revertido. O sea, él volvía a pagar, con goce supremo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A todo esto, el hermano —que, como dijimos antes, fundía su negocio— le fue pidiendo prestado todos los ahorros, incluidos los de la división de bienes posdivorcio, y él se los fue dando hasta quedarse sin trabajo y sin un peso partido por la mitad. O sea que, desaparecida Ella, acentuaba una vieja costumbre de hacerse cagar por la dupla del padre y el hermano. Cualquier sacrificio valía la pena para mantenerse identificado con el falo: ahorrativo y razonable, que salva a los irresponsables y aventureros de sus catástrofes. A esa altura, había afirmado su pareja con una solterona irritable y mandona, pero honrada y trabajadora, que lo acogió en el seno de su departamento y en su negocio, en el cual una de las tareas que le dio fue hacer... los mandados. Claro que sin pagarle, por lo menos por un largo periodo, ya que nuestro masculino tenía primero que aprender el oficio.&lt;br /&gt;Obviamente tuvo que interrumpir el análisis.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dijo que sólo debía tres sesiones, cuando en realidad eran cuatro. Además, nunca las pagó. Tal vez para subrayar ese punto en que el analista se encontró impotente o imposibilitado, vaya a saber. Siempre había pagado puntillosa y puntualmente. Aunque, entrado más en confianza, regateando. Al apropiarse de ese dinero del analista, ¿quiso decir que se cobraba con pequeñas cagadas que los otros, los “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;hermanos&lt;/span&gt;”, se lo cogieran? Su enorme formación reactiva de santo, de cagado, vehiculizaba, a la vez que velaba, sus enormes deseos de cagar al prójimo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-2155202398181244812?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/2155202398181244812/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=2155202398181244812' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2155202398181244812'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2155202398181244812'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/de-un-paganini-que-se-qued-con-un.html' title='De un paganini que se quedó con un vuelto'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-2434855603534458486</id><published>2008-09-23T13:48:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T11:35:08.679-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 11'/><title type='text'>Sin anestesia</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Córdoba la docta,&lt;br /&gt;Córdoba la bizantina,&lt;br /&gt;una puta en cada cuadra&lt;br /&gt;y una iglesia en cada esquina.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caía la década del 60. Estudiantes y obreros hacían “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;tronar el escarmiento”&lt;/span&gt; por las calles de Córdoba. El barrio Clínicas, más fresco y desfachatado que nunca, coreaba malicioso las estrofas del epígrafe, mientras cascoteaba a la montada desde los techos. Caballos de dos pisos, según la gráfica metáfora de un tal Marcos,“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el oso&lt;/span&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, en el cerro Las Rosas, ella era rubia y sus ojos celestes... pero no la Pulpera de Santa Lucía. Jugaba displicentemente al tenis en un exclusivo club de ese exclusivo barrio. Él (aprovechando el tiempo libre que le dejaba una huelga) miraba desde el alambrado sus bellas piernas. Tan graciosamente marcadas por la mini blanca con femenino ribete rosa. Más allá de su colita al viento (la del pelo), estaba parado con la mirada fija y el gesto adusto su padre (¿el de él?). No, el de ella, aunque le hubiera gustado que fuera el suyo. Él, que no era ni payador mazorquero ni trompa de Rosas, deseaba llevársela como hizo el payador de Lavalle, pero no sin el padre (de ella, se entiende). Verdaderamente era su ideal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Comparado con el propio, analfabeto, almacenero y encima separado, ¡en aquellas épocas! —década del 50—.&lt;br /&gt;Se decía que cierta vez dicho padre había pescado a la madre (la de nuestro protagonista) en la cama con un proveedor. Después de la separación se enredó con la mucama, que pasó a ser su concubina hasta que la muerte los separó. En cambio el doctor Valerga (el padre de ella) era un rey. Hijo de familia distinguida, había sabido amasar su propia fortuna con una exquisita clínica en la que se atendía la gente bien de la ciudad (claro que estamos hablando de antes de las prepagas). Encima, neurocirujano. Sus manos eran una mina de oro. ¿Creen que estoy sugiriendo que a nuestro héroe del alambrado la mina le gustaba por el oro? No era el principal motivo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde chico, la vida no le había resultado fácil. El padre, tempranamente, lo había puesto a hacer los mandados del negocio, y si bien eso le reportaba algunas propinas, rápidamente iban a parar a la caja del padre, que las consideraba valor agregado del almacén.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, a él no le quedaba tiempo para hacer los deberes y, cuando traía las malas notas resultantes, cobraba de su padre los coscorrones que guardaba como recuerdo del abuelo de nuestro Cristo, desde la Galicia natal. En tanto, debatiéndose entre cumplir con el padre en la escuela o en el almacén, no llegaba a lograrlo en ninguno de los dos lados y tampoco se enganchaba con los otros “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;changos&lt;/span&gt;”. Era más bien retraído. Vivía siempre como “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;en el aire&lt;/span&gt;”. Eso sí, a partir de que ascendió al mostrador se volvió rápido para los números. Algo es algo. En la pubertad, ese estar en el aire lo había mantenido aislado de las barritas y de los asaltos,1 con su posible cosecha de changuitas,2 que siguieron siendo terreno vedado. Sólo atravesado por fantasías que poblaban sus puñetas 3 solitarias. Así transcurrió como pudo la secundaria, en un oscuro colegio de barrio. Algunas a diciembre, alguna a marzo. En la facultad el cuatro se había fanatizado con él. A veces un tres o un dos, un par de veces la alegría de un siete y hasta un nueve. De su facilidad para los números y de su falta de pasión se iba configurando un futuro anestesista. ¡Cómo le allanaría el camino integrarse al equipo del doctor Valerga!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pronto a recibirse, aplastado contra ese alambrado, se sentía ya tibiamente acogido por la perfección de esas piernas y por la amabilidad señera del adusto prócer de la neurocirugía. La fantasía, su compañera más amada, parecía decirle: Esta vez se te puede hacer..., ¡no pierdas la oportunidad! Haciendo de tripas corazón y cerrando el culo ante la revolución que se le armó en los chinchulines, disimulando el sudor frío que lo empapaba, caminó decidido hacia la tenista. Atravesó el court y, pasándolo, encaró al doctor Valerga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Casi temblando se presentó: Si usted me lo permite, doctor, me voy a presentar. Me llamo José González, estoy en el último año de la facultad, me voy a especializar en anestesiología y aprovecho la oportunidad para conocer al profesor más admirado por mí desde que lo escuché por primera vez en las clases de anatomía. Seguramente usted no me recuerda, pero fui alumno suyo de primer año, en 1962. Respiró fuertemente y se desabrochó el cuello de la camisa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El maduro profesor giró despaciosamente la cabeza, entre ceremonioso y sorprendido. Efectivamente, no recordaba ese rostro cetrino e indefinible que se dirigía a él. Pero tanto respeto y urbanidad le cayeron bien. Más en los tiempos que corrían, en los que todo aparecía subvertido y perdidas las buenas costumbres. Así las cosas, desgranaron comentarios sobre el tiempo, sobre los horribles hechos que estaban ocurriendo en el barrio Clínicas, en las fábricas, en el centro y en la cañada, y sobre lo bien que jugaba al tenis Jacinta, ¡que así se llamaba la pobre! A partir de entonces, el bueno de José no faltaba al club los días en que sabía que concurriría el padre con la hija. Poco a poco se fueron tejiendo comentarios sobre cirugías, anestesias y otras epopeyas médicas. En general, el joven escuchaba absorto los relatos del viejo. Éste, de vez en cuando, le daba lugar para que pudiera hablar de sus ilusiones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En poco tiempo el muchacho entró a trabajar ad honorem como ayudante del anestesista de más confianza del, a esa altura, “don Juan”. Que así se llamaba el doctor: “Juan de los Santos Valerga”.&lt;br /&gt;Mientras tanto, Jacinta, observando que su belleza no alcanzaba para distraer al joven de esas conversaciones médico-masculinas, se las ingenió para interferir en las mismas y hacer que el padre le presentara a ese muchacho que tan vivamente había despertado su curiosidad (la del padre). No le resultó difícil. Ella, desde su aparición en el mundo, pasó a ser el único objeto de interés (fuera de los cerebros) para el eminente profesor. No está de más acotar que era hija única y que la esposa...—bien, gracias—. Así que algunas caídas de ojo —al padre—, unos pocos mohínes, algunos chistecitos, desabridos pero mimosos... y adentro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como conté anteriormente, José González nunca había sido demasiado rápido con las mujeres. Es más, nunca había logrado algo que fuera más allá de cartitas y acompañamiento hasta la puerta de la casa —en la secundaria— y de ser el amigo eterno de alguna compañera en la facultad. ¿Desahogo sexual? Para eso estaban las putas, que, como coreaban los muchachos, no faltaban en la docta. Así que Jacinta tuvo que usar todas sus habilidades, que eran muchas, para quitarle el susto. Poco a poco lo fue logrando, y un día él se animó a invitarla a salir. Caminaron largamente por algún parque; él todavía no tenía auto y a ella su padre (chapado a la antigua) no le prestaba el suyo. Conversaron de mil temas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bueno, es una forma de decir: hablar, hablaba ella. Lo que no dejaba de ser maravilloso. Se complementaban maravillosamente. Ella no podía parar de parlotear, y él de callar. No vaya a interpretarse que por imposición del charloteo de ella. No. Siempre le costaba hablar. Perpetuamente lo perseguía la impresión de que no tenía nada que decir, y cuando se le ocurría algo, le agarraba un sensación de cerrazón en el pecho, de algo que le imponía llamarse a silencio. Así que la situación era ideal. La pasaban muy bien escuchando las histe... orias de ella y los silencios de él. Claro que se sumaban las caminatas y José no se animaba a decirle nada, y no porque no lo deseara. Hasta que en una de las tantas, ella sufrió un vahído. Se dejó caer en un banco de esa plaza por la que caminaban por enésima vez sin que pasara nada. Lo hizo de tal forma que su cuerpo flojo obligó al muchacho a tomarla entre sus brazos para evitar que se golpeara. La maniobra dio resultado. En pocos segundos más habían muerto las palabras y se estaban besando apasionadamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A ojos vistas, le quitó el susto.&lt;br /&gt;Claro que... quitárselo... hasta ahí nomás. Como las privaciones habían sido muchas, el muchacho rápidamente se puso goloso. Y como todo goloso quería cada vez más. Y eso... ¡no podía ser! Como toda chica de “buena familia” debía llegar virgen al matrimonio. Y si bien ya no disponía de tal estado, perdido en algún ardoroso desboque de fin de curso, no se lo iba a hacer saber a ese muchacho católico, serio y laborioso. Así las cosas, lo dejaba acercarse bastante, pero no entrar en profundidades. Además, era hábil manualmente, y con maniobras de superficie, sabía dejarlo satisfecho. Así que, sin demasiados sacrificios, todos contentos y el prestigio sin arriesgar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él se sentía en las nubes. Pronto a entrar en la familia de los Valerga. Con una linda minita colgada del brazo. Franeleando como nunca lo había hecho en la vida. Y sobre todo, cada vez más metido en el equipo del Doctor.&lt;br /&gt;En no mucho tiempo más, el viejo choto que le hacía la anestesia al profesor sería retirado a cuarteles de invierno y él —la joven promesa— se quedaría con toda la torta. Lo único molesto era el carácter de Jacinta. Un tanto irritable y básicamente inconformista.&lt;br /&gt;Nada le venía bien. Todo le resultaba insuficiente. Lo que los guarangos definen por el “&lt;em&gt;no hay poronga 4 que le venga bien&lt;/em&gt;”.&lt;br /&gt;Cosa que él no podía decir, dado su criteriosa y educada condición y porque... aún no había podido experimentar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nada de eso impidió que, una vez recibido José y avanzada ella en su carrera (una de ésas que sirven especialmente para dar algún lustre y poco dinero), se casarán rodeados de pompas y boatos a la medida del profesor y su única hija. Para él, lo más difícil fue disimular a sus padres en la fiesta. Aprovechó para ello a unas tías pobres de la novia, que también habían sido invitadas, y al viejo párroco de la capilla del barrio, que lo confesaba desde la primera comunión. Con esa fauna organizó una mesa, cercana a la principal, pero discretamente ubicada entre unas columnas que disimulaban el aire de museo empobrecido que dominaba al grupo. Hasta se podría decir que se emocionó, pensando que lo hacía para evitarles a los viejos los nervios de entrar en relación con esa gente de otro nivel. Y se emocionó también al ver, después de tantos años, en la misma mesa, a su papá (que para la ocasión había dejado a la mucama en casa y a su mamá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luna de miel a todo trapo en Europa pagada por don Valerga (no eran tiempos de Caribe-Punta Cana) y —la cultura no podía estar ausente— museos y recorrido histórico hasta las llagas y la confusión de recuerdos. Actividad sexual regular y regulada. Un poco de sangre de desfloración en las sábanas (igualito a... cuando se está terminando la menstruación) y algunos quejidos las primeras veces. Una molesta eyæculatio præcox acompañó al sexfamélico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego de una serie de noches insistentes, las aguas volvieron a su cauce y la actividad sexual se tornó más rutinaria. Por suerte, en ese curso, mejoró la performance del anestesista, y todo se volvió más anestesiado, incluso la vagina de ella, que tenía, de paso, oportunidad para quejarse por eso, lo que atenuaba otras quejas posibles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Además, al poco tiempo, quedó embarazada y todo se volcó a la dulce espera. Nada importaban entonces los tiempos de él. Es más, mientras más rápido hiciera uso,mejor. Menos la molestaba y la distraía de su idilio con la panza (a esa altura, su único amor verdadero).&lt;br /&gt;Cuando se ponía demasiado pesado, estallaba algún “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;antojo&lt;/span&gt;” y allá iba nuestro joven profesional a recorrer aterido (era un invierno cruel) las noches de Córdoba en busca de frutillas, para que su (?) mujer no se pusiera como loca y el chiquillo no naciera con un hemangioma en la frente. No eran épocas de ecografías, así que el enigma se mantuvo hasta que... ¡chancleta! —gritó la partera—. El abuelo, contento. Casi automáticamente, el antiguo amor por su nena se transfirió a la primera nieta. Jacinta, que esperaba un varón, rápidamente vio en la beba un espejo al cual ponerle puntillas, perfumito y hacerle su primer rulo con el peinecito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a José... estaba contento. El suegro, transportado; la esposa, embelesada... ¿que más podía pedir? Claro que, después de no mucho tiempo, ella y el profesor comenzaron a pedir el varón.&lt;br /&gt;Y él, trabajador esforzado, se dedicó por las noches, a la vuelta de agotadoras jornadas de quirófano y después de cenas mediocres (de eso hablaremos luego), a hacer lo necesario para satisfacer las expectativas de la platea y de su mimada. Su día consistía en: levantarse a las seis de la mañana, bañarse, vestirse cuidadosamente, sin hacer ruido, para no despertar a la nena ni a la madre. Lo que no evitaba los refunfuños de esta última acusándolo de no dejarla dormir a ella, que después tenía que atender a la nena sin que nadie la ayudara (clara referencia a él). Hacerse y tomar disparando un desayuno en soledad. Salir corriendo. Supervisar la preparación del quirófano y llevar a cabo la de su propio instrumental, conducir la anestesia correspondiente (a veces dos y más en simultáneas), en operaciones que podían llevar muchas horas y que, generalmente, eran seguidas por una y hasta dos más, el mismo día.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En los intervalos, algún emparedado, alguna gaseosa y un analgésico calmaban hambre y dolores de cabeza. El cigarrillo se había transformado en su acompañante más fiel y las conversaciones con colegas en el “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;office&lt;/span&gt;”, el momento más agradable del día.&lt;br /&gt;Por las noches, una cena magra, ya que la patrona por sus ocupaciones —nena, actividades profesionales (en general ad honorem), acicalamiento y cuidado del cuerpo (gimnasia, cosmiatría, peluquería, etc.)— no tenía tiempo de ocuparse de cocinar. Además, podía comer por ahí y no molestarla. Luego de la cena magra, a bombear, especialmente los días de ovulación. Bueno, pero el esfuerzo siempre rinde sus frutos y, después de pocos meses, la amenorrea salvadora. El segundo embarazo se hizo presente en lo de los González Valerga (más Valerga que González, como ya habrán advertido los lectores). Luego, repetición de la historia conocida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Veda sexual, recorridos nocturnos a la búsqueda de frutillas, progresos de Jacinta en el punto arroz y otros diversos diseños de ropa para bebés. Agotamiento de él, exigido por el trabajo, y las noches en vela, por ella y sus antojos, y/o por el cuidado de la nena cuando se despertaba, ya que ella, como cualquiera comprenderá, tenía que descansar para no perturbar el desarrollo del embarazo. Finalmente llegó Juan de los Santos José González Valerga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;José respiró tranquilo. ¿Qué más se le podía pedir? Cartón lleno.&lt;br /&gt;Ella contenta, tenía su pe... su nene. El abuelo, ni que decir. La beba era hermosa y graciosa como su hija. Pero ahora tenía su nieto, que más allá de algún detalle (como el primer apellido) y la cara de gallego, era la prolongación de los Valerga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A partir de entonces continuó la vida matrimonial sin mayores sobresaltos (por lo menos así lo creía él). Durante la semana, y casi siempre por urgencias algún sábado o domingo, trabajo duro.&lt;br /&gt;El día libre: tenis, almuerzo en el club, visita a lo del suegro. Recuperación de horas de sueño. Vacaciones. Fiestas de fin de año, cumpleaños, velorios. Primero se fue su madre. Luego, su padre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, don Juan. Fue conmocionante. ¿Qué iban a hacer sin él, sin esa presencia que resolvía todas las dificultades, que llenaba todos los agujeros? Sin embargo, a todo se acostumbra el ser humano. Y José se las supo arreglar. Por otro lado, les había quedado la clínica como herencia (en realidad, a ella).&lt;br /&gt;El problema vino más por el lado de Jacinta. Dolida en extremo, había perdido todo apetito sexual. No obstante, no ocurrió lo mismo con sus ganas de arreglarse. Se vestía más “mona” que nunca. Y no dejaba de ir a visitar a “las amigas”. Encima le reclamaba a él que cubriera todo lo que antes cubría “el profesor”. Lo que era imposible ya que a José se le había complicado todo. No podía dejar sus anestesias y a la vez tenía que comandar médica y administrativamente (más esto último) la clínica. Su vida era un caos. Le dolían los supraescapulares, se quedaba dormido en reuniones, cines y lecho, provocando la ira de ella. Además, cuando nadie se lo proponía ni lo esperaba, en una de las escasas relaciones sexuales, un forro se pinchó y una segunda niña y tercer hijo vino al mundo. Bancarse ese embarazo excedía toda posibilidad; sin embargo, fue soportado. Si la permisividad, la vista gorda del catolicismo, les había dado hasta para el uso de preservativos, no alcanzaba para autorizar un aborto. Jacinta vomitó durante los primeros tres meses, mucho más que en toda la vida. De los chicos, obviamente tuvo que ocuparse él. También de las cuentas, el personal de maestranza (a esa altura: cocinera y dos mucamas), bancos, impuestos, servicios, etc... Nacida la criatura, nada se calmó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario, todo se agravó. Jacinta estaba cada vez más insufrible. Era un manojo de nervios, por cualquier cosa gritaba, hacía una escena. Como si fuera poco, la psicóloga a la que iba desde un tiempo antes le daba la razón en todo y atribuía las dificultades del matrimonio al machismo de él, que lo hacía no colaborar lo suficiente con esa pobre mujer huérfana y madre de tres hijos. González se desesperaba cada vez más, ya no sabía qué hacer para contentarla. Todo resultaba insuficiente. Así pasaron los años. Jacinta se enfurecía porque consideraba incomprensión del marido lo que no era más que mediocridad e imposibilidad. A él más de una vez se le cruzaba la idea de mandarse a mudar, pero enseguida la desechaba. Cuando sus padres se separaron, se había hecho la firme promesa de no hacerlo nunca. Conocía en carne propia cuánto se sufre como hijo en esas circunstancias y era un dolor, un desgarro que les quería ahorrar a suyos, a los que quería (incluida la tercera) más que a cualquier otra cosa en el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero no hay mal que dure cien años: milagrosamente las cosas comenzaron a mejorar. Ella retomó sus maquillajes, hizo una dieta que le devolvió (bastante) el bello cuerpo que tenía antes de los embarazos y volvió al tenis. En realidad, todo empezó con la retoma de esta última actividad. Sucedió por recomendación médica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dieta y deportes para combatir el estrés. Sin embargo, como él no lo supo nunca (¿o no quiso saber?), pasaron a ser tres. El joven y ambicioso profesor de ese elegante deporte pasó a integrar la vida de la pareja, claro que no en simultáneas con nuestro héroe.&lt;br /&gt;Excepto cuando se cruzaban en los courts, ocasiones en las que se deshacía en amabilidades hacia el esposo de su alumna. Particularmente le hablaba maravillas de los progresos que ella hacía con las pelotas. Que el saque de fondo. Que la devolución desde la red.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Que su gusto por el revés, etc.. Se le encendían las pupilas cuando relataba los avances de la Jacinta.Alguna vez ella le confesó al “terapeuta” de pareja, en una entrevista individual, que, ante la falta de apetito carnal del marido, ella había ido a saciarlo a los brazos fornidos del “profe”. Además, esa palabra profesor, que tanto le recordaba cómo llamaban a su papá, la llenaba de nostalgias. Pero, claro, el muchacho era joven, y si bien gustaba de la desfachatez de “la vieja” en la cama y de sus regalos, tanto en la cama como fuera de ella (un autito, un viaje a Punta Cana, que a esta altura ya existía, etc..), no resistió a los encantos de una “pendeja” menor que él y mucho más hermosa que nuestra heroína. Lo que resultó insoportable para ésta. A pesar de que él le decía que no se trataba de lo mismo, que eran amores distintos, que además ellos nunca iban a poder casarse porque ella no quería separarse de su marido, que era una pena, que la pasaban tan bien en la cama. Peor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Qué quería decirle? ¿Que la quería sólo para la cama? No, no era sólo para eso. ¿Cómo podía pensar así? ¿Cómo iba a comparar su experiencia, su madurez, con la inocencia de una joven de veinte? Fue el colmo, eso ya le resultó inaguantable. ¿Acaso la trataba de puta vieja? No, para nada, él se refería a lo otro como virtudes...&lt;br /&gt;Sí, de puta...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al “profe” le fue imposible salir de la encerrona. Jacinta no quiso saber más de él. Claro que el que más la ligó, como se podrán imaginar, fue José. Sin comerla ni beberla, ni estar enterado, pasó a ser el que recibía las cachetadas. El carácter de su media naranja volvió a agriarse, para ser más exactos, se pudrió. Él, que había conocido el oasis de solamente trabajar diez horas diarias, ocuparse de la organización, administración y sostenimiento económico de la casa y de la educación de los hijos, tenía que volver a cultivar las artes necesarias para tratar de atenuar los malhumores matinales de Jacinta y sus enfurecimientos en el lecho, sin lograr a ciencia cierta saber porqué. Así que se reinició, en su trajín cotidiano el soportar silencioso de los maltratos por parte de la cada vez más “madre de sus hijos”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tal vez nada hubiera cambiado (él —como cualquiera de los lectores habrá podido advertir— no era hombre de grandes cambios).&lt;br /&gt;Pero cierta vez vio llorar quedamente a la recepcionista de la clínica. Y a pesar de su apariencia, era hombre sensible, cosa que cualquiera podría advertir con sólo observar su dedicación cariñosa a los hijos. En fin, por lo que fuera, el llanto de esa mujer lo invitó a acercársele. Tal vez lloraba, como a él le hubiera gustado hacerlo y nunca se animó ni aun en los momentos de mayor desesperación, que habían sido muchos. Las conversaciones se sucedieron.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Primeros casuales, luego casualmente buscadas. Finalmente, fueron citas decididamente acordadas, aunque para ello tuviera que atravesar escrúpulos torturantes y autoprometerse no ir más allá de dulces charlas en el reservado de algún pub. Hasta que un día el azar les (?) jugó una mala (?) pasada. Una operación se extendio hasta altas horas de la madrugada. Vigilante de la situación, el administrador de la clínica le encargó a ella que se quedara hasta que se fuera el último médico, atenta a lo que fueran a necesitar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El último fue él. Anestesista, tenía que controlar la salida del paciente de la anestesia hasta que todo estuviera seguro. Al salir, ella (la recepcionista) le pidió que, dada la altura de la noche, la acercara en el auto hasta la casa. En camino, González se sentía vibrar sin atenuantes. Ya en la puerta de la humilde vivienda (parecida a la de sus padres cuando era chico y estaban cercanos a separarse) se prolongó la conversación comenzada en el viaje, en la que nuevamente le relataba las crueldades del marido para con ella antes y después de la reciente separación. Culminó con un beso robado para despedirse y que desató en él una turbulencia de abrazos, caricias y besos hasta que, sin saber cómo, llegaron a eso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se encontró con su bragueta desabrochada y su pene erecto en la boca de ella. Una sensación en el cuello, en el pecho y especialmente en el órgano, como nunca en su vida había sentido, lo inundó, hasta que todo él y su verga también entraron en espasmos disolutorios, mientras furiosa y sacudonamente el miembro escupía un exceso largamente acumulado. Luego el silencio, algunas últimas lamidas de parte de la mujer, un respaldarse enajenado en el asiento, un quedar abrazada por parte de ella, con la mejilla sobre el falo en retirada y en posición de descanso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A partir de entonces, nada sería igual. Se sucedían los actos de amor entre el doctor y la, para él, triste víctima de un bruto incivilizado.&lt;br /&gt;Presta ella a abrevar de su lustre, decidido él a salvar a la pobre indefensa. Entretanto: los goces de la carne. Claro que todo empezó a notarse, aunque confusamente, en el solar familiar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella (la esposa) se preguntaba no sin enojo: ¿qué le pasa a este, que anda tan contento? Inicialmente, hasta el rendimiento sexual había mejorado, cosa que a Jacinta tendía a molestarla. Pero, además, demasiadas noches llegando a la madrugada, y cuando lo llamaba al celular, estaba desconectado, fuera de la zona de servicio o con el contestador. Es cierto que su profesión (la de él) era esclava y que no podía negarse a las emergencias, pero la frecuencia de las mismas había aumentado de manera desproporcionada a las del resto de los colegas con cuyas esposas nuestra señora Valerga de González se encontraba en las rutinas del club. Pero lo más llamativo era que ya no cultivaba esa imagen de padre obsesivamente dedicado a sus hijos. Cada vez los descuidaba más. No miraba sus cuadernos, no preguntaba por parciales, ni exámenes, no le preocupaba con quién y hasta qué horas salía la mayor. Y como nunca, se habían multiplicado sus viajes a congresos nacionales e internacionales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Además, a medida que pasaba el tiempo, ya no la requería sexualmente, cosa que a ella no le interesaba en sí, pero sí como otro indicio de que estaba ocurriendo algo extraño a lo habitual. Protestó, preguntó, pataleó y no hizo más que encontrarse con su irrespirable silencio. Parecía un muro de cemento. Gris, callado, plano, impenetrable. Mirada entre huidiza y perdida. Entró a controlarle el celular. El redial la llevó en repetidas oportunidades al mismo teléfono, el de la casa de la recepcionista. Lo interpeló y encontró siempre la misma respuesta: razones de trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Finalmente unos resúmenes de tarjeta de crédito en los que aparecían habitaciones de hotel dobles, en vez de singles, la decidió y contrató a una agencia de detectives. Los informes fueron lapidarios: el hipermoral llevaba una doble vida. Mantenía, y en buena medida habitaba, otra casa, obviamente, la de la recepcionista.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jacinta precipitó un tornado que no logró hacerlo retornar. Por el contrario, lo empujó a la separación de hecho. Peor. Más furiosa se puso ella. Le exigía que volviera y se hiciera cargo de sus responsabilidades paternas, que probablemente es para lo único que lo quiso siempre. Él muchas veces se sintió tentado, extrañaba el territorio familiar. Parecía loco pero era así. Extrañaba esa cámara de torturas en que se había transformado el hogar. O para ser más exactos, extrañaba las pausas entre sesión y sesión. Algo así como el habitante del desierto que recuerda el oasis que posibilita la travesía. Sus oasis tenían nombre: Guadalupe, la hija mayor; Pepe, el varón, y Clara, la tierna y pequeña, siempre pequeña, Clara, la menor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces volvía, pero la prueba no duraba más de dos días.&lt;br /&gt;La fiera herida sacaba las uñas y procuraba obstinadamente transformarlo en jirones. En muchas de esas ocasiones sintió un volcán entre sus entrañas y se le cruzó la fantasía de matarla, pero todo un doctor, tragó saliva, ahuecó el pecho, aspiró hondamente y nuevamente se retiró. Cada retirada ahondaba el odio de ella, que se multiplicó cuando “la puta”, como la llamaba cariñosamente, se mudó a la vuelta del solar familiar. Eso fue el acabóse. A partir de ahí una ametralladora de escándalos inundó la vida de lo que a esa altura era una familia trágica. La señora solía ir a la casa de la puta y desde la vereda la instaba a los gritos a que saliera a pelear, mientras la acusaba de mil inmoralidades, sin tener en cuenta que del otro lado de las persianas un niño de nueve años escuchaba aterrado y avergonzado lo que esa mujer decía sobre su madre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando alguien, incluso sus hijas, se lo hacían notar, enfurecida respondía que la puta no había tenido ningún cuidado de sus hijos cuando se lanzó a seducir a ese despreciable gusano en que se “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ha transformado vuestro padre&lt;/span&gt;”. También cultivaba el llamado al celular.&lt;br /&gt;Cincuenta a ochenta llamados diarios al Miniphone —destinado a urgencias quirúrgicas— prácticamente lo bloqueaban.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras, él soportaba todo. A lo sumo, con cara de estoico, exhalaba alguna queja delante de su hija menor, Clara, a esa altura la única receptiva a éstas. No porque los otros se hubieran vuelto enemigos del padre. No era ésa la situación. Pero el varón prefería abstraerse en sus estudios de matemáticas, mucho más entendibles que el minué parental. Y la mayor no podía zafar fácilmente de su antigua función de compañera de la mamá. Pero la vida se tornó insoportable para todos, no sólo por las explosiones maternales, sino también por las indecisiones del anestesista. A toda costa quería hacer como que no pasaba nada, para lo cual volvía, cada vez que podía, a largas visitas a la casa, a quedarse a comer y a reciclar ilusiones en la fiera herida. Ilusiones no de amor, sino, como corresponde a una fiera, de quedarse con la pieza. Dentro del grotesco, era mucho más digna la locura de la fiera que la ramplona cobardía del Doctor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Clara no soportó más.Un último destello. Llamó a un analista para pedirle una terapia de familia. La voz aniñada desconcertó al viejo freudiano. No era la voz ni del padre ni de la madre. Inquirida, respondió que era la hija menor, pero que contaba con la aquiescencia de ambos padres. El profesional otorgó la cita.Vinieron todos. El anestesista hacía una gran excepción. Se sabía: su apretada agenda no dejaba lugar para menesteres como ésos, en los que encima no creía. Pero lo hacía por la nena (quince años). En las sesiones, por llamarlas de alguna manera, seguía tan paredón como en la casa. Callaba, por más acusaciones e insultos que la dama ofendida le dedicaba a él y su nueva pareja. ¡Ah! Porque el detalle que inició las sesiones fue la información de que llevaban dos años viviendo en casas separadas. Era evidente la decisión de él de no volver, pero también su incapacidad para asumirlo. Evidenciada a través de dobles mensajes que mantenían esperanzas en la fiera herida. El trabajo del terapeuta se orientó a despejar ese malentendido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando eso se hizo evidente, se agravó la posición agresiva de la señora, confirmando un imaginario lego de que estaba loca y con el que repetidamente la amenazaba la cobardía silenciosa del anestesista. Era una carnicería destinada a la mirada y los oídos de los hijos. El terapeuta los citó sin éstos. Ella no quiso.&lt;br /&gt;Los citó entonces por separado. Ambos concurrieron, y fueron explícitos: ella en que no tenía otra intención que dañarlo lo más que pudiera; él, en que no quería asumir la responsabilidad de ser el que produjera el acto de iniciar los trámites de divorcio. La prolongación de la tragedia estaba asegurada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El terapeuta propuso que nombraran abogados para llevar adelante negociaciones pertinentes. Que no se vieran más, que él dejara de ir a la casa. En fin, que dieran vuelta la página, para que comenzara otra historia. Ambos se negaron. El terapeuta dio por terminada la experiencia. Continuarla habría sido hacerse cómplice del goce mortífero de la pareja. Interrumpirla, abrir una posibilidad de que volvieran a consultar desde otra posición. Ella lo planteó, estuvo a punto de hacerlo, pero el odio fue más fuerte: continuó y subió la apuesta. O sea, la ametralladora de escándalos, dándole al anestesista el instrumento necesario para que procediera —sin anestesia—. Consiguió los certificados necesarios de dos colegas solidarios, la internó en una clínica psiquiátrica y colorín colorado este cuento ha terminado. Por lo menos, hasta el momento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 Modismo juvenil argentino que en dicha época significaba “fiesta”.&lt;br /&gt;2 Modismo hispano-argentino que significa “masturbación”.&lt;br /&gt;3 Masturbación.&lt;br /&gt;4 Porteñismo para designar al pene.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-2434855603534458486?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/2434855603534458486/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=2434855603534458486' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2434855603534458486'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2434855603534458486'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/sin-anestesia.html' title='Sin anestesia'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-1289059901744623022</id><published>2008-09-23T12:53:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T11:21:30.612-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 10'/><title type='text'>El señor Buendía</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Puntual, cumplidor, su timbre a primera hora de la mañana era acompañado invariablemente con un amable &lt;em&gt;buen día&lt;/em&gt; ni bien escuchaba por el portero eléctrico el &lt;em&gt;¿quién es?&lt;/em&gt; de parte del personal de servicio o de su psicoanalista en persona. Más que su nombre, lo representaba ese rasgo cortés e inexcusable. Se trataba de eso: era un señor sin excusas, tal vez por ello con complicaciones de &lt;em&gt;excusado&lt;/em&gt;, eso que no podía ser. Una obstinada constipación solía desembocar en abundantes y explosivas deposiciones. Sin llegar a tener un megacolon, lindaba con el colon irritable.1 En realidad, todo él era sumamente irritable. Irritable, y afectado por la presión... (hipertensión arterial).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su padre había muerto relativamente joven a causa de un infarto, después de haber sobrellevado un cuadro hipertensivo. Éste era un temor constante en él: &lt;em&gt;morir joven de un infarto.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Su problema eran las mujeres... y el jefe.&lt;br /&gt;Jefes había tenido varios, y con todos dificultades. Pero con el que más las tuvo fue con el que se estabilizó como ejecutivo de la empresa. Lo tenía catalogado (él al jefe) como un inútil que tenía lo que tenía sólo por los azares de la herencia. Le resultaba intrusivo, irrespetuoso, pero sobre todo incapaz de reconocer sus méritos, a pesar de que lo había ascendido a la más alta jerarquía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Claro que por debajo del directorio, que, como suele ocurrir, estaba integrado solamente por los socios. Le parecía irracional, aventurero, incapaz. Varias de estas “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;virtudes&lt;/span&gt;” adornaban también a su padre, excepto la última, que identificaba a su hermano, el preferido de aquél, preferencia que pagaba con dicha invalidez. A medida que el análisis avanzaba, se iban desgranando los calificativos y tornando más complejos. Resultaba así que el jefe a veces tenía razón y que muchas discusiones con las que lo enfrentaba sólo eran resultado de rivalidades mutuas y de acontecimientos que él sentía como falta de amor y de reconocimiento por parte de aquél. La figura del padre también se complicaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En sus rememoraciones recorría sus vetas idealistas, románticas, pero de pronto aparecía el tirano autoritario, y más adelante, en otro recodo, resultaba una figura sometida a extraños personajes masculinos que orillaban o se adentraban en la delincuencia. En sus recuerdos, fue encontrando indicios que le indicaban que la abogacía, que siempre le había parecido a la medida del padre y la profesión que éste hubiera querido que él encarara, no había sido tal vez tan indiscutiblemente la vocación de aquél. Por ejemplo, ocurría que con bastante frecuencia no cumplía con los plazos procesales, a pesar de ser muy minucioso y organizado con los archivos. En cambio, supo de apasionamientos desmedidos en la búsqueda por armar epopeyas empresariales que, de haber resultado, lo hubieran tornado pionero en la Argentina. No faltaron tampoco las epopeyas políticas, también vanguardistas y fracasadas. Gruñón, malhumorado, había compartido su vida con la madre del señor Buendía, mujer de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;buena familia&lt;/span&gt;”, poco perceptible, ordenada, ajena a ternuras y singularizaciones de los múltiples hijos e hijas “e&lt;span style="font-style: italic;"&gt;chados&lt;/span&gt;” al mundo. Demandante obstinada de atención, suponía siempre que “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el mundo&lt;/span&gt;” se la retaceaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la pubertad, el atribulado muchacho, enigmáticamente, se había ido de la casa natal a la del abuelo materno. Su explicación se basaba en que eso le permitía cursar en un mejor colegio que los de su pueblo suburbano. Lo curioso residía en que, si bien la casa de los abuelos estaba más cerca de dicho colegio, no lo era tanto como para justificar una mudanza semejante. De los relatos se fue haciendo evidente que lo que buscaba el púber era un hogar en el que se viviera más en conformidad con los deseos. Era una casa donde no se conocía el malhumor, seguramente por dicha relación con el deseo. En ella pasó los años decisivos de la adolescencia, preparándose para una vida universitaria que recuerda como lo más vital de su experiencia. Lamentó siempre no haber utilizado las vinculaciones con estrellas fulgurantes del establishment que le dejó la universidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego se enamoró de una mujer cuyo principal semblant era un padre triunfador, adinerado, cuidadoso de su hija. En el curso del análisis fue advirtiendo que su encuentro con dicha mujer fue un resultado de la búsqueda de aquel padre exitoso. Él buscaba ese padre y se encontró con una hija que le exigía por lo menos iguales cuidados y beneficios que los que el padre le había dado. Y por más que él trataba —lograra lo que lograra— ella siempre le demostraba lo escaso que resultaba. En verdad le hacía lo mismo que siempre le había hecho al padre, a quien cuanto más le daba, más le exigía, poniendo de manifiesto que el padre también, a pesar de todo, resultaba escaso. Era una especie de portavoz de una verdad de la estructura: por exceso o por defecto, todo padre es escaso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pocos años fueron suficientes para que el matrimonio fracasara, a pesar de que aún se mantenían por parte de nuestro héroe las ilusiones (de encontrar un padre adecuado). No fueron iguales los tiempos para ella, que se hartó de un hombre que le resultaba aun más escaso que el padre. Para “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;eso&lt;/span&gt;” prefirió volver a la protección paterna. De dicha unión quedó una criatura que había sido el presente con que la había “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;servido&lt;/span&gt;” y que, por lo mismo, tardó en formar parte de su imaginario paternal, no así como trofeo de disputa con la ex.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Conmovido aún por el destiempo, o sea desconcertado por la negativa de la ex a dejarlo volver, conoció a otra mujer. A diferencia de la primera, ésta era moderna, decidida. Siendo bella, rápidamente se lo llevó a la cama y le hizo conocer los éxtasis del goce sexual, sin las reticencias de la anterior histérica. A él, que siempre había padecido fuertes inhibiciones en esos dominios, inhibiciones cultivadas con sesudas razones ideológicas. Ella era de mundo, hablaba de cosas de la cultura, de la política, de la sociedad, que con la anterior ni pensar. Sus padres ya habían muerto, y eran un dolor aún clavado en su corazón, pero no la presencia viva y avasallante que había sido el padre de la otra. Todo pintaba bien, así que, a poco andar, se fueron a vivir juntos. No mucho tiempo después, vino el hijo —varón— que rápidamente atrapó su pasión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero, a partir de ahí, todo comenzó a cambiar. Aquélla, con la que había gozado sexualmente como nunca en su vida, pasó a mostrarse reticente. “E&lt;span style="font-style: italic;"&gt;l chico podía escuchar&lt;/span&gt;”, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;él era muy bruto, quería hacerlo muy rápido y muy seguido&lt;/span&gt;”, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;no entendía sus depresiones, que se acentuaban en las fechas recordatorias de la muerte de los padres&lt;/span&gt;” y de otras efemérides diversas. Como a muchos profesionales, a ella no le iba bien en lo suyo, lo cual la amargaba. Entonces le reclamaba que no escuchara sus papers, que quisiera salir los fines de semana quitándole tiempo para escribirlos, o que no se ocupara lo suficiente del hijo para que ella pudiera dedicarse a su producción profesional (aunque él lo bañaba, lo llevaba al colegio, le hacía hacer los deberes y lo sacaba a pasear los domingos).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algo sorprendente ocurrió cierta vez que “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el jefe&lt;/span&gt;” jerarquizó sus funciones y le aumentó el sueldo: él supuso que había una conspiración en su contra. Analizados en detalle todos los caminos que conducían a la creencia, nos encontramos con que le resultaba insoportable y le causaba angustia que su promoción indicara un acercamiento del jefe. El reconocimiento tan buscado resultaba amenazante. Más valía seguir suponiéndolo enemigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También lo sorprendió descubrir que la esposa se erotizaba cuando él, por cuestiones de trabajo, hacía viajes que lo alejaban de la casa. Igual sorpresa le produjo descubrir que ella se erotizaba aun más si suponía que él miraba a otra o andaba con ésa. Estos hechos no entraban en el campo visual de las anteojeras con que sus creencias le habían perimetrado el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como podemos observar, en ambas situaciones y de maneras diferentes, lo que lo sorprendía era que hubiera circunstancias en las que él se tornara deseable. Y no sólo se sorprendía —digámoslo: se asustaba—. Y no era para menos: si sentía grande la presión que soportaba buscando ser la medida de todas las cosas para lograr el reconocimiento del otro, para lo cual no escatimaba esfuerzos (estar en todos lados, controlar todo, tornarse imprescindible), ¡¿qué no tendría que hacer para mantenerse en el lugar buscado?!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es muy hermoso sentirse el falo, pero, lo sabemos, exige mucha sangre mantenerlo/se erecto. Además, no ser reconocido como tal es doloroso, pero peor puede resultar no estar a la altura del reconocimiento recibido. No es lo mismo ser una gran promesa, que una cruel desilusión. El fracaso del primer matrimonio había dejado una profunda herida en su frágil amor propio, herida que no quería volver a sentir. Lo mismo le había ocurrido con una exclusión laboral, cuando hacía sus primeras armas en la profesión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y justamente de un puesto para el que sus jefes habían depositado muchas expectativas en él. Lo mismo había ocurrido cuando, después de haber sido un excelente alumno durante toda la secundaria, en quinto año resultó enviado a examen en casi todas las materias, lo que originó, de parte del abuelo, su devolución al hogar paterno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin duda, el “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;bombeo de sangre necesario para pararse como un falo atractor de mujeres, de fama, poder y gloria&lt;/span&gt;” puede tornar hipertenso a cualquiera,2 pero mucho peor puede ser si se cae parado en ese lugar, pues caer de ahí augura quedar mal parado. Por eso lo mejor es tener una mujer insatisfecha, un jefe ídem,mientras se trata todo el tiempo de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;comprender&lt;/span&gt;” qué les pasa, qué piensan para intentar satisfacerlos. Y si no es así habrá que suponerlo, pues si no, se puede acabar el mundo, o sea, el ser sostenido imaginariamente por aquellos a los que imaginariamente se sostiene.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 El megacolon está constituido por una malformación del colon, último segmento del intestino grueso. Debido a ella se acumula mucha materia fecal antes de procederse a su deposición, por lo cual ésta es violenta y abundante. En el colon irritable se está propenso a diarreas profusas y sanguinolentas en razón de la irritabilidad del órgano.&lt;br /&gt;2 Es un gasto de goce que, por desplazamiento, reemplaza al que se ejercería en el disfrute sexual directo o en la sublimación.A diferencia de lo que ocurre en éstos, no encuentra descarga, relajación,“descompresión”, operando patológicamente sobre el soma. Tal vez las únicas excepciones (en lo referente a la descarga) las encontraba en las peleas llenas de quejas, gritos y portazos y en los estallidos diarreicos. Claro está que las mismas no tenían ese “no sé qué” que se encuentra en el goce sexual directo.Además, los despeñes diarreicos le dejaban una secreta y molesta sensación de suceso “algo”... femenino.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-1289059901744623022?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/1289059901744623022/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=1289059901744623022' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/1289059901744623022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/1289059901744623022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/el-seor-buenda.html' title='El señor Buendía'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-7651787901706448571</id><published>2008-09-23T11:50:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T11:16:20.796-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 09'/><title type='text'>Cacho</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Siempre lo llamaron Cacho. Excepto su mamá, que siempre, también, lo llamó Cachito. Mujer dura. Muy católica, infaltable a la misa del domingo. Allí estaba a las siete de la mañana. No le gustaban esas practicantes de la misa de once. Para ella, ésas sólo iban a mostrar su último vestido, a menear la cola y a chismorrear. No había más que ver cómo las miraban los gansos que iban colgados del brazo de sus esposas. Por eso al marido ella lo arreaba a la de siete. Y también a los hijos —para que fueran aprendiendo lo que es la vida—. Así Cachito, restregándose los párpados, era arrastrado cada domingo, junto al padre y los hermanos, a cumplir con el &lt;em&gt;Padre Universal&lt;/em&gt; .1&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Le decían Cacho por el tamaño. Parecía de dos metros y con espaldas y brazos proporcionales. Lo único que desentonaba era su eterna cara de “b&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ebé malcriado&lt;/span&gt;”. Mofletudo, de mejillas sonrosadas, ligeramente estrábico, a pesar de su temprana calvicie, seguía teniendo cara de bebé. El fútbol no había sido su pasión. Demasiados tipos pegándose. El ciclismo sí. Desde adolescente los fines de semana los dedicaba a la bicicleta. A su mecánica, bastante simple, y a montarla. Salía en barra, pero la mayor parte del tiempo estaba solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le gustaba afeitarse las piernas como los campeones, y pedalear, pedalear, sin pensar en otra cosa que en sí mismo. A pesar de la costumbre, la angostura del asiento le hacía sentir el culo. Claro que no como en los primeros tiempos, en los que verdaderamente le dolía. Ahora era la sensación de una dureza más o menos vibrátil y recalentada después de cada salida. No podía decir que le gustaba, pero debía confesar que tampoco le disgustaba. Era una sensación inexplicable —como de algo cumplido—. Mientras pedaleaba y sentía el viento en la cara, su cabeza daba vueltas —por lo tiránica que era la mamá, por el papá que no lo defendía y por la dificultad que tenía para “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;levantarse&lt;/span&gt;” una chica—. Siempre le parecía que lo iban a “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;cargar&lt;/span&gt;”. Kilómetros y kilómetros cada fin de semana y la cabeza siempre por los mismos lugares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sólo era distinto lo que ocurría los domingos en los alrededores del mediodía. A partir de los quince años, y en un típico gesto de rebeldía adolescente, había comenzado a ir a misa de once. En realidad, desde antes. Desde los doce años, pero entonces a escondidas. La cosa era así: a misa de siete, con padres y hermanos. Después de media mañana, con el pretexto de salir con la bicicleta que le había regalado el padre como premio por terminar la primaria con buenas notas, a la de once a “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;fisgonear&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero a los quince, después de un “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;berrinche&lt;/span&gt;” que le mostró a la madre un Cachito desconocido y que logró la mediación paterna, no fue más a la de siete. Solamente a la de once y no en el ridículo atuendo de ciclista, sino de traje, corbata y zapatos de charol —los del 25 de Mayo (década del 60)—. La ilusión estaba puesta en entrar en conversación con alguna de esas chicas tan lindas y llenas de mohínes que poblaban la vereda a la salida del servicio religioso. Pero no podía pasar de las ilusiones. Incluso, cuando amigos lo acercaban a alguna de las barras de pibas, él sentía que los colores se le subían a los mofletes y que la glotis se le trababa no dejando pasar palabra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así que se había ido resignando (virtud cristiana) a aislarse en algún margen de la escena y, desde ahí, mirar. Mientras miraba se hacía la película (como dicen los pibes ahora). ¿Por qué se reiría tanto la morochita, qué guasada le habría dicho el flaco Ordóñez? ¿A quién miraba la Susana por encima del hombro? ¿Por qué se rascaba así la pelirroja? Era evidente que Myriam estaba muerta por el flacoTito... ¿Cómo podía ser que una guacha tan linda como Maribel saliera con un gordo como Paco?...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, antes de dormirse, casi entre sueños, mientras escuchaba esos extraños gemidos maternos de domingos a la noche, Cacho se hacía la paja imaginándose a alguna de las pibas de misa retorciéndose de dolor, mientras alguno de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;los vagos&lt;/span&gt;” le tiraba del pelo arrodillándola.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo y las cosas cambiaron (?). Cacho se hizo hombre. Ya no iba a misa, salvo en festividades importantes. Seguía saliendo con las bicicletas —tenía más de una a esa altura— pero más espaciadamente. Había conseguido novia y justamente entre las chicas que iban a misa de once. Era muy linda..., ¡tenía unos ojos...! Prácticamente fue ella la que lo abordó una soleada mañana de invierno en la que él, como siempre, nada más que ahora con pose de “c&lt;span style="font-style: italic;"&gt;anchero&lt;/span&gt;” —mientras la pierna izquierda lo sostenía, la derecha flexionada sobre la rodilla apoyaba el pie contra la pared—, se mantenía marginado, pero mirando. Ella advirtió que miraba a su amiga, tal vez por eso mismo “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;lo avanzó&lt;/span&gt;”. Además, se sentía tan sola. Huérfana, criada por las tías en un clima de profundo recogimiento religioso, su niñez y adolescencia no habían sido otra cosa que frío, templanza, y un pavoroso sentimiento en el que culpa y deuda se mezclaban martirizándola.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para su tío y su primo —los únicos hombres de su vida— ella no era más que una molestia. Así que cuando Cacho le dio bolilla, ella se sintió en el paraíso. Además las tías le decían que se había sacado la lotería, que al muchacho todos lo conocían en el barrio. Era... tan bueno. No se le conocían novias anteriores..., que era muy serio, estudioso, trabajador, deportista, sin vicios, cumplidor de los preceptos cristianos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un largo y austero noviazgo hasta que él se recibió, luego el casamiento y... las dificultades. De entrada se hizo presente la eyaculación precoz. Seguramente pasaría, los dos se ilusionaron. Era la inexperiencia de ambos. Comenzaron en condiciones económicas modestas. Recibido a inicios de los años 70, la profesión le daba para pucherear. Mejoraba un poco la cosa el aporte de ella —era maestra jardinera—. En ese contexto trajeron al mundo una linda bebita. Mientras duró la crianza y los primeros años de la nena, el matrimonio anduvo pasablemente. Ella estaba muy entretenida con esa hija a la que le podía dar lo que ella no había recibido. Quedaban disimuladas las eyaculatio praecox, y las explosiones de bronca de él, inexplicablemente argumentadas con celos de otros hombres, cuando ella sólo tenía ojos para la criatura. Pero la nena creció y se fue haciendo independiente y no vino ningún otro embarazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La soledad volvió a hacerse evidente ante esa mujer. Era cierto que él era muy buen tipo, pero muy apegado a la mamá. Por ejemplo, mientras la nena crecía, no había advertido que él almorzaba sistemáticamente en casa de la madre, con el pretexto de que quedaba más cerca del trabajo. Pero ahora que la nena estaba mucho menos, eso y muchas otras cosas se tornaron visibles. Por otro lado, se había sentido muy satisfecha mientras la nena ocupaba todo el tiempo en que ella no trabajaba, pero ahora que estaba poco en casa, todo era diferente y la queja se instaló con la obstinación de que son capaces algunas mujeres. Dificultades económicas, sexuales, dependencia materna, soledad, aburrimiento —materia había de sobra—.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las peleas eran virulentas y parecían poner al matrimonio siempre al borde de la separación..., si no fuera que eran tan católicos... Pero no sólo por eso. Durante años, después de cada pelea, él recuperaba una potencia sexual excepcional, como la que ella deseaba. Y no sólo eso, también ocurría que desde que se hicieron manifiestas las dificultades en la pareja, ella era empujada por insinuaciones de él, llevadas a cabo en más de una oportunidad por la vía de los celos, y por insatisfacciones propias, a sostener relaciones extramatrimoniales por las que Cacho manifestaba una gran curiosidad. No era que él se informara directamente, no. Más bien hacía lo imposible para no darse por enterado, a pesar de las veces en que ella, agobiada por los sentimientos de culpa, había tratado de decírselo, o “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;sin querer&lt;/span&gt;” dejaba pruebas. Sólo deseaba sospechar. De ahí las insinuaciones, de palabra o de mirada. Y después de cada una de esas crisis, él manifestaba una potencia que no dejaba de sorprenderla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que ella no sabía era que entre las crisis, marginado en el baño, Cacho se masturbaba imaginándose cómo alguno de esos hombres la golpeaba mientras la poseía violentamente. Y menos se imaginaba que a veces él fantaseaba ser ella en alguna de esas situaciones. Lo que reforzaba poniéndose alguno de sus corpiños o colgándose alguna de sus bombachas delante de su pene —en esas ocasiones, sí— bien erecto mientras sentía una extraña y agradable sensación en las grupas, que le hacía recordar sus años de ciclista.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 Por suerte para él. Decía Fraçoise Dolto, en la Universidad del Salvador, en su visita de 1986 (publicado en Psyche —octubre de ese año—): “S&lt;span style="font-style: italic;"&gt;u madre refiere su lenguaje a alguien que él no ve, y él ve a su madre desear, esperar de alguien que no ve algo que ella pide. Eso cuestiona al niño sobre alguien que es más importante que él. La persona a quien la madre reza, está ubicada para él en lugar de padre por encima de la madre o de madre por encima de la madre&lt;/span&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-7651787901706448571?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/7651787901706448571/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=7651787901706448571' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/7651787901706448571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/7651787901706448571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/cacho.html' title='Cacho'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-459373966123396837</id><published>2008-09-23T11:29:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T11:07:53.890-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 08'/><title type='text'>Nunca me comprendiste</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ella estaba gratamente sorprendida y curiosa. Era amiga de las experiencias algo extrañas, y ésta lo era.&lt;br /&gt;Se habían conocido en la calle, y después de intercambiar miradas y algunas pocas, muy pocas palabras, terminaron amándose en el departamento de él.&lt;br /&gt;La cosa llevaba tres meses.&lt;br /&gt;Una o dos veces por semana se repetía el encuentro. Siempre perfecto pero sin hablar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él era un excelente cocinero, preparaba en cada ocasión un nuevo menú, raro y delicioso, después la cama y ella volvía a partir. Nada más.&lt;br /&gt;Era eso. Lo exacto para disfrutar sin el aburrido perfume de lo formal, las historias, los cuñados, los derechos y los deberes.&lt;br /&gt;Él hablaba poco o casi nada, tanto que cuando telefoneaba y atendía el contestador automático cortaba la comunicación, quizás pensando que si uno tiene pocas palabras vale más administrarlas con prudencia sin el despilfarro que implicaría hablarle a una máquina.&lt;br /&gt;Tampoco era curioso: &lt;em&gt;menos averigua Dios y perdona&lt;/em&gt;. Ya se sabe que la vida de cada cual está repleta de problemas, y parecía haberse establecido entre esos dos seres un pacto, un clima milagroso que propiciaba dejar los problemas afuera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella tampoco era muy locuaz, desconfiaba francamente de todo lo que se dice; opinaba que después de todo el charloteo, &lt;em&gt;hasta que uno separa la paja del trigo&lt;/em&gt;, suele quedar muy poco, a veces nada.&lt;br /&gt;De modo que se había formado una pareja dichosa, al abrigo de las convenciones habituales, que ignoraba todo uno del otro, a excepción del nombre, el número de teléfono y pocas cosas más. Se entendían de maravillas: tres meses sin altercados, sin conocimientos superfluos, dedicados a gozar de la comida y del cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, una vez ella dijo tímidamente, en voz baja, que quizás podrían ir al cine un día cualquiera.&lt;br /&gt;Fue encender una mecha en un barril de pólvora: el tipo explotó: &lt;em&gt;—¡Vos nunca me comprendiste! Jamás te despabilás sobre lo agotado que estoy, que trabajo como un animal, los clientes que no pagan, el gerente del banco que quiere cerrarme la cuenta... El auto está desvencijado y yo no tengo un peso, mi ex mujer me rompe las pelotas con que me va a demandar, están por rajar al chico del colegio por falta de pago.—Grita cada vez más fuerte— ¡Y vos! ¡¿Qué querés vos?! ¡Ir al cine, sólo pensás en vos y en pasarla bien, no te importa de mí, nunca me comprendiste!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Como la cosa no terminaba, a ella le pareció que debía replicar: &lt;em&gt;—¡Vos sos el que nunca me comprendió! ¡Sólo te importa comer y llevarme a la cama, ni siquiera me acompañás a la puerta! —Llorando, empieza a perder la compostura, se corre el maquillaje.— Como persona no te intereso, nunca me preguntás nada, sos el peor egoísta que conozco, creés que no tengo sentimientos, que no sufro... ¡Nada! ¡Para vos soy nada! Claro, ¡el señor come y coge! A quién le interesa lo que yo pienso, lo que me duele vivir, si estoy triste o angustiada, si mis hijos están bien o mal, si me alcanza para pagar el alquiler... ¡Si mi madre está en un geriátrico o en la mierda!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Las lágrimas corren mucho más, es una mascarita triste, se va tropezando, piensa que nunca más lo verá, cosa que no podemos asegurar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Espero que el lector haya reconocido el tono, el calibre y el ritmo de la discusión por medio de experiencias personales.&lt;br /&gt;Introduciendo algunas variaciones, cualquiera puede reconocerse allí, sea hombre o mujer; por razones de espacio y de piedad abrevié y omití muchas cosas que suelen decirse en la ocasión, confiando en la memoria del lector.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero lo que resulta llamativo es que en la situación concreta que ha resultado —entre dos personas que no se conocen (o casi), que no han intercambiado datos por un acuerdo tácito pero evidente y que nunca discutieron— esa violencia llama la atención, o quizás pone al descubierto detalles de la estructura que normalmente se encuentran velados con lo que parece formar parte de historias reales. Es decir que, normalmente, la violencia, el odio, parecen ser la respuesta a ofensas sufridas previamente; la verdad es que están, desde antes, tensándose, aguardando el momento del disparo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El destinatario de los reproches suele estar azorado, interrogándose acerca del motivo de tanto desvarío. Los reproches, las maldiciones, han ido reptando por las redes mismas de los elogios y las bendiciones que se han prodigado a la persona amada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;He querido relatar esta secuencia que descubre una violencia impensada, que está “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ya-ahí&lt;/span&gt;” sin motivo alguno y desemboca en una escena final que se parece con todo detalle a la que podría suceder después de una larga convivencia.&lt;br /&gt;¿Qué es este “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;nunca me comprendiste&lt;/span&gt;”, ya que no hubo oportunidad alguna de comprensión ni tampoco de incomprensión?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-459373966123396837?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/459373966123396837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=459373966123396837' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/459373966123396837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/459373966123396837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/nunca-me-comprendiste.html' title='Nunca me comprendiste'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-6153491953537075453</id><published>2008-09-23T10:53:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T11:06:13.153-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 07'/><title type='text'>Joven Papá</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Llegó a la consulta directamente desde el aeropuerto; siempre llevaba una gran valija.&lt;br /&gt;Su residencia habitual era Toronto, aunque periódicamente concurría a la Argentina, su país de origen. Trabajaba una parte de su tiempo en Canadá y la otra parte era distribuida en varias provincias argentinas. De manera que siempre parecía estar a toda velocidad, de un lado a otro, que nunca se detenía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Según decía, estaba preocupado por la repetición. Afirmaba &lt;em&gt;“haberse dado cuenta”&lt;/em&gt; de sus repeticiones y declaraba la firme voluntad de pedir ayuda a efectos de &lt;em&gt;“no volver a cometer los mismos errores”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;¿Cuáles errores? Su primera esposa fue una gran desilusión. La halló en el lecho matrimonial amando a otro. Deshonrado, se divorció y se fue a vivir a Canadá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Allí se proponía, entre otras cosas, dar con una mujer honrada y ser padre de familia. El destino lo favoreció pronto al enviarle una joven señora, decentísima, separada, madre ya de dos hermosos niños. Contrajo enlace con esta señora buena, digna de todo respeto, amistosa compañera con la cual, sin embargo, se aburría hasta extremos inenarrables.&lt;br /&gt;Consideraba el hastío un precio justo que exorcizaba el peligro de infidelidad; la dama era una excelente mamá y seguramente, muy pronto, su anhelo de ser padre se iba a concretar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pasó un tiempo prudencial para que llegara un embarazo, pero éste no llegó, a pesar de haberlo buscado con mucho trabajo. Tanto más trabajo cuanto que el deseo genital tenía poco que ver con el asunto; se trataba en verdad de esa clase de aspiraciones personales, desquites, revanchas contra la vida, etc., que requieren el concurso de otra persona para cumplir el objetivo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces comienzan los estudios médicos de fertilidad. Hoy en día, tales estudios son muy complejos y sofisticados: participan varios especialistas, laboratorios y personal auxiliar, lo cual obligaba al joven a grandes gastos y, por supuesto, a grandes trabajos.&lt;br /&gt;Todo era algo misterioso, teniendo en cuenta que la señora ya había engendrado dos veces sin dificultades.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como estaba cada vez más decidido a ser padre, convocó y pagó al contado a científicos aun más eminentes y especializados en la finísima estructura molecular de óvulos y espermatozoides. Los científicos miraban inteligentemente sus microscopios, brindaban vagas esperanzas y pasaban facturas cada vez más abultadas.&lt;br /&gt;En definitiva, la ciencia moderna carecía de respuesta para él, que se había unido a una buena mujer con el mejor de los motivos. El embarazo no llegaba y ninguna razón médica podía explicarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un nuevo desencanto mantenido a raya hasta entonces se abrió paso hacia él y dejó a su mujer.&lt;br /&gt;A dos semanas de esa separación conoció a una artista de striptease, e inició con ella un romance espectacular, violento, pasional.&lt;br /&gt;¡Ahora no se aburría!&lt;br /&gt;Pronto se casó con esa canadiense escultural pero ingobernable, salvaje, caprichosa, quizás un poco loca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el lecho todo estaba bien,más que bien. Una vez de pie las cosas se ponían insoportables. Había entre ellos combates de lo más vistosos y ruidosos. Volaban platos, teléfonos... Él o ella arrojaban las pertenencias del otro por la ventana, gritando no querer volver a verlo jamás. Los vecinos encontraban el show en vivo muy interesante y digno de abundantes comentarios y revisiones teóricas acerca de causas y consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Es concebible que a una stripper no le resultara del todo ingrato exponer asuntos íntimos, y evidentemente tampoco a él, ya que las exposiciones continuaban en forma más y más violenta, con grandes reconciliaciones y patéticas promesas de no insistir en errores.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A veces él partía del domicilio furioso y dolorido. “H&lt;span style="font-style: italic;"&gt;arto de esa loca&lt;/span&gt;” saltaba dentro del “c&lt;span style="font-style: italic;"&gt;arro aparcado&lt;/span&gt;” por ahí, corría a alta velocidad como buscando aire para su desasosiego, mientras iba chocando de costado contra los otros “carros aparcados” como se ve en las películas. Marchaba a 160 kilómetros por hora por un rato, pero enseguida se arrepentía y daba la vuelta hacia el hogar pensando que aún todo podía encarrilarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces se amaban apasionadamente y al instante sonaba el clarín de la batalla inmediata.&lt;br /&gt;Eso duró cosa de un año.&lt;br /&gt;Finalmente, la conminó a partir: no había un minuto de paz, todo era absurdo e imprevisible con ella, nunca debió haber sido tan bueno, no debió intentar rescatarla del pantano.&lt;br /&gt;La chica se fue. Regresó a los treinta días, con el fin de hacerle saber que se hallaba embarazada, de él, por supuesto.&lt;br /&gt;Al fin se concretaría un sueño tan acariciado. La vida iba a tener un nuevo sentido, todo podría volver a encaminarse para bien; le imploró que no se fuera, ahora que era futura mamá.&lt;br /&gt;Nació Bob, el querido Bob.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No obstante, la convivencia era igualmente difícil: seguían las hostilidades y corría de nuevo hacia el automóvil, partía a gran velocidad, jurando no retornar, y se arrepentía a la media hora.&lt;br /&gt;Cuando Bob cumplió un año, golpeó a la chica con más empeño, la injurió de nuevo y la echó otra vez, por despreciar el amor que él le brindaba. Ella se fue con el niño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Parecía definitivo, pero la pareja se reservaba nuevos deleites. Ella le impidió ver al niño, acusándolo de todo tipo de crueldades. Alegó ante los jueces una amplia gama de maltratos físicos y morales, para lo cual disponía de numerosos testigos: todo el vecindario. Había absoluta transparencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo acusó, además, de hacerles pasar hambre ahora que ella no consentía en habitar junto a él; lo acusó de despilfarrar fortunas en mujeres de vida ligera mientras el pequeño Bob no tenía ni para una hamburguesa.&lt;br /&gt;Esta etapa se caracterizaba por abogados carísimos, demandas y escritos judiciales frenéticos y jueces imperturbables.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El joven papá sólo estaba autorizado por los señores jueces a visitar muy de vez en cuando a su hijo, habida cuenta de la “peligrosa irritabilidad que lo caracteriza”; los abogados daban esperanzas y pasaban facturas astronómicas. Luego presentaban escritos nuevos y muy sesudos, apelaciones a la ley escrita y a la ley del corazón, pero los señores jueces estaban obligados a ser prudentes y circunspectos frente a un individuo a todas luces irascible y antisocial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El joven papá no podía ejercer.&lt;br /&gt;Pero un día la fortuna pareció visitarlo. La ex esposa lo llamó para comunicarle que estaba sin trabajo y no podía pagar el alquiler; le pidió retornar provisoriamente al hogar hasta conseguir un nuevo empleo. El joven papá pensó que, después de todo, era una ocasión para estar mucho tiempo con el niño, y aceptó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A los pocos días, debió realizar uno de sus viajes periódicos a la Argentina; cuando regresó a Toronto se encontró con que la chica había aprovechado su ausencia para llevarse todo. Quedaban sólo las paredes. Excepto eso, faltaba el dinero, los televisores, el microondas, las servilletas, el sacacorchos, todo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El joven papá lloró, protestó y volvió a demandar judicial y extrajudicialmente.&lt;br /&gt;Nuevos y más célebres abogados le dieron algunos alicientes pero dejando constancia (¡con razón!) de que el suyo era un caso muy difícil. Dicho esto, iniciaron profundas interrogaciones en la jurisprudencia y le pasaron facturas astronómicas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto le rogaban por el amor de Dios que no continuara empeorando todo.&lt;br /&gt;La chica también reinició su ofensiva: aunque estaba documentado que él le daba una suma considerable en concepto de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;alimentos”&lt;/span&gt;, ella afirmó que sus ganancias eran fabulosas en comparación con lo que recibía el niñito, que además no las declaraba y que por lo tanto, era un evasor impositivo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Intervinieron las autoridades responsables de la recaudación de impuestos. La denuncia era gravísima y las personas, insensibles, pues uno no puede decirles que el tributo que paga a su neurosis le lleva todo su dinero.&lt;br /&gt;Durante la última entrevista que tuvimos (fueron tres), recibió un llamado telefónico por el que se le indicaba mantener la compostura si las autoridades llegaban a detenerlo en el aeropuerto de Toronto a efectos de comprobar la veracidad de las denuncias de la mamá de Bob. Las denuncias consistían en que cada viaje a la Argentina le proporcionaba ganancias siderales que no declaraba y que, por lo tanto, le robaba a su propio hijo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-6153491953537075453?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/6153491953537075453/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=6153491953537075453' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/6153491953537075453'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/6153491953537075453'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/joven-pap.html' title='Joven Papá'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-2014351209024429947</id><published>2008-09-22T13:48:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T10:42:03.234-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 06'/><title type='text'>Regalo del cielo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;Se nos impone aquí la comparación con la estructura craneana del recién nacido, en la que se nos ofrece un vaciado de la pelvis materna. FREUD,“Sobre un tipo especial de la elección de objeto en el hombre”&lt;br /&gt;Todo está dicho en cuanto a la estructura de la relación de “a” al Otro, completamente hecho, especialmente y muy suficientemente enganchado en la indicación de que es del imaginario de la madre que va a depender la estructura subjetiva del niño.&lt;br /&gt;LACAN, Seminario La lógica del fantasma&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tratemos ahora de explicitar el lugar que estos sujetos ocupan en el fantasma materno. Se trata aproximadamente de algo que llamaríamos “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;una figura crística&lt;/span&gt;”, concebida sin pecado, especie de hijo de lo simbólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se los ha escuchado (y nosotros hemos tratado de escuchar a unos cuantos), se acaba por inferir que la madre no estaba lejos de creer que esos niños eran hijos de Dios. Habitualmente el padre estaba para proveer las gotitas de esperma imprescindibles a efectos de dar cumplimiento a un mandato ancestral; esto es, a una determinación simbólica de aceptación inmemorial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es raro que el padre, en caso de atreverse a hablar francamente (lo que sí es raro), confiese que no sabe muy bien cuál es su función en todo eso que ocurre. O bien, ha tenido esperanzas conscientes, muchas veces respaldadas por sabias indicaciones médicas, de que, cumpliendo con el citado mandato ancestral, la señora se callará al menos por un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordemos la consagración secular de figuras retóricas como “Regalo del cielo”,“Don Divino”, etc. En ocasiones, la mamá ha pasado realmente la mayor parte de su vida en los templos, implorando u ocupada en obras de bien, mientras el papá aportaba el dinero para que la maquinaria no se detuviera; alegre de que el silencio ofreciera tanto sitio a tanta voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras veces, o las mismas,“el divino” llega al mundo en el centro de un grupo de tías solteronas. Entonces todas participan de la bendición, lo bañan, lo visten y lo adoran. Él va tan prolijo y cuidado “como una niña”; los demás chicos le dicen “maricón”. De adulto, él mismo afirma que, en ese estado de cosas, el verdadero milagro es que no se haya tornado homosexual. Este milagro no siempre se da.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la escuela es el más limpio, va de punta en blanco, pone en escena la metáfora de un falo absoluto como lo concibe su mamá. Por supuesto que será “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;abanderado&lt;/span&gt;”; al egresar de la escuela será abanderado de toda clase de leyes, reglamentos y ordenanzas.&lt;br /&gt;Sin embargo, en los intersticios de una vida tan recatada, se van entretejiendo espacios de goce cuya lógica y modo de efectuación suelen parecer desconcertantes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un hombre de cuarenta años se queja de su mujer; ella no lo satisface, negándose a tener relaciones. A pesar de eso (o por eso mismo), él es muy solícito, cuidadoso, amable y devoto.Vive para procurar que a ella nada le falte en el sentido material. ¡Ante todo él es una buena persona!&lt;br /&gt;Sin embargo, no encuentra el modo de romper el hielo que ella interpone.&lt;br /&gt;Entonces, de vez en cuando, nuestro sujeto se halla como obligado a tener una aventura sentimental. Esta aventura es sin penetración y, diríamos, sin presentación: no media entre los “partenaires” ni una sola palabra. El lugar suele ser un tren repleto de pasajeros. Se coloca por detrás de una mujer y la “apoya”. La cosa ocurre en tres etapas fantasmáticas que son para él condición de goce:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;1) La chica se sorprende y vacila.&lt;br /&gt;2) Acepta el juego.&lt;br /&gt;3) Él continúa allí y eyacula.&lt;br /&gt;Desciende del tren y la aventura terminó.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pero enseguida corre a relatárselo a su esposa; es como un niño malo arrepentido de su travesura. Según él, se lo cuenta todo a efectos de que ella tome nota de lo bueno que es él en el fondo; porque desea tan profundamente serle fiel, sólo se permite ese desahogo, así, a medias.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un dato contratransferencial que suelen producir es la sensación de quedarse dormido, de que la cosa nunca se corta. Siempre encuentran un razonamiento más, a efectos de postergar todo.&lt;br /&gt;Todo, salvo lo verdaderamente valioso, esto es, que su damamadre sea feliz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una historia que escuchamos muchas veces consiste en que, cuando él era niño y realizaba alguna travesura en la escuela, su madre reaccionaba de un modo específico. No es que ella lo castigara a los golpes, sino más bien con golpes... morales. No se mostraba indignada (era siempre muy comprensiva), sino que podía exhibir toda una gama de facciones que iban desde la muda recriminación de una mirada indescriptiblemente triste, hasta un rostro que dejaba presentir toda una catástrofe interior. Otras veces padecía úlcera, asma, y cualquier enfermedad misteriosa se le agudizaba (eran padecimientos que derrotaban a todos los doctores, impotentizaban a la medicina entera).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estos sujetos se pasan la vida implorando que al menos una mujer los perdone. Como habitualmente, de no mediar el análisis, les ocurre una insistencia repetitiva de unirse a grandes histéricas, comienza un nuevo ciclo...&lt;br /&gt;Ellas triunfan en la habitual lucha de poder dentro de la pareja con un procedimiento simple y rápido. Es como si cabalgara sobre la culpabilidad de él, al tiempo que la alimentan. El resentimiento hacia el propio padre, que nunca falta, juega también algunas cartas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nuestro sujeto “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;tiene la culpa&lt;/span&gt;” así como se dice que puede tener un automóvil o un cepillo de dientes. Aunque más exacto es afirmar que la culpa lo tiene a él.&lt;br /&gt;Muchas veces la recriminación de su madre ha sido silenciosa. El silencio puede ser una figura muy propicia para expresar una demanda que no tiene límites, sobre todo si se acompaña de un signo de color moral, apenas perceptible. Esta demanda muda no diseña ningún objeto tangible que pueda paliar la desesperación, ningún placebo. Hasta hay modos de decir “n&lt;span style="font-style: italic;"&gt;o quiero nada&lt;/span&gt;” que dejan escuchar claramente un... quiero todo. Habitualmente las amistades la consideran una santa...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero nuestro sujeto ha encontrado una forma de desenvolverse en la vida. Es un modo típico de la neurosis, y éste consiste en hacer que cada uno de sus actos responda a alguna demanda. Al extremo de terminar por estar atado a un único deseo: un deseo de demanda. Este escamoteo incrementa la culpabilidad. Cuanto más bueno y obediente resulta el personaje,mayor es el remordimiento y la sensación de estar haciendo teatro. El aumento de la culpabilidad se debe justamente a esa alquimia fallida de retroceder en el deseo y en la responsabilidad que éste conlleva.&lt;br /&gt;Viene bien relatar el texto de un sueño transferencial típico y breve: &lt;em&gt;“Soñé que usted y yo nos peleábamos... pero en broma”.&lt;/em&gt; (Si peleáramos de verdad yo tendría que explicitarle que lo odio, que usted es una mierda.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Este escamoteo justifica la escena relatada anteriormente: ir a contar la travesura y pedir perdón. Cuanto más fuerte es el yo, más se aferra a la obediencia. A veces esa fortaleza yoica determina la interrupción de los análisis. La fortaleza yoica, junto con los miles de declaraciones morales que la acompañan, no es otra cosa que el templo donde el sujeto goza en ser maltratado, basureado, etc.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En ocasiones —pero esto ya representa cierto avance— cambian de madre, o sea, de esposa. Y en esta política de hacerse demandar llegan al extremo de pedir permiso a la esposa antigua para abandonarla. Que ella misma los autorice..., es decir, que se lo demande.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un caballero decidió cambiar la dama que lo atormenta.  Ama a otra. Dedica muchas jornadas a explicar las cosas a la esposa y suegros. Quiere retirarse con todos los honores, unos pocos aplausos no le vendrían mal. La idea es mostrarse transparente, irse con honor, la frente alta; muy bendecido por todos. Pero le niegan los aplausos, la bendición, le niegan todo. La cosa toma ribetes cómico-policiales. No se lleva ni un escarbadientes, implora perdón, trabaja como nunca y dedica el ochenta por ciento de lo que cobra a tapar la boca de la señora, pero ella igualmente se desmaya. Como la nueva vive muy lejos, viaja todo el día; no es cuestión de que el mundo piense que abandona a las criaturas.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Golpea las puertas de los suegros a horas avanzadas: ellos deben entender la realidad, no deben creer que él se va porque sí, como cualquier tipo que se enamora de otra.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta fijación a la posición de falo imaginario materno es coherente con lo que hemos dicho acerca de hacer de su deseo un deseo de demanda, o de autorización, o de perdón.&lt;br /&gt;La demanda va al lugar mismo del objeto fantasmático. Todo lo que se le demanda (incluso con las vibraciones jurídicas) es como su propia ley. La demanda-pura, demanda de nada en particular, o de todo, se transforma en objeto apetecible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En pos de ese objeto suelen arreglarse muy bien para generar a su alrededor numerosísimos pedidos de todo calibre.&lt;br /&gt;Trabajan mucho para inspirar pedidos y para satisfacerlos. Este exceso de trabajo, que a veces los pone nerviosos, resulta ser también una defensa contra la angustia.&lt;br /&gt;Desde hace una década conocemos la famosa angustia del tiempo libre: ¿¡Tiempo libre de demandas!? ¡Ni soñando!&lt;br /&gt;En los casos excepcionales en que la fortuna les envía una dama poco exigente, se angustian, extrañan, se preguntan si podrán amarla. El vacío, incluso la depresión, están rondando cerca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se conoce desde hace tiempo el hecho de que impedirle a un sujeto obsesivo la realización de su ceremonial le acarrea angustia. La dama demandante está en el buen sitio, porque engendra pedidos obsesionantes. El sacerdote honrará a su diosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuanto más fuertemente apuesta el sujeto todas sus cartas a la mencionada identificación fálica,más fuerte es el sentimiento que antes se nombraba como “c&lt;span style="font-style: italic;"&gt;omplejo de inferioridad&lt;/span&gt;”. No deja de sentirse menos que los otros hombres. Según él lo ve, los otros ostentan los emblemas fálicos con mayor eficacia y naturalidad, son más cancheros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada atributo que parece ostentar el otro varón se le figura a él como el dedo en su llaga, en su propia insuficiencia imaginaria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero a despecho de sus protestas en contrario, él tolera muy bien esa insuficiencia, gozando de ella como un esclavo. Frecuentemente interrogan a toda clase de “especialistas”, incluidos los del área llamada “salud mental”; y si son “profesores, mejor...”,“profesores de salud mental”; pero no faltarán tarotistas, adivinos diversos, brujas y brujos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es un modo como cualquier otro de producir demandas y obedecer. Un “psicólogo”, por ejemplo, es visto como alguien que sabe lo que uno debe hacer para que la psicología esté contenta con uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;No es raro que, si comienzan un análisis, decidan interrumpirlo en un plazo breve. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;La cultura ha generado una amplia gama de posibilidades terapéuticas: sistémicas, transaccionales, gestálticas... corren a satisfacerlas a todas. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;El analista, en principio, no demanda nada. Eso es un poco molesto.&lt;br /&gt;Otras veces... ¡hay riesgo de que algo cambie!&lt;br /&gt;En ocasiones, terminan por convencerse de que eran muy felices y no lo sabían; o bien de que exageraban su queja, no era para tanto.&lt;br /&gt;Si comenzó el análisis sin tener pareja, y encuentra una, probablemente interrumpa para dedicar toda su devoción a la señora, sobre todo si ella lo maltrata un poco.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ha trabajado mucho para esa imagen fálica que le da a su madre, para adecuarse a ese sueño maternal. Ulteriormente, cada vez que la vida lo pone frente a una mujer y ella le guiña un ojo, lo veremos muy igual que ayer, trabajando para darle a la dama la imagen exacta, pura, sin doblez.&lt;br /&gt;Vuelve a sentir como ayer que, si él no le da esa imagen, ella podría sucumbir a la tristeza, la soledad, el hastío, el desencanto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay que salvarla.&lt;br /&gt;Sobre todo, salvarle el alma. En este tópico, está de acuerdo con la mujer de turno. Piensa que ella tiene un alma frágil como cristal; ella opina igual.&lt;br /&gt;Debe hacer algo para no rayarla.&lt;br /&gt;En sus &lt;em&gt;Ensayos sobre la vida erótica&lt;/em&gt;, Freud describió muy bien el imperativo de salvar a la dama. Nos permitimos agregar solamente que la mentada “salvación” adquiere desarrollos argumentales muy diferentes y a explicitar caso por caso, pero jamás falta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Lo que surge en el inconsciente del sujeto cuando profiere el ‘tú eres mi mujer’ es el deseo del Otro, o sea el falo deseado por la madre”...&lt;/em&gt; (Lacan: Ecrits, Siglo XXI).&lt;br /&gt;La historia de la humanidad está repleta de individuos catalogados como salvadores, mesías, profetas, restauradores. Por este sesgo podemos vislumbrar cómo, si bien la neurosis adiciona toda clase de exageraciones y patetismo, ésa es una posición absolutamente común: la de plantear el retorno a un mundo feliz, de inocencia recuperada para bien de todos, donde reinen “los verdaderos valores”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No es difícil deducir que esa posición vendrá como anillo al dedo para fantasías histéricas del tipo “príncipe azul” y “hacer el hombre”. Examinemos un momento el relato típico del “príncipe azul”.&lt;br /&gt;Enseguida se ve que es un caballero de otro mundo; los que viven en éste no le llegan a la suela de sus botas. El príncipe, así como el héroe, es también una especie de niño bueno, inocente; tal vez Freud lo hubiera comparado con “His majesty, the baby”. En cuanto al otro relato paradigmático —cuyo resumen es “hacer el hombre”—, tiene dos variantes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una de ellas es “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;hacer de hombre&lt;/span&gt;”, demostrar en público cómo es un hombre digno de llamarse así. Se encuentra descrito por Freud en el caso de la homosexual histérica. La segunda variante es una actividad constructiva, de cincelado y pulido que se ejerce sobre un hombre, no tan malo..., en fin..., más o menos fallado; se procura convertirlo en... “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;todo un hombre&lt;/span&gt;”. Una buena escultora tomará esa masa informe, y con unos cuantos cortes, martillazos y piedra esmeril modelará una figura compatible con algunos de sus sueños ideales; no todos, por supuesto. En ocasiones lo exhibirá con el orgullo del artista.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Insistimos en que nuestro sujeto llega al mundo en una constelación significante donde se instalan vectores cuyo significado determina la necesidad de un salvador.&lt;br /&gt;Pero esto no quiere decir que este contexto tenga un aspecto siempre religioso.&lt;br /&gt;Simplemente él puede concurrir a salvar un matrimonio desdichado, o a compensar una frigidez, consolar una existencia vivida como desgracia, etc.&lt;br /&gt;Nuestro sujeto no tarda en saberlo, pues entra en ese fantasma en posición objetal. Antes de respirar, ya es el objeto de ese fantasma.&lt;br /&gt;De un modo u otro, su madre se lo revela explícitamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otras veces, el hijo llega para responder a alguna forma de reivindicación fálica cuyo argumento puede ser cualquiera: provenir de una familia humilde y desordenada, visto lo cual él se hará cargo de sostener el orgullo y el orden.&lt;br /&gt;También puede llegar al sitio de una lucha de prestigio de la madre frente a las hermanas. Él será el más grande, lindo, inteligente.&lt;br /&gt;Ellas los prefieren grandes...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si es que el aspecto religioso puede generalizarse, es justamente la adoración del falo, la religión histérica. Mientras se lo adora, el sujeto siente que no puede hacer gran cosa, salvo dejarse adorar. Una magnífica descripción del asunto lo encontramos en el filme de Bertolucci, El último Emperador. Recordemos que el niño del filme recibe cuidados verdaderamente extraordinarios. Se lo ama con un grado de devoción incomparable, con locura. Todos lo adoran. Ese niño mimado debe, sin embargo, honrar su lugar cumpliendo toda clase de preceptos rituales y ceremonias, en un nivel de impostura también incomparable.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Toda la estructura parece depender de él, pero, en rigor, él sólo es un servidor de esa constelación simbólica. Si no obedece los rituales, todo podría irse al diablo.&lt;br /&gt;Tenemos allí una buena imagen de eso que llamamos “e&lt;span style="font-style: italic;"&gt;l hijo de lo simbólico&lt;/span&gt;”: una rígida determinación ancestral a la que todo el mundo obedece. Es el destino paradójico de los pequeños emperadores, los pollerudos. Resulta lógico que sientan sobre sus hombros algo así como el peso del mundo, tímidos Atlas de los cuales parece depender el orden precario de todo lo que existe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es lógico que sus madres no dejen pasar ni un minuto sin temer que al nene pueda pasarle algo malo, o simplemente algo.&lt;br /&gt;¡Sobre todo, que no les pase algo en relación con las mujeres que no sean su mamá!&lt;br /&gt;Uno termina por enterarse de que, en ocasiones, cierta propensión homosexual del hijo no les viene tan mal (a pesar de declaraciones contrarias). La citada propensión podría permitirles soñar con tener para él un lugar único e irreemplazable. La única mujer de su vida.&lt;br /&gt;Sin competencia posible, por fin un hombre verdaderamente fiel.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-2014351209024429947?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/2014351209024429947/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=2014351209024429947' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2014351209024429947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2014351209024429947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/regalo-del-cielo.html' title='Regalo del cielo'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-210987378820151190</id><published>2008-09-22T12:58:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T10:32:41.170-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 05'/><title type='text'>Pollerudos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La sexualidad masculina es poseída por lo menos por tantas complicaciones como la femenina. A ello se le agrega que tiene muchas más posibilidades de que éstas se vean y se sientan: a la vista, al tacto y al tracto de sus “partenaires”. Su caprichoso representante —el inefable pene—1 no siempre dispone del vigor exigido, de la dureza adecuada y del desprendimiento necesario para acabar cuando la ocasión lo exija, o para no hacerlo precozmente. Sin embargo, según exige el Ideal del Otra(o), siempre tiene que dar muestras de que está dispuesto para, y que puede cumplir con: sus funciones. El imaginario de la Cultura histórica universal, supone que el poder de los hombres se define por cómo se comporte dicho apéndice. Ahora bien, en los casos “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;normales&lt;/span&gt;” él lo hace según el poder de seducción de las mujeres. De ese malentendido surge una cantidad de enredos que nos permitirán escribir más de una comedia. Creen exceptuarse de esta dependencia del objeto femenino los verdaderamente hombres, los homosexuales, capaces, por obligación, de no recurrir a otro poder que el de los miembros del propio sexo para estimularlo. Decimos capacidad por obligación porque proviene de una dependencia tan fuerte del Otro sexo que les impide agujerearlo, y no sólo eso, sino que los condena a ser sostén de su valor fálico. Alcanza con observar a ciertos “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;coiffeur&lt;/span&gt;” y/o modistos de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;haute couture&lt;/span&gt;” para captar la pasión y el trabajo que en ello ponen. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El pene, testimonio que obsesiona por sus dimensiones más o menos a todo macho, tuvo la maldita suerte de ser el depositario de la ilusión de que pudiera haber algún lugar de la Cultura en la que el poder del género humano no tuviera límites.Peregrinamente, ese lugar es supuesto en el cuerpo de algún “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;portador sano&lt;/span&gt;” del testimonio. Su representante (ese incontrolable pedazo) se encuentra amenazado alternativamente —o sin alternativas— por la lumpen gonorrea, la infame sífilis y el universal sida, que en los inicios fueron, según cuenta la leyenda, enfermedad de machos —si los hay—. Pero según captó Freud (hecho sabio por sus lecturas de Inconscientes), de donde debería venir la fuente de poder para el pene —el objeto femenino— pueden emerger ondas envidiosas, y por lo tanto, amenazantes. Cosa que Mrs. Klein —haciendo caso omiso de su apellido— quiso disimular. Aunque —grandemente honesta— no pudo dejar de reconocer, en los análisis que condujo, fantasías inconscientes pobladas por amenazantes vaginas dentadas, o por interiores del cuerpo materno habitados por el pene arrancado del padre y alojado allí por la madre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;O sea, que la sexualidad masculina, cuando resulta exitosa “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;in (T)toto&lt;/span&gt;”, es gracias a un delirio maníaco difícilmente sostenible, olvidante o renegador de las amenazas de castración provenientes de donde tendrían que provenir, las fuentes de su poder. Es uno de los tantos imposibles con los que gusta el hombre darse los cuernos contra la pared (la que, como todo buen lacaniano sabe, es anagrama de padre). De eso hablaba un tal Lacan —cuando en este siglo aún había quienes se dejaban interrogar por los avatares de la vida—, planteando la inexistencia de relación sexual, inexistencia que soporta y se soporta gracias a la compulsión fornicadora. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Según aquel viejo sabio y lo que dicen nuestras analizantes por efecto de su Inconsciente, las ondas que tiren las mujeres pueden ser provisionalmente distintas, cuando su carencia de dicho testimonio (el pene) ha hecho que esperen ser recompensadas de esa injusticia con la llegada de un hijo que ocupará el lugar del que el padre les adeudó. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Infortunio fundante de la sexualidad masculina, pues quien la debe asumir queda marcado de entrada por ese condicionamiento de, -propiedad “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de ma-má&lt;/span&gt;”-. Así, con las sílabas arrastradas, separadas y como con una papa en la boca. De ahí que, en mayor o menor medida, en algún lugar, en varios lugares, o en todos, las polleras de mamá se alzan para meter “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;al varoncito&lt;/span&gt;” debajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resultado: inhibición de su sexualidad masculina. Porque es sabido que “a mamá, no se la coge”. Pero..., con mamá, goza todo el cuerpo del “nene”. Ese goce sólo le estará prohibido al testimonio (léase pichulín, dicho así por la mamá, con ternura re(s)blandeciente, diminutiva). Probablemente en ello reside una de las razones por las que la mayoría de los varones (obsesivos) prefieran ser a tener, y los histéricos, insistentes en hacerse representar por tan pequeño protagonista, delegan en él (el pequeño) su ser. Los obsesivos, entonces, reactualizan el goce olvidado, manteniendo prohibido al prohibido, y los histéricos insisten en reivindicar el órgano, queriendo ser según su poder.Y cuando a los obsesivos se les da por tener, es para amarrocar o invertir y conseguir más. En buen romance: para ser más, no para disfrutarlo, gozarlo. Sólo tener para ser. Se mantiene la represión sobre el erotismo peneano a la vez que se sostiene el ser fálico para mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O sea, no son más que un síntoma freudiano, soportado en la transacción, y un síntoma lacaniano al metaforizar el deseo de mamá. Para todo hombre (que no haya logrado resolver su Edipo), como la mamá “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;no habrá ninguna igual, no habrá ninguna/ ninguna con su piel y con su voz./ Su piel, Magnolia que mojó la luna, su voz, murmullo que creó el amor&lt;/span&gt;”.2 A todos se les empobrece el goce peneano y la posibilidad de disfrutar de una relación razonablemente vivible con las mujeres, a cambio de gozar en esas circunstancias del boludo “ser”, o sea, de “ser” boludo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces, convergencia “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;democrática, no discriminadora&lt;/span&gt;” de la sexualidad femenina y masculina. Las histéricas se defienden de la angustia de castración identificando su imagen del propio cuerpo con el falo. Reclamando ser amadas y reconocidas como tal, pagan con la pérdida de goce femenino. Los obsesivos, encadenando la imagen de su cuerpo y su cabeza (inteligencia, moral,“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;buena educación&lt;/span&gt;” o habilidad para los negocios, viveza criolla, inescrupulosidad, capacidad de mando, poder) al mismo testimonio, pagan con la pérdida de goce, en el reducto más exquisito del hombre. El histérico lo sobrevalora de tal manera que renuncia a que goce (a través de la eyaeculatio praecox, de la impotencia o de la impotencia orgástica) para cuidarlo, quedándose con el goce imaginario de su donjuanismo o de su belleza, o sea, de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;una bolsa desmochada”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Antaño, el culto a la “santa madrecita”, acompañado por la “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;piedad salvacionista para la prostituta&lt;/span&gt;”, y hoy la aguerrida, militante y, por qué no, militar, ofensiva feminista, representan en el imaginario cultural la corporización de aquellos fantasmas de la sexualidad masculina. Hoy, en aras de la utopía democrático-burguesa, el “mundo” marcha hacia la realidad unisex. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres se quejan —“¡&lt;span style="font-style: italic;"&gt;no hay hombres&lt;/span&gt;!”—, sin darse cuenta de que, siguiendo la ley descubierta por el viejo maestro francés 3, reciben invertido su propio mensaje. Tanto proclamar la igualdad sexual, intentar borrar las diferencias de sexos diciendo que es machista sostenerlas y que sólo hay diferencias de géneros, tanto reclamar ser solamente amadas y no gozadas como objeto, convencieron a los hombres de sus reclamos. Entonces, éstos se transformaron en una despreciable (y despreciada por ellas) manada de ex: ex novios, ex maridos, ex amantes, ex hombres. Para aburrimiento de este mundo, el mundo, ahora toda(o)s son iguales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 Para que la capacidad representante del mismo no quedara reducida por un nombre que inevitablemente lo coagulara en algún sentido, en alguna cosa (como pene, por ejemplo), Lacan tensó la ruta abierta por Freud cuando, remitiéndose a los antigüos griegos, reflotó la palabra falo y la escribió (falo imaginario). O sea, lo que al Inconsciente se le aparece como faltante en las mujeres.&lt;br /&gt;2 “Ninguna”, tango de Homero Manzi y Raúl Fernández Siro.&lt;br /&gt;3 Jacques Lacan.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-210987378820151190?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/210987378820151190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=210987378820151190' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/210987378820151190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/210987378820151190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/pollerudos.html' title='Pollerudos'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-4527163506822810751</id><published>2008-09-22T11:13:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T10:27:47.002-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 04'/><title type='text'>Supermán</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es un fantasma obsesivo universal.&lt;br /&gt;En todas las historietas del tipo Súperman se pueden leer unos pocos rasgos característicos. Respetando tales rasgos es posible introducir variantes circunstanciales más o menos amplias. Ocurre que:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;1) Se ha cometido una injusticia o bien está a punto de cometerse.&lt;br /&gt;2) Llaman al héroe, o él ve la situación de injusticia con rayos X.&lt;br /&gt;3) El héroe repara el mal y&lt;br /&gt;4) parte en busca de otra injusticia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cualquiera que haya leído historietas o novelas de ese tipo habrá podido advertir que, junto a sus virtudes de valentía y honor, el héroe exhibe una especie de pureza que roza lo ingenuo, o lo angelical; es un niño inocente repleto de músculos poderosos. Uno puede seguirlo a través de los años y de las miles de aventuras y comprobar que su rostro no pierde lozanía, el corazón no se corrompe y permanece como un ángel, la vida no le enseñó nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un joven nos relata que por las noches pasa largas horas en una pieza, creando aventuras para su héroe. Éste tiene nombre propio y una larga historia, porque la cosa empezó de niño y ya tiene veinticinco años. Cada noche se dedica a su personaje, que obviamente es una especie de alterego idealizado hasta el frenesí. En ese espacio argumental lleno de importantes victorias, todos vivían para siempre; había por supuesto algún suspenso, por ejemplo cuando el héroe comenzaba mal un partido de tenis que luego remontaba gloriosamente a pesar de una ligera molestia en el codo, etc. La victoria era presenciada, tanto por los nietos del héroe como por los abuelos, en ese lugar sin muerte.&lt;br /&gt;Un día el muchacho empezó a preocuparse porque el héroe amenazaba inclinarse al vicio: ¡fumaba!&lt;br /&gt;Por fortuna muy pronto dejó el cigarrillo y todo volvió a la normalidad.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tratemos ahora de trasladar esta caracterización a la vida real.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;1) Una dama sufre, lo cual, como se sabe, no es raro. No tiene pareja o no tiene hijos o, en general, no es feliz.&lt;br /&gt;2) Una mirada triste o una voz quebrada llama a nuestro héroe.&lt;br /&gt;3) Él debe reparar el daño que padece la chica.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al mismo héroe pueden ocurrirle episodios similares con muchas mujeres, y él no se negará a cumplir.&lt;br /&gt;Sin embargo, pese a las apariencias, no se trata de un Don Juan, porque se halla siempre presa del remordimiento, atormentado por la culpa.&lt;br /&gt;Don Juan llevaba la cuenta de sus éxitos amorosos; parece que llegó a 1000 y 3.&lt;br /&gt;Pero los sujetos a los cuales estamos haciendo referencia coleccionan culpas, cada nueva conquista es una culpa más. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al final estos superhombres pasan la vida de trabajo sexual en trabajo sexual; elaboran una suerte de harén que les exige pruebas constantemente.&lt;br /&gt;Es muy raro que corten relaciones con alguna de sus numerosas conquistas: las van sumando, las acumulan y corren de un lecho a otro, realizando verdaderas proezas de erección, actos de servicio.&lt;br /&gt;Si tiene un momento libre, lo tortura la idea de pensar que Juanita lo extraña mucho, porque siempre le jura que no hay otro como él. O esa Luisa o Ana o María le han dejado mensajes en el contestador... O esa otra que no llama por discreción pero él sabe que piensa mucho en él, etc. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se ve que nos referimos a situaciones y tipos extremos. Destacamos lo cómico, pero en general, difícilmente se encontrará un ser humano de sexo masculino que al relacionarse con una mujer no esté más o menos embargado por la culpabilidad.&lt;br /&gt;Ésta toma a veces el aspecto de responsabilidad, solidaridad, agradecimiento; toma cualquier forma. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Este Súperman tiene su interés, porque remeda cierta imagen de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ideal de liberación sexual&lt;/span&gt;”; está con una, con otra, con otra...&lt;br /&gt;Pero es trabajo —más exactamente con el sentido que este vocablo tenía en el medioevo— de tortura, esfuerzo, sufrimiento. Cada orgasmo que procura a sus chicas parece aliviarlo por un momento, pero de inmediato la chica va a la fila... casi impaciente por empezar de nuevo, dando pataditas en el piso, o llorando.&lt;br /&gt;En resumen, víctima de una nueva injusticia. Ya mismo lo está juzgando, y como ella es juez y parte... pobrecita.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“¿&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Quién puede conocer el pensamiento secreto de un juez femenino?&lt;/span&gt;” (Palabras de Kafka, en Cartas a Milena.)&lt;br /&gt;Uno de nosotros está frente a un hombre, en lo que se conoce como “entrevistas preliminares”.&lt;br /&gt;El hombre relata que después de atender al “deber conyugal” interroga a su esposa:&lt;br /&gt;—¿Para cuánto estuve hoy... para siete... para ocho... para nueve? Por supuesto que la contestación que suelen recibir, pero apenas esbozada o por deducir, se formula de esta manera:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;— Mirá, querido: Para diez está Dios. Para nueve está papá, si es que hubiese ocurrido. Para ocho estaba ese tipo que me abandonó. Vos estás de siete hacia abajo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un joven relata sus hazañas: tiene un número de “minas” muy elevado. No le queda un minuto libre de remordimiento. El analista se ve llevado a preguntarle: “¿Qué hace usted cuando no trabaja?”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Explicar la relación entre esta forma del remordimiento y el narcisismo no requiere largos razonamientos. La menor experiencia clínica indica que cuanto más frenéticamente el sujeto se propone como el buen objeto, el objeto deseable que calma la demanda del Otro (véase nota sobre “Falo”), más aguda es su sensación de estar en falta.&lt;br /&gt;No obstante, la cura se enfrenta con un voto inconsciente, cuyo texto sería: &lt;em&gt;“Ser el falo o no ser”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Atravesar esa posición es también un atravesamiento del narcisismo, el cual se nota porque esos sujetos se toman a sí mismos muy, muy en serio, con solemnidad. No es que carezcan de sentido del humor en general, sino que, en lo que respecta a su persona, cualquier pavada adquiere una dimensión trágica. Recordemos que Súperman nunca ríe; Clark Kent tiene por su parte todos los rasgos del “cuida”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero pensando en el sujeto humano “normal” (si es que existe), no es nada raro que el sexo se imponga como un deber.&lt;br /&gt;Nos explicamos: la faz de obligación, de representación de un rol considerado “normal”, o la exigencia de los propios ideales en esa materia adquiere un enorme predominio sobre el placer propiamente dicho. Está también la exigencia de satisfacer primero a la dama. Cuando él ha cumplido con todo eso, se ha hecho tarde y mañana hay que madrugar; el placer puede quedar para otro día. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los casos en que prácticamente toda la satisfacción se resume en el cumplimiento del deber son enormemente más numerosos de lo que suele suponerse. De hecho, los hombres que enfocan la genitalidad liberados del sentimiento de estar frente a una mesa examinadora son raros. Lo que ocurre es que los caballeros no están inclinados a explayarse mucho acerca de esos asuntos; en la damas, estar más o menos insatisfechas es casi un toque de elegancia y distinción; en los hombres, motiva un silencio avergonzado, &lt;em&gt;“son todos muy cancheros”. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A veces la estofa del asunto se nota mejor en algunas situaciones privilegiadas. Por ejemplo, cuando el hombre padece un síntoma transitorio de impotencia. Está embargado por la vergüenza de quedar mal delante de la chica; algún amigo o amiga podría enterarse.&lt;br /&gt;Cuando se levanta este síntoma, se siente muy aliviado por haber recuperado una imagen honorable, pero él ¿gozó? ¿Le gustó? ¡A quién le importa eso!&lt;br /&gt;Esto permite pronosticar la generalización futura de cremas, ungüentos, prótesis y otros dispositivos que ayudarán eficazmente a mantener un nivel de honor muy alto a un costo relativamente económico.1&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Volvamos a Súperman.&lt;br /&gt;Uno de sus rasgos típicos es depositar el saber en las mujeres. Pero no todo el corpus del saber. Puede incluso reconocer que la dama de turno es un poco ignorante. Pero él igualmente le atribuye un saber sobre lo que falta o un saber moral acerca del bien y el mal. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En eso se lleva muy bien con las chicas, quienes, como se sabe, no vacilan en señalar lo que falta, lo que está bien y lo que está mal.&lt;br /&gt;Hay una pareja prototípica hoy en día: generalmente él es ingeniero o contador, ella se dedica a “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;las Ciencias del Hombre&lt;/span&gt;” (a escribir con mayúscula): Psicología, Sociología, Filosofía. Todo ocurre para que él pueda pasarse la vida aprendiendo que está en falta, y por qué; ella se lo dirá, sabe mucho acerca de eso; él no es aún bastante hombre, él está muy de acuerdo.Como a él se le impone la imagen de ser el primero, el campeón, el mejor, entonces lo persigue con su mueca de horror todo el imaginario del campeón: una jauría de lobos salvajes acecha cualquier vacilación, la mínima fisura. ¡Le están codiciando su lugar obtenido con tanto sacrificio! ¡Hay que permanecer entrenado, atento, muy amable servicial, dulce y fuerte!&lt;br /&gt;¡No lo van a destronar así nomás! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, ellas no dejarán de proporcionarle noticias acerca de que un verdadero Súperman debe revalidar títulos a cada momento, no ha de dormirse en sus laureles. La situación del campeón es inestable por excelencia; desafiantes jóvenes vienen empujando merced a un gran coraje y decisión.&lt;br /&gt;Examinemos con algún detalle la relación de Súperman con su(s) chica(s); puede formularse brevemente.Todo está en que viven persuadidos de que: &lt;em&gt;Si él no le da a ella “eso”, ella no “es”. Entonces ella sufrirá. Por culpa de él.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;¿Y qué cosa es &lt;em&gt;“eso”?&lt;/em&gt; (Véase nota sobre falo y objeto “a”.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Digamos que “eso” es una equis, una incógnita. Es lo que falta para lograr la plenitud, la paz del cuerpo y el alma, el ser. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es “eso” que sería preciso tener a efectos de arribar a un estado de dicha absoluta, sin inquietud. Pero ¿cómo nombrar a esa equis, cómo demandarla con precisión? ¡No es posible!&lt;br /&gt;Como esa equis permanece incógnita, incluso para ella (¡sobre todo para ella!), no cesa de insistir con su demanda, la cual se encarna en toda clase de objetos materiales e inmateriales que sí tienen nombres comunes y sustanciosos: amor, matrimonio, comprensión, etc., etc. Cualquier cosa empírica. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La insistencia mordaz, y mortificante de esa equis, la cual viene como a despertar la insatisfacción, el dolor de existir, es vivida como daño imaginario, frustración, con el sentimiento de ser malquerida, olvidada, etc., por el Súperman que monta guardia ese día.&lt;br /&gt;Pero ocurre que cuanto más procura satisfacer las aspiraciones de la dama, en materia de dolor de existir, más obtiene un silencio momentáneo (en el mejor de los casos) que es el preludio de un nuevo griterío; o bien unos ojos tristes miran a lo lejos más allá de él, hacia un príncipe azul de ultramar que se halla muy demorado. Porque hay una hazaña que él no podrá jamás realizar: quisiera deslizarse detrás de los párpados e investigar desde adentro el misterio de lo que calmaría “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;realmente&lt;/span&gt;” a la fiera. Como eso no es posible, sigue creyendo ciegamente que hay una respuesta verdadera. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Acerca de este tópico, reconocemos que Súperman es completamente “normal”; es una creencia neurótica generalizada.&lt;br /&gt;Todo el mundo vive más o menos creyendo lo mismo, a veces con denominaciones o juicios algo diferentes, ideologías, relatos legitimadores, etc., etc.&lt;br /&gt;La creencia de Súperman, creencia de poder ser o donar el objeto preciso de la satisfacción definitiva (creencia de hijo, por supuesto), lo torna sin embargo culpable del fracaso de la estructura. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Recordemos que el llamado que se hace al Súperman de la historieta puede ser leído como una frase breve, por ejemplo: &lt;em&gt;“Socorro, la estructura muestra su fracaso”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;El bien no es del todo potente frente al mal, o los mecanismos legales no han previsto la tortuosa mente criminal... todo podría irse al infierno si no fuera por nuestro héroe. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es esa “creencia de hijo” lo que el dibujante nos transmite cuando el rostro del Súperman permanece siempre joven, niño tímido repleto de músculos, como se decía,más veloz que una bala, más fuerte que una locomotora... &lt;em&gt;¡Hasta mantuvo contenta a su mamá durante cinco minutos!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;En la divertida película &lt;em&gt;Las brujas de Eastwick&lt;/em&gt;, nuestro “Súperman” es un verdadero diablo. Es exactamente el diablo en persona ni más ni menos. Estamos tan seguros como él; siendo el mismo diablo no tendrá problemas en hacer feliz a una chica... ¿por qué no a dos?, ¡digamos tres!&lt;br /&gt;A él ese número le parece bien. Tres chicas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las hará muy dichosas, tendrán orgasmos increíbles, volarán, ese mago las hará reír y llorar de gozo como nunca lo habían presentido; han tenido la suerte de ser halladas por un gran hombre; nada que ver con esos miserables empleados de tienda y vendedores de seguros.&lt;br /&gt;Poco tiempo después uno lo ve al tipo desaliñado, sucio, golpeado, las cosas no le van tan bien con las chicas.&lt;br /&gt;Entra a una iglesia, se arrastra, quiere interpelar a los fieles, a aquellos que han puesto fe en el creador omnisapiente que ha hecho cada cosa según su razón superior. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nuestro héroe desharrapado, colérico, ansioso, quiere forzar la confesión de los fieles. Ellos, que afirman la perfección del creador y de su obra, deberán admitir un error: las mujeres.&lt;/div&gt;¡Pobre diablo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 En el momento de escribir estas líneas aún no hacía furor el “Viagra”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-4527163506822810751?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/4527163506822810751/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=4527163506822810751' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/4527163506822810751'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/4527163506822810751'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/supermn.html' title='Supermán'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-2087671531406970767</id><published>2008-09-19T15:30:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T10:01:21.679-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 03'/><title type='text'>El Muchacho</title><content type='html'>Estuvo varios años enamorado de una compañera de trabajo, pero sin decirle nada.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras tanto observaba y padecía los amores que a la chica se le iban presentando, hoy con uno y mañana con otro. Él sufría en silencio, considerando que no estaba a la altura de ella, quizás porque la chica era muy bella o porque era unos quince años mayor que él; el caso es que, aunque ella no era feliz con uno ni con otro, el muchacho se conformaba con espiar cada gesto de su diosa y nada más. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de abundantes intentos, la chica no lograba formar “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;una pareja estable”&lt;/span&gt;, cosa que, como se sabe, es el alfa y el omega de la felicidad. Un día quedó embarazada.&lt;br /&gt;La alegría se mezcló con el dolor del muchacho; fue un festejo triste cuando él brindó una copa en soledad, porque sabía que una antigua ilusión de ella era la maternidad. Seguramente el dichoso acontecimiento la decidiría a casarse y ordenar su vida. Él quedaría fuera de juego para siempre quizás, pero se iría con el consuelo del verdadero amor, que, como se sabe, no ambiciona nada, nada más que la dicha de ser amado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero poco después, se supo que el futuro padre no quería saber nada con la criatura, ni tampoco con la chica; entonces ella comenzó a sufrir más que nunca y el sufrimiento le otorgaba a su hermosura un no sé qué de exaltación a los ojos de él.1&lt;br /&gt;Se supo que, aunque la chica insistió frente al amante y futuro papá, todo fue en vano. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El muchacho encontró allí su oportunidad, olvidó sus temores, archivó sus escrúpulos y le habló. Le dijo todo:más que todo, que la amaba desde antes, desde siempre, que era cobarde por haber callado y que por eso le pedía perdón. (En el mismo momento de la declaración amorosa concurre una asunción de culpabilidad; semejante coincidencia permite imaginarse lo que vendrá.)&lt;br /&gt;El joven pedía, rogaba que ella se dejara amar, tan sólo eso, pedía ser el padre de la criatura, suplicaba que se le permitiera luchar por la felicidad de ambos. Tal vez con el tiempo ella aprendería a quererlo, o al menos a prestarle atención, o al menos a tomar nota de su existencia; volvió a pedir absolución por su silencio y cobardía. La chica se hizo de rogar un poco más, dudó, vaciló y se propuso meditar el asunto a conciencia... él era muy joven y además la palabra de los hombres tiende a volarse con el viento. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego de examinar la situación otro poco, de convencerse de nuevo acerca del abandono del otro y de derramar algunas lágrimas adicionales que, lo hemos dicho, la tornaban insoportablemente atractiva, otorgó un “sí” vacilante que dejaba escuchar una duda, un “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;vamos a ver cómo te portás”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;No dejó de comunicar fehacientemente que su verdadero amor era el otro, el malvado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De modo que el muchacho era como esos futbolistas promisorios pero aún demasiado jóvenes, que entran al campo de juego siempre y cuando el verdadero titular del puesto se encuentre lucrando en la Selección o en viaje de placer, o sencillamente desganado. Y por más que el joven transpire la camiseta, el campeón indiscutido siempre será el otro, lo saben los aficionados, los periodistas. Todos lo saben, empezando por él. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, él apostaba a ser “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;bueno”&lt;/span&gt;, como hizo siempre, y supo que la chica, ahora su mujer, anhelaba poseer una casa propia. El muchacho vendió lo que poseía (era muy trabajador), pidió y obtuvo créditos; tal vez robó algo con tal de verla feliz. Ella, al fin, pudo tener una casa a su nombre como había soñado; las deudas y las dudas quedaron a nombre del muchacho, quien, para entonces, comenzó a sufrir de eyaculación precoz. Eso lo llevó a la consulta, sobre todo porque le adicionaba un remordimiento nuevo. Ahora todos los malestares de la chica, por cierto abundantes, eran a causa de la incompetencia del joven.&lt;br /&gt;Se curó rápidamente de este síntoma nuevo, pero todo lo demás continuó.&lt;br /&gt;La chica recordaba permanentemente al otro y se lo decía al muchacho, cosa de no engañarlo, de ser muy franca y honesta con él, aspecto que el joven valoraba.&lt;br /&gt;Nació una niña. Él la quiso, o muy “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;sinceramente&lt;/span&gt;” o por ser bueno, no lo sé. El caso es que la esposa no se reponía de su mal de ausencias, y entonces hacían el amor poco o nada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Según el muchacho, podrían ser muy dichosos; no obstante, siempre había un pero. Se hizo evidente para la chica y sus amigas que ella debía pedir ayuda psicológica: se angustiaba por casi nada, se hallaba triste y desmejorada físicamente.&lt;br /&gt;Comenzó el tratamiento psicológico. Había que tener mucha paciencia con esas cosas que son de resultados lentos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Seguían haciendo el amor poco o nada.Y mientras tanto la esposa se daba cuenta de que una casa proporciona exceso de trabajo a la dueña, lo que hacía razonable aumentar el personal doméstico. Ulteriormente fue menester dividir al personal de servicio y que una parte del mismo se dedicara con exclusividad a la niña que iba creciendo, porque es sabido que el personal común no está capacitado para afrontar el cuidado de una tierna criatura.&lt;br /&gt;El muchacho trabajaba unas dieciocho horas por día, cosa que no facilitaba hacer el amor. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego fue necesario aumentar el número de sesiones de asistencia psicológica de la esposa, ya que una eminente profesional dictaminó los más profundos traumas y vivencias de desamparo, traumas que el joven abonaba con las correspondientes costas e intereses punitorios.&lt;br /&gt;Estaba claro que, si él era como pretendía serlo, debía comprender que en esas condiciones no era posible hacer el amor: resultaba egoísta e indecente, mucho más cuando ella comenzó a sentir temor de que alguien codiciara a su hermosa niña y quisiera robarla. Hubo que establecer una vigilancia constante; y como él la amaba de verdad y comprendía que los tratamientos psicológicos son largos, entendía y aguantaba. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Más tarde, la esposa evaluó que una casa, aun contando con suficiente personal de servicio, produce demasiado esfuerzo y dolores de cabeza: es sucia, insegura y tienta a los ladrones de niños. Fue imprescindible mudarse a un departamento. Hubo que sacar algunos créditos adicionales, pero la chica siempre soñó con algo así, y quizás podría ser feliz y hacer el amor de vez en cuando. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero el hombre propone y Dios dispone. Sucedió que el marido de la hermana de la chica quedó desempleado. Esto le agregaría a ella nuevas fuentes de angustia y dolor que la tornaban aun más hermosa. Y entonces él, no se sabe cómo, obtuvo algún dinero extra, con el que montó un negocio más bien artificial a efectos de que el querido cuñado tuviera en qué ocupar su tiempo.&lt;br /&gt;De ese modo estarían dadas las condiciones para que ella consintiera en hacer el amor y fueran felices; pero ella no olvidaba al otro que la abandonó y tampoco olvidaba la sinceridad de comunicarlo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El análisis se interrumpió porque el muchacho decidió que le llevaba un dinero y tiempo imprescindibles para dedicar a su amada. Presumo que en el momento de escribir estas líneas (han pasado más de quince años) ya serán felices.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 La hermosura que se exalta con el sufrimiento anuncia un sadismo velado por formación reactiva. Esto explica muchas cosas de las entregas totales y sin condiciones que figuran en este libro y en la vida real. Observamos que la existencia entera del “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;muchacho&lt;/span&gt;” y de muchos otros termina por centrarse en el padecimiento de ella como si eso mismo alimentara el fuego de la pasión. Quizás la chica ha intuido algo de eso y en consecuencia, si desea retenerlo, sufrirá un poco más. Alimentará en él una destructividad tanto más violenta cuanto que es frenéticamente denegada y adopta todos los disfraces de generosidad. No obstante, la mentada destructividad no deja de acrecentar la culpa del muchacho y, por lo tanto, la necesidad de más sacrificios expiatorios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-2087671531406970767?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/2087671531406970767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=2087671531406970767' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2087671531406970767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2087671531406970767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/el-muchacho.html' title='El Muchacho'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-3691248524864788322</id><published>2008-09-15T12:49:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T09:59:35.349-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 02'/><title type='text'>El Cuida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es un tipo muy conocido y apreciado, un buen muchacho, honrado, tímido, trabajador y servicial.&lt;br /&gt;Abunda en la sociedad porteña. Este personaje sólo requiere una descripción breve pero necesaria. “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Breve&lt;/span&gt;”, porque todo el mundo sabe cómo es él; “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;necesaria&lt;/span&gt;”, porque tendemos a olvidar su existencia en la medida misma de su excelente adaptación a toda clase de normas y valores elevados. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como es el efecto de un engarce fantasmático muy consolidado respecto de su madre, nosotros podemos afirmar que su presencia en cualquier tipo de sociedad “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;civilizada&lt;/span&gt;” es casi natural como el aire y el agua.&lt;br /&gt;Si lo vemos en la adolescencia, es el pibe que acompaña a las chicas sólo hasta la puerta, las escucha, las comprende y les aconseja cómo reconciliarse con el novio de turno. Siempre atento al terrible sufrimiento y dolores difusos que ellas padecen a causa de algún (otro) joven canalla o futuro malvado. Es el pibe que siempre está. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Siempre atento, diciendo que sí con la cabeza, claro, qué barbaridad, pobre chica; el buen amigo, bueno en las buenas y en las malas.&lt;br /&gt;Las damas pueden contar con ellos a cualquier hora del día o de la noche.&lt;br /&gt;Eso sí..., para conversar.&lt;br /&gt;Un llamado telefónico y ya lo tenemos buscando un taxi y presto al socorro, a amanecer escuchando aventuras amorosas abundantes, variadas y en general desdichadas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Fulano que podría ser el hombre de mi vida pero que ama a otra, qué desgracia la mía. Zutano que es un canalla, pero qué voy a hacer si lo amo, etc., etc.&lt;br /&gt;Él cuida, comprende todo. Las chicas pueden hablar con él mejor que con la mejor amiga. Hasta las buenas amigas la envidian a una de vez en cuando: “el cuida” es una especie de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;otra-yo&lt;/span&gt;” sin sombra de mala intención...,“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;como yo&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Pueden emplearlo como chofer ad honorem o para cualquier tarea cuya retribución sea el honor o un esbozo, una pizca de honor. Ellos irán prestos a resolver cualquier cosa que se les indique, o mejor dicho, que una dama solicite.&lt;br /&gt;Reconocemos que el cuida expresa de cierto modo los ideales de justicia, igualdad y solidaridad que todo el mundo dice asumir. Y sobre todo, está convencido de que las diferencias entre las personas son cosas lamentables; por ejemplo, la desigualdad sexual. Es algo que trae problemas a todo el mundo, sobre todo a sus amigas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No es que el cuida piense que las mujeres son exactamente iguales a los hombres sino que...“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Deberían serlo”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;A los efectos de testimoniar que hay al menos un hombre bueno que no irá a sacar tajada de la diferencia sexual, está él,“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el cuida&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Si es que logra dominar su timidez, lo que raramente sucede, puede convertirse en un franco defensor público de los derechos femeninos. En su aventura edípica ha sido testigo horrorizado de la insatisfacción de su mamá, desgracia cuya responsabilidad se achaca a ese mono indecente, el padre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La mentada aventura lo ha sensibilizado; su olfato inteligente y agudo detecta desde muy lejos a las damas dolientes a quienes ofrecer el bálsamo de su gran corazón.&lt;br /&gt;Algún atorrante puede decirle “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pollerudo&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Pero ¿acaso “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el cuida&lt;/span&gt;” no las desea?&lt;br /&gt;Hablando con ellos, uno se lleva la impresión de que son exquisitamente felices de darles a las chicas esa imagen de tipo noble, de tipo que, aunque no ignora la diferencia sexual, está muy dispuesto a disimularla.&lt;br /&gt;Sienten que es su deber dar esa imagen, porque de lo contrario las pobres chicas ya no hallarán consuelo; es una unión lograda entre el deber y el placer.&lt;br /&gt;Esa figura no es otra que la del lindo nene de mamá, su único consuelo eficaz ante el dolor de vivir. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y proporcionar esa imagen le permite a él, a su turno, la reedición de ese espacio cerrado, esférico, locamente placentero que vivió con su mamá; espacio cerrado sobre todo al indecente mono. El cual, por su parte, como no sabía muy bien qué hacer con las protestas interminables de la señora, decidió en su momento dejarle ese trabajo al nene. No es claro si es que decidió eso de una vez y para siempre, o si después de larga experiencia acabó convencido de que era una solución muy viable para todos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero, una vez más, “el cuida”, ¿no las codicia sexualmente?&lt;br /&gt;En las ocasiones en que él logra atravesar ese espacio del “divino placer”, la respuesta a nuestro interrogante sería afirmativa. Pero él se encontrará con dos problemas de difícil solución.&lt;br /&gt;El primero consiste en dar una señal de ese apetito; el segundo problema es la eventualidad de encontrar un eco positivo a su señal. Examinemos ambos problemas al mismo tiempo, porque están enlazados. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si él envía alguna señal explícita, siente que peligra su imagen; tantos años de trabajo acumulado en esa estatua podrían revelarse falsos en un abrir y cerrar de ojos.&lt;br /&gt;Quizás la única manera de mantener la imagen dando lugar a un deseo genital sería que tal deseo se presentara con la misma “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;naturalidad&lt;/span&gt;” que el agua de vertiente o el amanecer, o las flores de primavera; sin forzamiento alguno, como obedeciendo a un orden superior al cual cada uno de los elementos se somete, pero para su propia felicidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es un “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;orden&lt;/span&gt;” donde la sexualidad y la muerte quedan integradas a la dicha general, a la sucesión interminable de las generaciones, etc., etc.&lt;br /&gt;Éste es uno de los sueños que los tornan tan compatibles con esas damas (que por cierto no escasean) que viven soñando con el deseo que nacerá exclusivamente del amor, del amor puro, supuestamente maternal.&lt;br /&gt;La ubicación que entonces suelen preferir es permanecer en la fila mientras la dama está con otros; su turno le llegará “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;naturalmente&lt;/span&gt;”, por decantación; él no irá a proceder como el mono...¿somos o no seres humanos? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No es que él desconozca del todo que mientras tanto la chica se provee satisfacciones (¡e insatisfacciones!) más bien abundantes; no es posible cerrar los ojos ante tanta evidencia. Pero en este punto su alquimia mental pronto le da muchas “razones”; no es que ella quiera que eso suceda, sino que busca un hombre bueno pero no lo encuentra todavía. ¿Cómo hacerle saber que está ahí, a su lado?&lt;br /&gt;Habrá que esperar, no forzar nada.&lt;br /&gt;¡Esperar!&lt;br /&gt;No hay delicia mayor para un neurótico obsesivo.&lt;br /&gt;Recordemos el análisis que condujo Freud acerca del paciente conocido desde entonces como “el hombre de las ratas”.&lt;br /&gt;Este hombre hacía diez años que esperaba que la dama de su pensamiento le diera el sí. ¡Diez años!&lt;br /&gt;Por alguna razón misteriosa, la cual confesamos no conocer, todo el mundo está segurísimo de que, cuando un caballero permanece durante mucho tiempo demandando a una dama, mientras ella prefiere ignorarlo, o incluso despreciarlo, es que la ama de verdad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero lo que para él está siempre en un horizonte de angustia, repleto de oscuros presagios, es que ella lo esté deseando, digamos “como objeto sexual”.&lt;br /&gt;Allí es donde se le aparecen las diversas figuras de la impotencia, ya sea del “órgano” o de no estar a la altura, o de que haya debajo de la pollera algo así como un deseo ilimitado y terrorífico, el rostro oculto de la demanda maternal; como quien dice, la otra cara de la luna. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El neurótico obsesivo puede proporcionar al interlocutor una figura bastante ingenua, rutinaria, opaca. Pero sus síntomas e inhibiciones tienen una inteligencia a veces exquisita.No es raro que “el cuida” se queje protestando por su poco éxito laboral, mucho esfuerzo pero poca cosecha, o que, justo cuando determinado proyecto se va a concretar, justo allí fracasa o se posterga.&lt;br /&gt;O que lo olvidan o no es reconocido en su verdadero valor.&lt;br /&gt;Falta de penetración al fin.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-3691248524864788322?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/3691248524864788322/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=3691248524864788322' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3691248524864788322'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3691248524864788322'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/el-cuida.html' title='El Cuida'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-8267770159046609767</id><published>2008-09-15T11:33:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T09:02:08.965-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Capítulo Nº 01'/><title type='text'>De la maldad, la boludez y otras cuestiones</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Al paso en que este libro iba tomando forma, los autores nos encontramos con que era irónico y hasta cruel con algunos de los personajes retratados en él. La pregunta surgió automática: ¿seremos “&lt;em&gt;malos constitucionales&lt;/em&gt;”? Viejos lobos de mar, veteranos de más de un diván cada uno, logramos que el interrogante no se transformara en una pelea matrimonial. Para ello tuvimos que dejarnos trabajar por el interrogante sobre la relación que podía tener dicha tonalidad con la sexualidad masculina. Objeto que, según los indicios a nuestra disposición, también nos afecta. Logramos así, en esta circunstancia, que la atribución de culpas no obstaculizara el trabajo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Más, que no estábamos dispuestos a renunciar a la tonalidad humorística con la que escribimos sobre los dramas. Decisión fundamentada en lo que la experiencia de nuestros propios análisis y de los que conducimos nos ha mostrado. Ahí observamos que la mayoría de los enrosques (y a veces también los enroques) que las parejas viven trágicamente tienen argumentos de comedia de enredos. En los que se espera del otro lo que el otro no puede dar. Ahora, ¿no es ese uno de los destinos posibles de los afectados por el aforismo lacaniano que dice que “&lt;em&gt;el amor es dar lo que no se tiene a aquel que no lo es&lt;/em&gt;”? O sea que no es lo que el primero no tiene. La tragicomedia es el destino seguro de quienes quedan enredados en la vertiente imaginaria, de sentido, ilusionados con que el otro le va a dar lo que le falta. Para ser lógicos con el objeto en cuestión, decidimos mantener la tinción humorística para el libro. Pero ¿se puede ser humorístico con lo que los actores viven trágicamente, sin parecer irónicos y hasta crueles? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta vuelta nos envía a una pregunta más básica: ¿puede la risa no ser cruel? En la comicidad se ríe de la abrupta descomposición de la imagen: es una risa sádica, pues se ríe de lo que en el otro, cuando menos, avergüenza. En el chiste, se ríe del tercero perjudicado, que a veces puede ser hasta el mismo relator (como tal vez ocurre en algunas de las narraciones de este libro), lo que no evita la crueldad, sino que la vuelve contra sí —precio que paga, lo sabemos, quien desea ser objeto del deseo del otro—. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cambio, no pinta cruel la sonrisa de la Gioconda. Tal vez por eso no llegó a ser risa. Claro que debemos insistir: estamos hablando de la risa y no de ese gesto habitante de la paz que puede ser la sonrisa. Ella suele resultar del amor curtido, veterano de cien heridas, sin ilusiones, pero habitado por la ternura del re-signado a la carencia en el Otro. Ésta es la vertiente simbólica del anteriormente referido aforismo lacaniano, ya que lo creativo del símbolo es su vertiente de sin sentido, que es la que se presta a la contingencia combinatoria, generadora de nuevos sentidos. Ahora bien, esa vertiente se soporta en una satisfacción real, la más real, la del goce carnal. Pero... pensándolo mejor, esa ternura, ¿no tiene también algo de cruel, al no poder ver al Otro sin su carencia?&lt;br /&gt;—Él la encuentra una vez más ingenua —en verdad, un tanto tonta—, y se enternece. Se podría decir que la ama un poco más aún, si es que eso fuera posible. Ella lo ve, por enésima ocasión, esforzándose más allá de lo que puede en una epopeya ridícula. Es un gesto que le está dirigido y que la hace sonreír entre enternecida y burlona. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿No hay cierta dosis de crueldad en renunciar a ilusionarse sobre el otro, en no cerrar los ojos ante el otro sin vestiduras? Y si no es así, ¿por qué el otro nos oculta su desnudez, hasta que la creatividad repetitiva del goce pulsional, con el premio real e indescriptible de sus sensaciones, transforma al impacto de lo que al Otro le falta en el reaseguro de ser deseado justamente en ese lugar. Así la escena se torna deseable una y otra vez, más allá de las imágenes acosadas por las impertinencias del paso del tiempo. Por esto Lacan decía que se coge,1 justamente porque no hay relación sexual. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y siguiendo con nuestro tema de la crueldad, ¿qué de la sonrisa beatífica, la del santo? Para tomar un ejemplo contemporáneo, la del Santo Padre, abriendo sus brazos desde los balcones del Vaticano y mirando a todos con sonrisa de bueno. Además de que no alcanza el estado de risa —como la sonrisa de la Gioconda—, ¿no parece que ante tanto sufrimiento entre sus feligreses y “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ainda mais&lt;/span&gt;”, estuviera diciendo: “&lt;em&gt;Dios mío, míralos ahí, ¡qué boludos!, ¿qué esperarán de mí?&lt;/em&gt;”. O sea, que en su sonrisa no deja de haber cierta dosis de crueldad, la misma que en la del soberbio, que hace a su objeto sentirse despreciado. Recién ahora caemos en la cuenta de que tenía razón el monje Jorge, el de El nombre de la rosa, 2 en proteger celosamente el secreto sobre la risa de Cristo.Ya que no puede quedarnos ninguna duda de que, de haber ocurrido tamaña debilidad en el hijo de Dios, sería la prueba de que tuvo por lo menos un momento de crueldad, cualidad que, sabemos, sólo es atribuible al diablo y a los humanos.&lt;br /&gt;Ahora bien, ¿hay algo más cruel, más aplastante, que un recinto sin risas, sea un convento, un cuartel, una escuela, una institución psicoanalítica, una familia, una pareja...? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ergo, de la crueldad no escapamos; en el mejor de los casos, la dejamos desplegarse donde su efecto es menos cruel.&lt;br /&gt;En consecuencia, decidimos presentar este libro en clave de humor. Cada uno de los hechos relatados —ocurridos en clave por lo menos dramática— ya maltrataron bastante a sus protagonistas como para repetir su crueldad sobre los lectores. Nuestra convocatoria a la sonrisa, incluso a la risa, es por lo tanto un acto de bondad cruel, el mejor del que somos capaces en función del objeto sexualidad masculina. Objeto que no es tal, sin situarlo en la imposibilidad de la relación sexual (entre los dos sexos, disculpen la redundancia, caigo en ella para que se entienda mejor), con su consiguiente destino de enredos, malentendidos y malhumores. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero ya lo sabemos: no hay poeta que haya podido demostrar lo contrario (y su escritura es lo único que sabe algo sobre el tema) —la vida es cruel—. Su crueldad fundamental proviene de la inadecuación estructural del objeto que en su versión más extrema se manifiesta por su muerte o, al contrario, porque nunca deja de estar. De ahí que el buen encuentro sea contingente, mientras que lo que insiste es su imposibilidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De ese hecho de estructura proviene una de las series de escenas más típicas en las parejas y que podríamos denominar el comercio de la culpa. Sus guiones son muy sencillos y fácilmente reconocibles. Escribiremos los dos básicos, con posibles variantes.&lt;br /&gt;Primero:&lt;br /&gt;Protagonista 1: Vos tenés la culpa.&lt;br /&gt;Protagonista 2: No, la culpa es tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evidentemente ha ocurrido algún acontecimiento que ha disgustado a la pareja. El disgusto ha llevado a poner en acto el comercio de la culpa con una lógica en la que la ganancia consiste en dejarle al otro lo que da pérdidas. Una variante común es cargarle la culpa a alguno o a todos los hijos, o al hijo preferido o protegido del otro. Aunque la más común, hasta el extremo de que podemos darle la función de joker para la vida en pareja, consiste en cargársela a la suegra.&lt;br /&gt;Segundo:&lt;br /&gt;Protagonista 1: Vos tenés la culpa.&lt;br /&gt;Protagonista 2: Sí, tenés razón, la culpa es mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí la diferencia se manifiesta en que uno de los dos se hace cargo de la “&lt;em&gt;culpa&lt;/em&gt;”. Es indiferente cuál sea, en tanto no falte la repetición. Es más, podemos imaginar una tercera serie de escenas en las que los protagonistas se hagan cargo alternativa y “&lt;em&gt;civilizadamente&lt;/em&gt;” de la “&lt;em&gt;culpa&lt;/em&gt;”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La “c&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ulpa&lt;/span&gt;”, ese terrible invento del mono-Teo para encubrir su propia falla. Sirve para todo y no sirve para nada. Y no se piense que proponemos la inocencia del sujeto —¡vade retro, Satanás!—, nada más alejado de nuestras intenciones. Lo único que pasa es que, por lo que el psicoanálisis nos enseñó, sabemos que: 1) el ser habla desde su condenada inconsistencia; 2) que lo hace antes de pensar, y 3) que sólo capta lo que hizo o dijo por retrosignificación. Si a ello articulamos lo recordado anteriormente sobre la radical inadecuación del objeto, que hace &lt;em&gt;tándem&lt;/em&gt; con la incognoscibilidad de lo real al que el sujeto se enfrenta en cada acto —si éste es verdadero— podremos entender por qué concluimos en que la culpa sólo puede ser determinada si encontramos al sujeto decidido a repetir lo que ya experimentó como perjudicial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La repetición del comercio de la culpa hace de sus comerciantes verdaderos culpables, pues dicho comercio inhibe el deseo en juego de cada uno, postergándolo para nunca. Totalmente lo opuesto a reconocer en el acontecimiento molesto, responsabilidad, razón y causa, para proceder al acto rectificador que la situación exija. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por esta vía, sorpresivamente, podemos encontrarnos con la metapsicología de la maldad (no de la crueldad, para la cual creemos haber demostrado otro estatuto) y de la boludez.&lt;br /&gt;Es culpable de maldad aquel que, habiéndose encontrado con un acto propio malo para el otro, decide repetirlo en pro de su propio goce. Boludo es aquel que cada vez que se encuentra con lo que falla se hace cargo de la culpa por temor a perder al otro o, lo que es lo mismo, a no dejar de ser su objeto (¿masoquismo moral, que le llaman?). Como vemos, boludez, como alguna vez dijo Lacan, puede ser otro nombre de la neurosis, equivalente al de tontería con el que la había bautizado el pequeño Hans.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;NOTAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;1 Argentinismo para denominar al acto sexual.&lt;br /&gt;2 La novela de Umberto Eco.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-8267770159046609767?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/8267770159046609767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=8267770159046609767' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/8267770159046609767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/8267770159046609767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/de-la-maldad-la-boludez-y-otras.html' title='De la maldad, la boludez y otras cuestiones'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-2304479596709157958</id><published>2008-09-15T11:22:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T08:53:42.664-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Prólogo'/><title type='text'>PRÓLOGO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por sugerencia de Sergio Rodríguez comenzamos a intercambiar ideas a propósito de esos pacientes varones que hemos entrevistado o tomado en análisis, donde el modo de encarar la vida sexual —y la vida a secas— quedaba determinado, en forma casi exclusiva, como impreso en caracteres gruesos e indelebles, por una fijación a la madre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De este modo, fueron surgiendo en nosotros recuerdos de situaciones clínicas, en las que, a través de superficies en apariencia muy diversas, esos caracteres siempre se ponían de relieve, se exaltaban a veces de manera patética, otras de manera cómica y en ocasiones con aspecto casi escandaloso, tanto cuando se hallaban escritos, y en función a espaldas de la intencionalidad declarada por el sujeto, como cuando eran asumidos con aceptación o entrega incondicional, incluso defendidos con una ingenuidad que rozaba lo angelical, protegidos como el núcleo del ser y de lo verdadero. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A medida que íbamos anotando nuestros recuerdos (y “nuestros” ha de leerse en sentido amplio), se fue plasmando la idea de un libro.&lt;br /&gt;Cada uno iba escribiendo episodios o capítulos y los sometía a la crítica y discusión del otro. Esto explica en parte las diferencias de estilo en los planteos y en las opiniones que se emitieron. No obstante, parece que en la primera edición se logró una composición aceptable; en efecto, aunque en dicha edición los artículos no estaban firmados, muchos lectores que conocen a ambos llegaron a confundirse en cuanto a la persona del autor de algún artículo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras revisábamos lo elaborado se fue haciendo más evidente que esos hombres, a quienes la lengua porteña suele apodar “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pollerudos&lt;/span&gt;”, no hacen más que subrayar y colorear trazos que se hallan por doquier en los destinos de la sexualidad masculina, aunque a veces muy disimulados, desplazados, metaforizados. Así, lo sagrado, lo intocable y virginal custodiado por rituales y orlado de tabús, eso que provoca todo tipo de temores reverenciales porque lo infiltra y acecha la bajeza, fantasías de prostitución, escándalo; Freud aludía a su origen común en lo inconsciente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así también los denodados esfuerzos reparatorios del sujeto en cuanto halla una dama a la que supone no-indemne, los trabajos que toma para indemnizarla, indemne-izarla una vez y otra, hallando en esos empeños el sentido de su vida.&lt;br /&gt;También el héroe de novelas o el pequeño héroe galante de todos los días, el de las desposeídas en general, ese que ve en el molino de viento la ocasión de velar las armas y aprontarse a un combate glorioso que la amada leerá como un poema que se le ofrenda, lo leerá con ojos un poco húmedos y corazón al fin reparado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por las comunicaciones recibidas, algunos se sintieron a veces reconocidos en alguna página; en otras ocasiones, reflejados, y cada tanto, heridos en el amor propio.&lt;br /&gt;El humorista Rudy, a quien solicitamos la amabilidad de presentar la primera edición, exclamó, luego de la lectura: “¿Estos tipos... de dónde me conocen?”.&lt;br /&gt;Otras veces, el impacto en la subjetividad llegó por vía de llamados telefónicos, no siempre elogiosos. No faltó algún llamado anónimo de intención mordaz y ligeramente agresiva, quizás porque algún valor usualmente sacralizado fue objeto de cierta ironía o porque no es del todo seguro que lo que “s&lt;span style="font-style: italic;"&gt;iempre fue así, sin dudas&lt;/span&gt;” no revele tarde o temprano un fondo resbaladizo o sumamente problemático. Ésta es una de las verdades del análisis y de las reservas y resistencias que engendra.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-2304479596709157958?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/2304479596709157958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=2304479596709157958' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2304479596709157958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/2304479596709157958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/prlogo.html' title='PRÓLOGO'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4415632655101950044.post-3133604112773093161</id><published>2008-09-15T08:57:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T08:48:17.473-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Indice'/><title type='text'>INDICE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;PRÓLOGO &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;1. De la maldad, la boludez y otras cuestiones, por Sergio Rodríguez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;2. El cuida, por Ricardo Estacolchic&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;3. El muchacho, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;4. Súperman, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;5. Los pollerudos, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;6. Regalo del cielo, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;7. Joven papá, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;8. Nunca me comprendiste, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;9. Cacho, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;10. El señor Buendía, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;11. Sin anestesia, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;12. De un paganini que se quedó con un vuelto, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;13. De cuando creer que el sorete es un falo hace mierda al sujeto, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;14. Pobre mi madre querida, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;15. Papá y mamá, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;16. Falo, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;17. Entre las mujeres —madres, novias, esposas, amantes o prostitutas—: el dinero, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;18. Deseo y fantasma, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;19. Argumentos de la vida erótica, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;20. De quien regaló un empate para re-encontrar un padre, por Sergio Rodríguez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;21. Belle de jour: traba/ja/Dora sexual, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;22. Especialista de señoras, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;23. De un cantor de iglesias bajo la mortaja de la madre, por Sergio Rodríguez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;24. Malevaje, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;25. De un(a) gallo que le corta el wayne a un bobi (o de la decadencia del pene y la erección de la TV), por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;26.Vi($)agra para un falo orto-pédico, por Sergio Rodríguez &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;27. Género y función paterna, por Ricardo Estacolchic &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;28. Del traje y el vestido al unisex, por Sergio Rodríguez&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;EPILOGANDO. La sexualidad masculina ¿tiene patrón? o... ¿patrona?, por Sergio Rodríguez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POSFACIO. Un género que crea lectores, por Cristina Corea &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4415632655101950044-3133604112773093161?l=pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/feeds/3133604112773093161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4415632655101950044&amp;postID=3133604112773093161' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3133604112773093161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4415632655101950044/posts/default/3133604112773093161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pollerudos-edicionvirtual.blogspot.com/2008/09/indice.html' title='INDICE'/><author><name>Libro en Edición Virtual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08051355973732075204</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://1.bp.blogspot.com/_9gbTApoSA4M/SPUKmp_PylI/AAAAAAAAAD4/0LNH94hvU-Q/S220/foto+pollerudos.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
